Colección de Cuentos
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EDUARDO AMMATUNA

FUERA DE PROTOCOLO

              בחוץ של פרוטוקול

 

El ánimo de esta novela-historia responde a la idea de presentar (sin dejar de lado parte de la historia que hace a un mayor y mejor conocimiento del pueblo israelí), los pensamientos, los conceptos y las opiniones de una generación de becarios de postgrado de mediados de la década del setenta sobre Israel, su creación como Estado, y los conflictos en los que estaba sumido (discernimientos que ni en mínimo grado pudieron ser oídos por los anfitriones en las aulas), con la intención de facilitar a quienes interese, la interpretación de los pareceres de la época por medio de un análisis retrospectivo.

 

© Eduardo Ammatuna

e-mail: edualjavpy@hotmail.com

www.italiaparatodos.com

Impresión Gráfica Iniciativa

Alberdi 929

Tel: 595-021-496188

Diseño de tapa: José María Benítez

Agosto 2009

 

Derechos Reservados

Exp. Nº: 3.537 – 17/08/2009

I.S.B.N. (en trámite)

 

 

      Dedicado:

                                  

                             A LOS PUEBLOS QUE SUFREN        

 

PARA CONVIVIR  DEBEMOS COMPRENDER:

* QUE TODOS LOS PUEBLOS, POR SU NATURALEZA HUMANA, TIENEN SIMILARES DEFECTOS  Y VIRTUDES.

*   QUE EL GENOCIDIO ESTÁ MÁS ALLÁ DEL DEFECTO.

 

AGRADECIMIENTOS      

Mi sincera gratitud al Doctor Miguel González Erico, a la Abogada María Lidia y a los universitarios Adriana María y Eduardo Alejandro. 

           

 

1

 

 

Escasamente hace, quizás, hora y media que me dieron la impecable toallita tibia para asearme las manos antes de cenar, y ya están de vuelta sirviendo el desayuno; le dije dos o tres veces a mi mente o quizás a mi alma; ciertamente con alguien debía estar hablando, porque durante toda mi vida, ni mis pulmones, ni mi hígado me dirigieron palabra alguna, sólo me ignoraron u ocasionalmente me brindaron alguna queja.

Sin preocuparme en demasía, acepté todo lo que me sirvieron; liquidado el menú, extraje del bolsillo del saco el “antifaz”, me lo coloqué sobre mis enrojecidos ojos para evitar que la luz de la ventanilla del frente los lastimaran aún más y me dejé llevar por la somnolencia. Ni siquiera me di cuenta, que todo lo sucedido ocurría porque viajaba hacia el naciente... ¿cómo iba a saberlo, si era mi primer viaje transoceánico?

Levanté un tanto el lado que cubría el ojo izquierdo y eché una ojeada, como nadie se movía, me reacomodé en la “poltrona” e intenté continuar mi hibernada.

-¡Qué mierda! ¡Mira como tengo el pantalón  manchado! –escuché que murmuraba algún pasajero.

-¿Cómo te lo hiciste?-respondió otra voz.

-No lo sé, y tampoco sé que haré para solucionarlo.

-Aprieta la mancha con las servilletas que guardaste.

-No dejé ninguna.

-Entonces como decía el gaucho aquel: “decite para tus adentros, no es para tanto y aguantá”.

            -¡Sí! ¡Las pelotas del Califa!

            Sonreí por la desgracia ajena, o más bien por la ignorancia ajena. “Ahora me doy cuenta que no estoy tan solo como creía; también hay otro con muy poco recorrido en éste vuelo”. Después me enteré que el de las pelotas del Califa, había tomado de la bandeja el cubito que acompañaba al pan, y creyendo que era un cubito de caldo se lo guardó en el “bolsillo relojero” del pantalón; cuando vio la gran mancha se dio por enterado de que el bien empaquetado cubito, era nada más y nada menos que manteca de primera calidad, que se derretía con el calor del cuerpo.

            Horas después, el dolor agudo que me producía los retortijones de mis tripas, y el parlante que repetía: “en veinte minutos aterrizaremos en el aeropuerto de Lisboa; por favor apaguen los cigarrillos, ajústense los cinturones…”, me terminaron de despertar. Quedé tenso, nervioso y sudando por todos los poros hasta escuchar a la azafata decir: “los pasajeros en tránsito pueden quedarse en el avión”; sabía muy bien que las tripas me torturarían horas antes de dejarme ir al sanitario, permitirme descargar y dejarme libre de dolor hasta el día siguiente. El mal lo había adquirido, dos años antes, cuando residía en una provincia argentina en donde no había agua corriente, y las lluvias constantes inundaban los pozos ciegos facilitando la contaminación de la napa freática, y por consiguiente los pozos artesianos. Estuve intensamente pálido y rígido como una momia, tratando de disimular, no se hasta hoy ante quién, mi malestar; días después razonando sobre lo acontecido, me di cuenta de la estupidez mental mía.

El DC10 decoló sin problemas y aterrizó suavemente sobre la pista del aeropuerto de Orly. La hora y pico que tardamos, entre la espera del bus de la compañía y llegar al hotel cercano al aeropuerto Charles de Gaulle, pareció tiempo de fiesta para mis intestinos que no se cansaban de bailar la danza del vientre, y yo de preguntarme: ¿si me atropellan las ganas, qué hago?; al fin después que dejé mis maletas en la habitación, decidieron permitirme ir al baño. Aliviado y habiendo recuperado el coraje, bajé al vestíbulo del hotel, camino al comedor, con la intención de tomar alguna comida caliente.

            -Señor, el salón comedor queda al otro lado –me dijo el conserje en agradable castellano.

            -Merci monsieur –tenté una frase en francés.

            Me senté en un rincón un poco alejado de un grupo de alborotados ingleses y me dispuse a estudiar el mapa de París que tenía en mano.

            -Señor, ¿qué se sirve? –creí entender que me dijo con voz suavemente atrayente la joven camarera. Allí terminó mi francés; y mi calvario comenzó cuando quise pedirle que me trajera un huevo con el caldo. No hubo caso de pronunciar bien “ouef”, y menos de que comprendiera lo que intentaba decir; cuanto más trataba, más se confundía mi “ouef” con “eau”. Traté de hacerme entender en inglés, pero cuanto más lo hacía, la joven menos paciencia demostraba; al parecer a los franceses no es que les guste mucho el inglés, sea éste idioma o gente. Por fin levanté la cabeza y me encontré con un gran cartel que contenía parte del menú rápido ofrecido.

            -Quiero aquél –señalé con el dedo.

            -Très bien monsieur.                 

Satisfecho, aunque la cena sabrosísima por cierto, era más una obra de arte que un abundante plato de comida, decidí salir a la acera para apreciar el cielo de París, aunque la ciudad luz estuviera a algunos kilómetros de donde yo estaba. Me senté en una murallita abarrotada de plantas en flor y dirigí inconcientemente la vista hacia el aeropuerto resplandeciente de luces de diferente intensidad; en pleno disfrute de la oportunidad que la vida me estaba brindando, escuché una voz apenas audible, presté la doble atención de todo curioso, y oí que alguien decía:

-Tengo un hambre atroz, y ésta aerolínea de porquería solo paga la estadía.

-Si todavía no se descompuso, podemos comer lo que traje.

-¿¡Qué trajiste!?

-¡Varios escalopes!

-¡Milanesas, querrás decir!

Éstos sí deben ser de los míos, pensé; a otros no se les hubiera ocurrido llevar avío a otro continente en avión. Me equivoqué, el de las milanesas era un doctor en veterinaria oriundo de la Provincia de Corrientes, que junto con su amigo iba rumbo a Bélgica para asistir a un simposio.

 

En Roma, según las indicaciones, me presenté cuatro horas antes de la partida de la aeronave. El control fue realmente rígido; abrieron todas y cada una de las valijas, bolsos, maletas y maletines, y revisaron concienzudamente todo el contenido guardado en ellos. La señora que estaba delante de mi, la pasó muy mal cuando le abrieron la caja de bombones, le quitaron el envoltorio y los pincharon con una aguja uno a uno, varias veces. Con los bombones no hubo arreglo, pero con las vestimentas sí; así como las “sacudieron” las dejaron bien puestas en las respectivas maletas. Luego del ajetreo de la inspección, subimos al 747, y momentos antes de cerrarse la puerta, entraron tres personas de civil que bajaron a dos pasajeros. ¿Qué pasó? Nunca lo sabré, pero aunque jamás había visto algo similar, tampoco me extrañó; el avión pertenecía a la compañía israelita de El Al, y si bien no era la época de estrellar aviones, sí era la de secuestrarlos y hacerlos “volar”. Quizás fue el tiempo más peligroso para la generalidad de las nacionalidades; los pasajeros éramos ciudadanos de todas partes.

El vuelo no tardó tanto como suponía, aproximadamente en unas dos horas estuvimos en el aeropuerto internacional Ben Gurion. La aeronave detuvo la marcha a unos cincuenta metros del edificio principal, paró los motores y tras las informaciones de rigor, empezamos a descender por la altísima escalerilla. El 747 de El Al, estaba rodeado de jóvenes militares vestidos con uniformes de faena, con el infaltable kipá en la testa, y provistos de ametralladoras de mano; los mismos además de prestar protección al lugar, procedían a efectuar una primera inspección a los pasajeros. Sorteada la inspección primaria nos dirigimos, caminando a cielo abierto, hasta las oficinas de migraciones o de aduanas, no recuerdo bien; allí la persona que nos recibió nos reunió a todos, nos dio una cálida y entusiasta bienvenida, y juntos pasamos por un nuevo y más riguroso examen, reconocimiento y registro.

-Amigos, vayamos subiendo al ómnibus que nos llevará a la residencia.

Alborotados como escolares, tomamos los asientos de acuerdo a nuestra preferencia y quedamos listos para partir de inmediato.

Shalom a todos de nuevo! Mi nombre es Marcos, nací aquí en Israel pero mis padres nacieron en México.

En respuesta a sus palabras se escucharon decenas de ¡shalom! en todos los decibeles imaginables.

-¡Gracias, gracias a todos! Bajaré un momento para hacer unas diligencias y regreso junto a ustedes.

El momento se hizo minutos, y los minutos se hicieron hora y media. Al final partimos con Abraham, el segundo de Marcos. El lugar de residencia era un edificio alto, de más de cuatro pisos, de color cementoso, ubicado en la calle Nehardea; era la sede de la Histadrut(h), es decir, la institución representativa de los obreros judíos de todas las profesiones. La Histadrut englobaba a obreros agrícolas, trabajadores de las ciudades, intelectuales, etc., pero también, además de constituir un sindicato tenía compromisos de orden nacional, llámese: seguridad, defensa, cultura, trabajo, colonización, idioma, etc. En resumen, era (es) una organización israelita poderosa de vanguardia, protagonista principalísima, no única, en las luchas por la creación del Estado de Israel.

Para otros, la Histadrut, era una organización política, utilizada, a pesar de su ideología primaria, como brazo operativo del capitalismo israelí, y de la política exterior anti muchas cosas, en especial anti árabe; que desde un principio a través de la formación de colonias agrícolas, de las organizaciones cooperativas, de los sindicatos obreros, de las redes culturales, de la participación en la política, etc., fue la que dio origen a la Hagshamá, unidad dependiente de la Organización Sionista Mundial, comprometida (brindando asistencia educativa, presupuestaria, viajes, etc.) con movimientos y organizaciones juveniles dispuestos a trabajar por los ideales del Movimiento Sionista desde su comunidad, por y para el Pueblo Judío; y a la Haganá, organización paramilitar de defensa durante la época del Mandato Británico de Palestina (1920-1948).

La Haganá, predecesora del ejército de Israel, tuvo como principal figura al doctor en filosofía Isaac Sadeh, reconocido como el padre espiritual de la organización y fundador de la unidad de choque o de elite judía llamada Palmach(j). La Haganá que “trabajaba” bajo coordinación de la Agencia Judía, dirigida por David Ben Gurion, tenía como tarea especial defender los kibutzim, las granjas, alertar sobre posibles ataques y enfrentar con las armas a los atacantes, para lo cual, sus “oficiales” debían agrupar e instruir a los jóvenes de los asentamientos judíos y de las ciudades; pero quizás una de las misiones más importantes y complicadas fue la de comprar armas en el extranjero y desarrollar talleres para la fabricación de equipamiento militar básico, municiones, granadas, etc. (la orden de comprar armas en el continente europeo, partió de David Ben Gurion, y sobrecayó en la figura de un intelectual de origen austriaco llamado Ehud Avriel, el mismo que fue eslabón principal de la emigración clandestina de judíos europeos a Palestina).

 

Todo el grupo se ubicó en el cuarto piso, en habitaciones dobles, austeras, carentes de todo mobiliario superfluo; los baños y las duchas se encontraban al fondo del corredor, totalmente independientes de los dormitorios.

Dejé mi equipaje en el suelo, estudié el ambiente, eché una mirada por la ventana y me senté en la cama con la finalidad de cambiarme los zapatos que llevaba puesto, por otros más cómodos. Estaba feliz de que no tuviera ningún compañero de habitación, ¡todo el dormitorio para mi solo!

-Bajemos a cenar –gritó alguien del grupo.

Casi en tropel nos amontonamos en el corredor y descendimos las escaleras hasta el comedor. El refectorio era una sala muy grande, preparada para recibir y dar de comer a gran número de obreros que normalmente asistían a reuniones, seminarios, etc. Las mesas de madera, eran rústicas, largas y permitían comensales a ambos lados de su superficie.

No recuerdo si alguna persona nos sirvió o simplemente lo hicimos nosotros mismos; el caso fue que cuando aparecieron los platos con la comida, el alegre murmullo fue desapareciendo rápidamente. La cena que teníamos en mente se convirtió en una refacción más que moderada, y muy parecida a las que se ingieren para reparar fuerzas en los días de ayuno; agravada porque no había repetición.

-Casi es una suerte que me pegué un empacho con el “guisado” que me tomé en el avión.

-Suerte la tuya, mala suerte la mía, y peor suerte la de aquel grandote que está justo detrás de ti.

-¿Dónde?

-Tres filas detrás, justo a tu izquierda.

El plato de referencia consistía exactamente en: dos filetes de sardina en lata, un pequeño tomate, de igual medida que los destinados a la industria de pasta y un cuadradito dulce, esponjoso, hecho al parecer de queso. La cena se sirvió a las 18, 12 horas mortales antes del desayuno.

Entre algunos refunfuños y otras señales de enojo y desagrado, dichos en diferentes modismos geográficos, nos fuimos ubicando en nuestros respectivos cuartos. Con inocente ímpetu abrí la puerta y quedé sin más allí clavado.

-Hola, soy Carlos…tu compañero de habitación.

-Hola, soy Ale –contesté sorprendido, no por desagrado hacia Carlos, sino por lo inesperado de su presencia. Carlos era el grandote del comedor; fácilmente sobrepasaba el metro ochenta, tenía un físico enorme, no trabajado, que soportaba el característico vientre abultado de los cuarenta o más bien de los cerveceros; de cara redonda, abundante pelo bien negro y piel un tono más oscuro que el propio de su país. Una persona agradable y muy amigable.

-¿Quieres?

-No, lo dejé hace tiempo.

-¡Ah! –respondió lacónicamente, sin extrañarse, ni demostrar mayor interés porque lo tomó como una decisión personal de cada quién.

-¿Me prestas un momento tu cama para desempacar?

-Desde luego.

Tomó sus maletas, literalmente las tiró sobre la cama, y comenzó a ubicar sus ropas en el armario.

-Dijiste que fumabas una cajetilla por día, y en media hora ya prendiste diez cigarrillos. No me molesta…, solamente te estoy observando, en el buen sentido de la palabra.

-Ya lo sé, Ale. No pienses que soy susceptible.

Con sinceridad puedo afirmar que Carlos no era demasiado delicado en el trato común, y tampoco era una persona fácil de ofenderse o de agraviarse por pequeñeces.

-Oye Carlos, ¿en qué vuelo llegaste que no te he visto en el bus que nos trajo aquí? –pregunté más por seguir la charla que por curiosidad.

-En verdad estoy aquí contra mi deseo –respondió sin enfado alguno en su voz.

-¿Cómo es eso?

-Pedí regresar.

-¿Salud? ¿Algo inesperado?

-¡Calentura!...Para ustedes enojo, pero con mayúscula.

-¿Por?

-¡Chico…, por la porquería de militares del aeropuerto! ¡Me detuvieron en la pista, al pié de la escalerilla del avión!

-¿Por? –volví a preguntar, pero esta vez con viva curiosidad.

-¡Por boludos! ¡Chico, esos fulanos tienen pocas luces, obran como alelados, como si tuvieran el cerebro perturbado! ¡Están escasos de razón! Se les ocurrió que yo tenía una cara de terrorista, o un porte sospechoso, y sin más me detuvieron, no quisieron entender explicaciones, ni tampoco me las facilitaron, no le dieron participación al que nos recibió en nombre del Ministerio de Relaciones, y para colmo se llevaron mi maletín. ¡Hermano, quisieron que me desvista para palparme el ano!

-¿Y?-pregunté a sabiendas que ese proceder era un acto desconocido, impracticable en otras latitudes.

-¿Y qué…?-respondió molesto.

-¿Y qué pasó?

-Se armó gran revuelo entre mi oposición y la agresividad que mostraban algunos; pedí que me embarcaran de nuevo y tampoco accedieron. Estuve como una hora en esa situación; me salvó la aparición de un judío chileno, que por supuesto hablaba castellano, y que por suerte era un oficial superior; desconfiado comprendió mis explicaciones y aceptó darme el trato debido a mi documentación. ¡Ale, yo porto pasaporte diplomático, soy agregado cultural de mi embajada en Londres! ¡No hombre, esto es una “cojudez”…no pienso quedarme! –remató furioso.

Esa noche, Carlos, con sus vueltas y vueltas en la cama no me dejó dormir en forma continua. Tan pronto amaneció Carlos ya estaba sentado al borde de su litera fumando.

-¡Buen día! –dije tentando un buen ánimo.

-¡Hola! –me contestó Carlos.

-¿Qué tanto de bien dormiste?

-¡Enrulado como los rizos de Caifás!

-¿Colgado?

-No, enrollado con la sábana.

-¡Pero dormiste!

-¡Chico…, qué carajo voy a dormir con este colchón más delgado que lengua de lagartija, y con la rejilla de la cama clavándome en la espalda!

Por lo menos se olvidó del calor del clima y de la calentura pasada, pensé para mis adentros.

-¡Hora de comer, hora de comer, hora de comer!-anunciaba un “gritador” golpeando cada puerta cerrada que encontraba a su paso.

-¡Cónchale, el “güevón” está sirviendo la misma comida

que anoche!

-Veo, parece que el “empalomao" ese nos quiere tener bien fregados.

-¡Nos tiene bien fregados! Si seguimos así no aguantaremos ni una semana.

 

Una de las razones por la cual el dichoso filete de sardina volvió a la mesa, fue porque el responsable del comedor era un apegado al dogma religioso, y porque durante ese día no se desarrollaba actividad alguna, era un día sábado; el Shabbat de los judíos, el séptimo día de la semana, que la Torá (junto con los Nevi´im y los Ketuvim es parte del Tanaj o Biblia hebrea) señala que debe ser celebrado con la abstención de cualquier clase de trabajo, una señal de la relación de Dios con el pueblo judío, prescrito entre los diez mandamientos que recibió Moisés.

 

-¿Y ayer, por qué comimos la misma cosa? –insistió con obstinación Percy.

-Porque el Shabbat comienza al ponerse el sol del día viernes –le explicó el chileno.

Híjole! ¿Y hasta cuando dura?

-Hasta hoy, después del anochecer.

-Bien, entonces esta noche saldremos a cenar –me dijo Carlos entusiasmado.

-¡No podrán! –expresó lacónicamente el chileno.

-¿Y tú que sabes? –inquirió Carlos.

-Nada, solo que en el bus, Marcos explicó que no podíamos salir fuera del edificio sin tener las identificaciones del Ministerio; y que yo sepa, todavía no nos la dieron.

 

La respuesta cayó mejor de lo esperado.

 

 

2 

 

 

            Para el día lunes, todos nos conocíamos y por supuesto ya se habían formado los grupos afines naturales, lo que no implicaba, en muchos casos, que compañeros de habitación estuviesen en el mismo grupo. Las clases didácticas y las charlas se daban por la mañana y por la tarde, de domingo a viernes, exceptuando los días programados para las excursiones, todas ellas (las clases) cortadas magistralmente por un “coffee break”. Ambas se desarrollaban con singular regularidad; tanto los profesores, como los invitados a dictar las charlas, eran respetuosos del horario y conocedores del tema a tratar. Las discusiones académicas eran las normales a este tipo de actividad, y las charlas explicativas, sobre las características, peculiaridades, costumbres, etc., de la población y de Israel, se desenvolvían dentro de lo que podríamos llamar protocolares; en su acepción de seguimiento de ciertas reglas auto establecidas de respeto y cordialidad. Ahora bien, las verdaderas discusiones (sobre diferentes incógnitas, conceptos y preconceptos) algunas veces pueriles y otras veces “álgidas”, fruto de la falta de información, del desconocimiento o del desinterés, se producían espontáneamente en los corrillos, en los viajes, en los “cofee break” y en circunstancias varias que aparecían en el transcurrir de los días. Creo que absolutamente todos los asistentes sabíamos, de que aparte de la ayuda educativa que nos brindaba el Estado Israel a través de la Histadrut, como era de esperar, se aprovecharía la oportunidad para exponer los puntos de vista del país anfitrión (propaganda para algunos), lo cual no constituía en sí mismo un acto deshonesto sino lógico por demás.

Al inicio de las actividades nos entregaron las documentaciones, o constancias, de que éramos profesionales invitados por el gobierno para realizar un curso de postgrado; el documento en sí mismo era una cartulina de color celeste con la foto del correspondiente participante y las aclaraciones pertinentes: nombre(s), apellido(s), estado, profesión, edad, sexo, señas principales, nacionalidad, etc., escritas en hebreo y en inglés. También nos proveyeron de vales, equivalentes a tres libras israelíes, para usarlos en la lavandería, cantidad que resultó realmente insuficiente para tal efecto. Asimismo fuimos instruidos sobre la manera en que debíamos manejarnos dentro del edificio que nos albergaba, en nuestro andar por la ciudad y en nuestro relacionamiento con la comunidad. Por último nos advirtieron que cuando escucháramos, el sonar de las sirenas de alarma antiaérea, lo que ocurría varias veces al día, debíamos atender si las mismas sonaban de forma interrumpida o ininterrumpida, porque tenían significados diferentes; una de las formas equivalía a un aviso de entrenamiento y la otra a un amenazador ataque, o a un acto de violencia, o a un inminente peligro para la población.

 

El “cofee break” de la mañana resultaba tan reparador como el de la tarde; café y chocolate calientes acompañados de galletitas semidulces. Tanto el café como el chocolate estaban dispuestos en tachos cilíndricos de varios litros, provistos de cucharones más largos que los de una sopera.

-Ahora un café, y un buen cigarrillo para comenzar de nuevo –dijo Olivares guiñando un ojo-. Acto seguido metió el cucharón, revolvió el café para uniformar el calor y con cuidado puso el líquido en su taza.

Ajh!… ¡Se olvidaron de colar el café!-chilló Olivares.

-¿Quién se olvidó de colar que cosa?

-¡El café, hombre! ¡El café, está lleno de borra!

-¿Dónde está, a ver? –preguntó Laurita, el diminutivo se lo pusieron por lo menuda que era de cuerpo y estatura; otros compañeros la llamaban cariñosamente “la maquinista”, por la sencilla razón de que por donde iba echaba más humo que una locomotora a leña. “La Laura”, como se referían a ella sus colegas argentinas, acostumbrada a fumar los cigarrillos negros Gitanes Sans Filtre francés, que como no los había en Tel Aviv, cuando se le terminaron los paquetes se fumó todas las marcas existentes buscando algo parecido a sus Gitanes con la figura de la bailarina gitana en la cajetilla.

-Venga aquí usted Laurita y véalo con sus propios ojos –dijo Otoniel.

El coordinador, que con deferencia se acercaba a los estudiantes para “echar” con ellos algunas palabras, escuchó el pequeño alboroto y se aproximó al grupo.

-¿Sucede algo raro muchachos?

-Nada serio ni complicado, simplemente que en la cocina se olvidaron de pasar el café por el colador. Está colmado de borra.

-¡No, no es lo que piensan!-expresó sonriente Marcos.

Todos lo miramos expectantes, atentos a su respuesta.

-Lo que están saboreando es…

-¡Ya sé, es café árabe!-le interrumpió Tabares.

-¡No!-afirmó enfáticamente Marcos-. ¡Es café turco! Este café tiene una preparación diferente a la que ustedes están acostumbrados; éste se prepara calentando agua en una jarra de cobre, a la que se le  echa encima el café molido a punto, es decir, cuando el polvo del café tiene una consistencia harinosa, y al final antes de hervir se le agrega un poco de agua fría para que el café molido permanezca en el fondo del recipiente.

-¡Entonces se olvidaron de agregarle el agua fría! –sostuvo Otoniel.

-¡Me late que usted está “alumbrao”! ¡Reconozca hombre, que fue usted el que revolvió todo el líquido con el cucharón ese que tiene en la mano!

Laurita me hizo un gesto para que me agachara y pudiera decirme algo al oído.

-Ale, me da la impresión de que tendríamos que pedirles que nos presten un diccionario de su país; yo francamente casi no los entiendo.

-Más de un diccionario, diría yo, porque ni nosotros ni ellos entienden al venezolano; del que dicen que tiene su propio idioma.

-Resuelto el problema, ¡vámonos al chocolate!

-Chocolate caliente con cigarrillo, y con el calor que hace... ¡jamás, amigo! Mejor me tomo el café con la borra y todo.

A la noche, después de la cena, subí al dormitorio y encontré a Carlos ensimismado en la lectura de un folleto.

-¿Qué lees? –pregunté.

-Cualquier cosa –me respondió vivazmente, y agregó-. Algo que me distraiga, que me haga olvidar del calor; no imagino como al arquitecto no se le ocurrió poner un simple ventilador en las habitaciones.

-No lo sé –respondí ambiguamente.

Carlos siguió por un tiempo más con su lectura, luego giró la cabeza hacia mí y me preguntó:

-¿Cómo era el asunto ese del café?

-¿Lo de la borra?

-¡No! Lo de si era turco o árabe.

-Da igual.

-No, porque si es árabe… ¿cómo es que lo toman aquí?

-Al igual que tomamos té colombiano y no chino.

-A ver, ayúdame a pensar, porque a mi se me perdió la verdad –aclaró Carlos, e inició de nuevo la conversación sin darme tiempo a responderle-. Lo del té no es correcto porque nosotros no lo tenemos como una tradición; en cambio el café con borra, sí lo es. Todos lo toman.

-¿Y entonces, qué…?-respondí levantando los hombros.

-Estuve preguntando y averigüé el nombre de ese tipo de café; se llama “áweh”, y es un nombre árabe.

-Pero…-me interrumpió de nuevo antes de terminar la frase.

-En realidad da igual que sea turco o árabe, pero lo que no me encaja en la cabeza, es el porqué no lo rechazaron habiendo tanto enfado, tanta rabia entre ellos.

-Será porque es turco y no árabe –probé convencerlo para dar por terminada la trasnochada conversación sobre un tema baladí.

-¡No, hermano…no es así! Los turcos también son árabes.

Finalmente, con el correr de la noche, el tema sobre si era o no una costumbre aceptada por el pueblo israelí, terminó centrada en si los turcos eran árabes o no.

Toda la confusión, tenía sus raíces más profundas en los niveles de enseñanza de cada país referidos a los temas del medio oriente, como así también en el  modo folclórico como se tratan las cosas; por ejemplo, el de llamar a todos los árabes, turcos y viceversa.

En ese entonces, aparte de entender que Turquía es un país euroasiático, que se extiende por toda la península de Anatolia y Tracia, que profesa la religión musulmana y que fue parte principal del Imperio Turco Otomano; ¿qué podíamos saber o recordar que dicho Imperio fue un estado multiétnico, que tuvo su continuidad o sucesión en la República de Turquía? ¿Qué entre los siglos XVI y XVII se extendió y controló una gran parte del norte de África, del Sudeste Europeo y del Medio Oriente, y que tuvo gran influencia sobre Arabia por el hecho de ser el cruce de tres continentes del viejo mundo y de tener acceso al mar Mediterráneo y al Océano Indico? ¿Qué la Península Arábiga está conformada por países árabes vecinos e incluso alguno limítrofe con Israel?

A todo lo expresado precedentemente, sin discusión alguna, hay que añadir, que como casi todos llevábamos en las espaldas un bagaje de mucha inestabilidad emocional y de conflictos internos, tanto religiosos como políticos, cualquier punto o cuestión por más intrascendente que fuera, se convertía en tema de discusión; para lo cual muchas veces no estábamos preparados por no disponer, en tiempo de las informaciones necesarias.

En otras palabras, nos encontramos a ciegas frente a una realidad nueva presente.

 

Con el tiempo reconocí que Carlos tenía razón cuando afirmaba que conociendo las tonteras, mejor se entienden los temas trascendentales, y que las minucias o pequeñeces, complementan y completan el juego de las verdades.

 

 

     

 

                                                                                  3

 

 

A la falta de hábito de trabajar los domingos, se sumó el calor y la ausencia de sol; el día no se prestaba para avispar las pulgas. Los cariacontecidos rostros de los muchachos eran un fiel reflejo del poco brío reinante en la clase. La exposición, del doctor Haim, sobre el tipo de gobierno, las instituciones del Estado, su interrelacionamiento, etc., estaba volviéndose cadenciosa, unisonante, pese al entusiasmo del profesor; motivo éste, que ayudaba a mantener el alicaído ánimo existente ese día. Treinta minutos después, la audiencia que mantenía su misma magra onda, pegó un brusco salto acompañado por un aumento de pulsaciones, la causa: dos, para nuestros oídos fortísimos estallidos, seguidos después de otros dos con segundos de diferencia. Todos, sorprendidos e intrigados, cruzamos nuestras miradas buscando una explicación en los ojos de los colegas.

Hey! ¡Hey!-exclamó Haim, levantando el brazo en busca de atención-. ¡No es lo que imaginan! ¡No hay de que preocuparse! Lo que escuchamos, y lo seguirán oyendo durante su estadía aquí, son los estampidos sónicos que producen los aviones de caza al atravesar la barrera del sonido, y que se asemejan a la explosión de una bomba cuando vuelan a baja altura. Deben acostumbrarse a ellos porque estos aviones día y noche sobrevuelan el territorio. ¡No se asusten que todos son “mayores”!

Uhh…, jóvenes, profesor.

-Si les parece bien, quedemos en “jóvenes mayores”.

-¡Esa sí es la verdad, profesor!

-No olviden que esta noche después de la cena vamos para Jaffa. ¡Estén prestos para cuando llegue el bus! ¡Recuerden, estar listos, pero sin salir del hall del edificio!

Entre los “jóvenes mayores”, estábamos los del Sur-norte, y los del “Sur-sur”, como fuimos apodados, en una ocasión en la que intentábamos explicarle a un comerciante judío israelita (que nunca había salido de su país), que si bien existían tímidas “diferencias de forma” entre los que vivían más al norte y los que vivíamos más al sur, todos éramos   sudamericanos. En ese día, los del “Sur-sur” que integrábamos el grupo éramos: Laurita y su compañera de habitación Sofía, Carlos y yo, el chileno Benavides y don Victorino; un viejito uruguayo fabuloso, que nunca nos reveló cómo había hecho para obtener la beca con la edad que tenía.

Los comentarios sobre los jets supersónicos de la aviación se fueron diluyendo de a poco, y fueron tomando cuerpo otros temas que también merecieron atención, pero se llevó la palma el asunto del presupuesto. Haim, había explicado que el monto total de gastos del Estado para ese año, era en números redondos 5 mil millones de dólares, cantidad exorbitante para la época, y superior cinco o seis veces, y más, a las cifras de la mayor parte de nuestros países. La composición de este total estaba conformada por: un aporte de los judíos del mundo (hecho a través de varias instituciones) de un mil quinientos millones de dólares, un préstamo a largo plazo de los EEUU de Norteamérica de dos mil millones de dólares y por dinero propio del Estado de Israel.

-Con ese dinero, nuestros países también se levantan solos –afirmó Tabares.

-Si no se lo comen por el camino –replicó Dieguez.

-Ese no es el punto, además ya es cosa sabida; a lo que quiero llegar es a que éstos judíos no son la maravilla cerebral como nos tienen acostumbrados a creer. Todos podemos ser y hacer maravillas si disponemos de tantos dólares.

-En realidad, si pensamos en la infraestructura de nuestro campo, de nuestras oficinas gubernamentales, de nuestras universidades, de nuestros hospitales, tienes razón –añadió Latorre.

-¡Claro, hombre!...al igual que ellos tenemos también profesionales de primer nivel.

-Pero no en todas las áreas, ni en todos nuestros países –acotó Otoniel.

-Cierto, pero parte de ese dinero da para formar a mucha gente. Imaginen 5 mil millones de dólares para cada uno de los países; especialmente para los chicos de Centro y Sudamérica.

-No andaríamos mendigando por aquí y por allá; estaríamos sí, preparando técnicos en todo el orbe.

-Es que los gringos los prefieren a ellos que a nosotros; los de abajo no les interesamos una mierda.

-No pienses que los judíos son tan importantes para los gringos; estás subestimándolos.

-Carlos tiene razón –intervino Tabares-; basta con recordar que Nixon, jamás quiso, ni puso como director del FBI a Mark Felt, por ser judío. Tampoco promovieron la creación de Israel por compasión a los seis millones que murieron en los campos de concentración, ni a los otros cientos que vagaban por el mundo después de la segunda guerra mundial; al contrario, el Congreso de los EEUU se negó a discutir el aumento de cuotas de inmigración de judíos en ese momento. Norteamérica les ayuda monetariamente porque teme a sus votantes judíos, son muchos votos y mucho dinero. No crean que los judíos de allá son iguales a los de aquí (Israel); los de allá son como el comandante aquel, que en la arenga antes de la batalla les dijo a sus soldados: “¡Hagámonos de coraje, y váyanse a pelear!”. Díganme… ¿que judío de los EEUU, dejaría su estilo de vida por “saborear el trabajo en un Kibbutz”? ¡Nadie chico, ninguno lo hará! ¡Por deporte quizás! ¡Son judíos de papeleta, hombre!

-Otra cosa más –intervino de vuelta Otoniel-, Estados Unidos, así como Gran Bretaña metió sus patas y garras en Palestina después de la primera guerra mundial olfateando la salida del petróleo del Medio Oriente por el Canal de Suez, mete las suyas con las mismas intenciones. ¡Dios salve a los judíos, para cuando ya no sirvan a los intereses de los gringos! Hago el ruego, dejando constancia que no me agradan los judíos porque estos señores también tienen, y hacen muchas cosas negras en nombre de Dios y de la patria. ¡Se parecen en mucho a los nuestros!

-¡Los gringos no vuelan papalotes, hermano! Como allá decimos de nuestra suerte: ¡tan lejos de Dios, y tan cerca de los Estados Unidos!..., pero ojo, que los judíos tampoco maman palomitas. ¡En todo esto, ambos sacan provecho de la situación; hay simbiosis, y de la buena! -opinó a su vez Suárez.

-¡Oiga, pero usted no puede juntarlos a todos en la misma bolsa, los “hijoeputas” que tienen fregaos a todo el mundo son los high born, junto con los obcecados ultra nacionalistas!... A los Juan Pérez Pueblo de todos lados, dejémoslos tranquilos que están tan cagados como todos. 

El bus se hizo presente diez minutos antes de la hora fijada para la salida, y la conversación quedó allí.

Shalom, shalom, señores!, subamos sin prisa para llegar con tiempo.

 

En el instante en que pisé Jaffa, quedé transportado a mis sueños en ningún tiempo olvidados. Los monocromáticos blocks de viviendas en forma de caja y techo plano, propio del estilo Bauhaus, que había visto hasta ese momento, no me indujeron a imaginar lo que encontré en Jaffa. Al igual que a un niño se me representaron en la mente las fantasías que sólo existían en mi imaginación. Quizás para otros, la vieja Jaffa no representaba mucho, pero para mí, lo digo hasta hoy sin sonrojarme, fue como descubrir el escenario (guardando las realidades geográficas), donde vivieron los personajes de mis cuentos favoritos. Las callejuelas iluminadas con fuentes de luz, formadas por un brazo adherido a las murallas que sostenían tulipas blancas globo, opal y satinado, que irradiaban una luz amarillenta que hacía resplandecer las piedras de color beige (perfectamente cortadas y alineadas en forma paralela y perpendicular) con que estaban construidos los muros y el adoquinado de las calles; las callejas, saturadas de escalones, anchos y estrechos, sin aceras, limitadas por altos murallones salpicados por ventanas cuadradas, rectangulares, con arcos apuntados y de medio punto, puertas de una y doble hoja, y de algún atrio o portal de arco en catenaria o en herradura, previo a la puerta principal de entrada a la vivienda, hacían volar las imágenes creadas por mi fantasía. Al término de cada sinuosidad o recodo de las antiguas callejuelas adyacentes, donde los faroles distanciados permitían las penumbras entre la luz y la oscuridad, dónde no se percibía donde empezaba la una y terminaba la otra, se me antojaba que me encontraría con el asesino de Kassim diciéndoles a sus hombres: “Compañeros, no hay tiempo que perder; marchemos muy armados, sin que lo aparentemos, y cuando hayamos entrado en la ciudad, uno tras otro para no infundir sospechas, reunámonos en la plaza, unos por un lado y otros por otro, mientras yo iré a reconocer la casa, para recapacitar el partido que conviene tomar”, o a Alí, el pobre mandadero que vivía en Bagdad en tiempos del califa Harún-Al-Raschid, o al mismísimo Simbad, ordenando el envío a Basora de madera de aloe, sándalo, alcanfor, nuez moscada, pimienta y otras especias, y recibiendo a cambio piedras preciosas, bellas mujeres y toda clase de esclavos.

La realidad volvió cuando llegué a un atractivo local de comidas, y tomé de la repisa un folleto turístico explicativo sobre la vieja Jaffa, en el que decía lo siguiente: “Antiquísima ciudad portuaria situada a orillas del Mediterráneo. Su nombre según algunos historiadores proviene de Jafet, uno de los tres hijos de Noé, que la construyó cuatro décadas después del Diluvio Universal. Desde el puerto de Jaffa, el Rey David y el Rey Salomón embarcaron las maderas de cedro, provenientes de Tiro, para la construcción del Primer Templo. Jaffa, entre otros muchos,  fue invadida por los asirios, los romanos, los turcos y los británicos. El puerto de Jaffa fue un punto importante de entrada para los inmigrantes judíos. A comienzos del novecientos, debido a la superpoblación existente, los judíos adquirieron terrenos en lo que sería más tarde Tel-Aviv, y abandonaron Jaffa. Las revueltas árabes durante el  Mandato Británico provocaron la represalia británica que produjo la destrucción de la infraestructura de la ciudad, y la demolición de las casas pertenecientes a los árabes; como consecuencia de la revuelta los judíos y británicos trasladaron sus intereses a las afueras de Jaffa. En la actualidad es una ciudad turística, bulliciosa, elegante, pintoresca, llena de tiendas, galerías de artistas, restaurantes y cafés, muy visitada por ciudadanos de todo el mundo”.

 

Tres años antes de finalizar el Mandato Británico, la población de Jaffa era de aproximadamente 100.000 habitantes, de los cuales el 54% eran musulmanes, el 30% judíos y el 16% cristianos.

                                               *

 

 

 

 

4

 

 

El nacimiento de la emigración argentina se sitúa hacia el año 1960, y coincide con la interrupción del proceso democrático y con el consecuente empeoramiento socio-económico del país. Este proceso emigratorio tuvo continuidad secuencial en el tiempo en función a las diferentes etapas histórico-políticas. La primera etapa migratoria, correspondiente al periodo 1960-1970, se la conoce como la época de la fuga de cerebros, y se debió a un prolongado periodo de inestabilidad y de conflictos sociales, que interrumpieron los gobiernos de Arturo Frondizi y Arturo Humberto Illia; éste último derrocado por el golpe militar autoritario propiciado por el General Juan Carlos Onganía en 1966. El régimen militar impuesto intervino y violó la autonomía universitaria en muchas ocasiones, provocando las renuncias masivas y partidas al exterior de profesores universitarios, científicos e investigadores argentinos. La segunda etapa ubicada en el periodo 1976-1983, se inició con el golpe de estado militar de marzo de 1976. La dictadura militar de entonces, encabezada por el Gral. Jorge Videla, el Almirante Emilio Massera y el Brigadier Gral. Orlando R. Agosti, que derrocó al gobierno en crisis de María Estela Martínez de Perón, con su política de privaciones de libertad, intervención de sindicatos, prohibición de los derechos a la huelga y persecución sistemática a la actividad política estudiantil, sumada a la gravísima descomposición económica, tuvo como consecuencia la salida precipitada del país hacia países no vecinos, tratando de evitar las persecuciones extra-fronteras (Plan Cóndor), de políticos, profesionales, científicos, estudiantes, gremialistas y artistas en general.

Los ciclos emigratorios de argentinos, vienen de propósito a colación por el hecho de que durante nuestra estadía de estudio en Israel, muchos de los inmigrantes, tuvieron su primera permanencia en la Histadrut, lo que trajo los infaltables comentarios y discusiones sobre la cuestión. La primera de ellas, trivial, pero interesante y casi divertida para el momento que estábamos viviendo; el contrapunteo giraba en torno a si los judíos argentinos, acostumbrados a las comilonas vacunas y porcinas, serían capaces de sostener su “judaísmo argentinizado” con los filetes de sardinas, y los trabajos en los kib(b)utzim. La segunda cuestión, más sustancial y atrayente, versaba sobre si la Histadrut intervino o no en la admisión de los judíos argentinos dado sus desiguales móviles y necesidades, tal como lo hiciera en décadas anteriores, donde la inmigración judía estaba controlada por la Federación Judía del Trabajo; la cual seleccionaba a los inmigrantes en función de su credo político. Las opiniones al respecto fueron dispares, pero diría yo, que fueron más las que vieron manos de color rojo y blanco con estrellas manejando en complicidad con el gobierno de Israel el proceso migratorio. Los “más” estaban convencidos de la certeza de su razonamiento, debido al control que entonces ejercían los EEUU sobre los gobiernos militares sudamericanos; debido a la presencia de militantes “judíos argentinos independientes” opuestos al régimen militar; y a la imposibilidad de la inexistencia de información cruzada entre las embajadas de ambos países  sobre personas indeseables.

Sobre el tema, se palpaba mucha picazón entre los que componíamos el conjunto de estudiantes becados.

Con el pasar de los días, lentamente el grupo fue expresando en palabras, los pensamientos, conceptos y juicios que rondaban las mentes, y que no eran de conocimiento “público”; hecho lógico de suceder cuando con el tiempo se estrechan las relaciones interpersonales.

En el transcurso de la semana, nos avisaron que haríamos una visita guiada de estudio y turismo, de varios días, al norte de Israel.

De las visitas de estudio, lo más resaltante fue palpar in situ el uso de tecnología de avanzada en las cooperativas dedicadas al quehacer agroindustrial; y lo más curioso, fue ver el desecho de las cáscaras de los huevos de gallinas, en vez de darles algún uso productivo (como se hace en muchas granjas) aprovechando sus nutrientes minerales.                             

 

*

-¡Oiga usted don Victorino…, usted siempre contando los dólares!-hízole una broma Maldonado.

-Más que dólares, lo que cuento son “rupias”, Elisio; las pocas que me dieron en mi país. ¡Allá no tenemos petróleo! –contestó con una sonrisa inocente al “maracucho”, como le decían al venezolano.

-¡Mire…, usted sí que las tiene bien prendidas al bolsillo, don Victorino! ¡Gástelas hombre que se las van a oxidar, las rupias esas ya no son las de antes, éstas de ahora son puro hojalata! ¡Ya ni las usan en Indonesia!

-Sí, pero éstas las guardo para cuando me vaya a la India.

-Don Victorino no sea bellaco con nosotros; invítenos una ronda y quede como un santo.

-Victorino, no nos deje mal parado a los del plata-intercedió Laura-, déles el gusto.

-En verdad estas rupias no dan ni para invitarle un mate a usted Laurita.

-“Ia”…, déjela en paz a la niña, que ella no bebe, solo fuma, y atiéndanos a nosotros pues hombre –seguía echándole bromas al pobre Victorino, que entre paréntesis, era el peor pagado del grupo.

-¡Está bien, yo les invito y tú pagas.

 Victorino era uno de esos hombres únicos, raros de encontrar, de aquellos con los que uno se siente bien al tenerlos al lado; éste hombre mayor, ajado por la edad, de aspecto jovial, de pelo más blanco que grisáceo, algo calvo, bien peinado y siempre con una sonrisa agradable en el rostro, no pensaba en nada más que vivir la felicidad que le daban todas las cosas que veía, y en bañarse en todos los mares del mundo; en muchos de los cuales ya lo había hecho, según contaba orgullosamente. Algo de verdad debía haber en ello, porque ese día, a pesar del frío del atardecer se dio (en calzoncillos largos) una zambullida corta pero enfervorizadora, nada menos que en el Mar de Galilea, y ante la sorpresa de todos.     

-Ahora sí ya puedo decir que este cuerpecito está bendecido –dijo Victorino, todo morado y castañeándole los dientes, al salir del agua.

 

En realidad, parecía un sueño estar pisando las orillas del Lago Tiberíades y recibir en el rostro la brisa fría proveniente de sus aguas. 

 

El Mar de Galilea, también llamado Lago de Tiberíades, Lago de Genesaret, y Mar de Cineret, tiene una forma de lira o de pera, es un lago de agua dulce, ubicado en el noreste de Israel, en la antigua frontera con Siria. Tiene una longitud, de norte a sur, de 25 km; una anchura máxima en el extremo norte de 13 km, una profundidad máxima de aproximadamente 45 metros, y una superficie de 165 kilómetros cuadrados; es el lago de agua dulce más bajo del mundo, aproximadamente 240 metros bajo el nivel del mar. Su mayor aporte hídrico procede de las aguas del río Jordán que desemboca en su lado norte, y desagua por su lado sur. En la orilla oeste, de este lago bíblico, está situada la ciudad de Tiberíades, antigua capital del reino en Galilea, construida en el año 20 d.C. por Herodes en honor al emperador romano Tiberio. Vital para Israel, porque de él se abastecen de agua dulce numerosas ciudades, y se irrigan cultivos agrícolas (se estima que provee cerca del 30 % del agua potable para riego y consumo de Israel), y vital también para los cristianos desde el punto de vista religioso, por lo que el Nuevo Testamento refiere:

“Y entrando él en la barca,…siguieron”. “Y he aquí que se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca; pero él dormía” “Y vinieron sus discípulos…que perecemos”. “El les dijo: ¿Por qué teméis,…Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza”. (Mt. 8.24-26).

“Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas; porque el viento era contrario”. “Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar”.(Mt.14.24-25).

 

Referencias importantes para don Victorino, que estaba convencidísimo de que su cuerpo y su alma, quedaron bendecidos después del baño en el Mar de Galilea.

 

Después partimos hacia Capernaúm o Cafarnaún (pueblo de Nahum), antiguo poblado situado a unos 15 kilómetros al norte de Tiberías, siempre sobre la orilla noroeste del Lago Tiberíades; habitada en época de Jesús por pescadores, artesanos, comerciantes, agricultores, recaudadores de impuestos, etc. Cafarnaún es considerada por los cristianos como la Ciudad de Jesús, porque allí vivió gran parte de su vida y de su ministerio.

-Esto que están viendo aquí, son los restos que quedaron de la Casa de Pedro –explicó el guía, señalando con la mano un encadenado de piedras acomodadas a mano, semejante a las murallas de nivelación de los cimientos de una pequeña vivienda dividida en varias estancias.

Muchos no dejaron escapar de sus bocas ni siquiera un sonido de asombro, porque estaban casi en trance, totalmente encandilados; las ruinas a la vista transmitían un algo casi mágico.

-¿Tú que piensas, Ale? Me late que el guía éste, nos está metiendo el chivo. ¡Para mí esa puede ser una piedra cualquiera…¿quién me asegura que es de la casa de Pedro, con tantas piedras que hay por ahí? ¿Oie, tú que dices?-me preguntó Perci, dándome un débil codazo.

Umh! En realidad no sé que decirte; así porque sí, casi coincido contigo.

-¿Cómo que casi coincido, no te has fijado que no hay algo que justifique de dónde salieron las piedras esas? ¡Chucha, Ale, hasta en los árboles hay explicaciones! –sentenció Perci, refiriéndose sin duda a los árboles de los parques públicos, que llevan carteles con los nombres científicos, nombres comunes, origen, etc.

-Por lo general, yo tampoco doy por cierto algo que mi entendimiento no alcanza a comprender, y más aún si no está comprobado o demostrado; pero dejo un espacio libre…, el que ocupa mi ignorancia.

 

Expliqué a Perci, que no obstante haber estudiado durante varios años en un colegio jesuita, salí de allí con un gran déficit de todo lo sustancial, esencial y más importante de la religión como lo es el entendimiento de la Biblia; nunca hicimos un estudio sistemático de ella.  Quizás, en los cursos inferiores lo hayan enseñado suficientemente, pero yo no tuve esa oportunidad porque no lo hice allí. En mi momento, todo estaba resumido a la asistencia diaria a la Santa Misa, celebrada en latín, con el sacerdote de espaldas a los asistentes, lo que entre paréntesis permitía toda clase de travesuras y casi nula atención; y a la instrucción sobre moral, fe, prohibición de la libre interpretación de la Biblia, etc., en las clases de religión; temas sueltos, pocas veces concatenados a un orden secuencial en su origen bíblico. Además, fue un tiempo en el que la Iglesia Católica, o por lo menos la principal de los jesuitas, estuvo muy concentrada en discusiones (incluso en lugares públicos como clubes de barrio), con los pastores “protestantes” sobre temas y posiciones contrapuestas de ambas iglesias; disputas y discusiones que tuvieron eco en la prensa. Éste clima contribuyó a que los alumnos, nosotros, de los últimos años tomáramos con poca seriedad las enseñanzas religiosas; tanto así, que recuerdo como si fuera hoy lo ocurrido en el aula entre el sacerdote profesor de religión y uno de mis compañeros. Lo  acontecido se desarrolló de la siguiente manera:

-Permiso Padre –dijo Horacio levantando la mano.

-¿Qué pasa hijo?

-Usted afirma que Dios lo puede todo, ¿cierto?

-¡Así es!

-Entonces dígame Padre... ¿Dios puede abrir una puerta abierta?-preguntó Horacio, con una seriedad nada creíble, que produjo sorpresa y luego un estallido de risas.

-¡Sí! –contestó el Padre sin inmutarse, y continuó diciendo-. ¡La cierra y la vuelve a abrir! ¡Y tú Horacio, me vienes el sábado y domingo de una a veinte. La explosión de risas fue aún mayor por la respuesta dada, y por el castigo aplicado.

                                   *

 

-Ustedes sabrán mejor que yo, que aquí Jesucristo le dijo a Pedro, “sobre ésta piedra construiré mi iglesia” –afirmó el guía; algunos movieron afirmativamente la cabeza, otros aseveraron lo dicho con un “sí”, y otros más lo negaron con un “no está en lo cierto, Absalón”.

La aseveración del guía, abrió rápidamente torrentes de voces en discusión: una, que no admitía que Jesucristo le haya dicho a Pedro, que él, Pedro, era la piedra angular de su iglesia, y otra que afirmaba que Jesucristo mismo y no Pedro, era el fundamento de la iglesia; la cuestión, indudablemente, se asentaba en las creencias cogidas en sus respectivas iglesias cristianas: las evangélicas (comúnmente llamadas protestantes), y las católicas; en las que las primeras aceptan la interpretación griega de la palabra de género masculino Petros, que significa un pedazo de piedra, y de la palabra de género femenino Petra, que significa masa de roca gigantesca; y en las que las segundas, sostienen que la distinción, entre Petros y Petra, además de haber desaparecido del idioma griego en el tiempo en que fue escrito el evangelio de Mateo, afirman que Jesucristo le habló a Pedro en arameo y no en griego, y que en arameo las dos palabras son kêfa (Cefas), nombre con el que a menudo los apóstoles denominan a Pedro.

Yo, no abrí la boca, porque entre la manera singular, de tipo pueblerino, en que los sacerdotes y las autoridades trataban la religión en mi época de niño (semana santa con feriado total, música sacra en las únicas radios que estaban al aire, “órdenes” de no proferir malas palabras porque ofenden a Cristo, etc., etc.), y lo poco que de joven aprendí en el colegio, era muy consciente de mi falta de conocimiento al respecto.

Como la discusión estaba poniéndose socialmente agria, intervino el bueno de don Victorino.

-¡Chicos! ¡Escúchenme, chicos!...¡Jesús no le dijo nada a Pedro…-un abucheo generalizado no le permitió concluir-. ¡Por favor, escúchenme –insistió-. ¡Jesús no le dijo nada a Pedro, aquí, se lo dijo en Cesarea de Filipo, allá por el Valle de Hulé, no aquí en Cafarnaún!

 

Entendido el carácter “distensivo” del mensaje, todo terminó con un aplauso a don Victorino.

 

Como a la ignorancia no hay que darle alimento, agrego seguidamente lo que averigüé, en la biblioteca pública, sobre las ruinas de la Casa de Pedro.

 

Las mayores excavaciones arqueológicas en Palestina se iniciaron cuando, después de la 1ra. Guerra Mundial, pasó a ser un Mandato Británico. Las excavaciones en el poblado de Cafarnaún fueron dirigidas por los franciscanos, Padres Virgilio Corbo y Stanislao Loffreda, de 1968 a 1986. Las excavaciones dieron por resultado el hallazgo de la posible casa de Pedro en la zona denominada "ínsula sacra", al sur de la sinagoga de la isla sagrada y debajo de la iglesia octogonal bizantina, construida hacia la mitad del siglo V. Las ruinas de la casa de Pedro, donde vivió Jesucristo, datada por lo general en el siglo primero a. C.; era una construcción de forma cuadrada o casi cuadrada, de la cual se conserva aún la pared del oeste, que mide 8,40 metros de longitud, y tiene una altura aproximada de un metro. Se calcula que a fines del siglo primero d. C., una parte de la casa fue transformada en “domus-ecclesia” o “casa de los seguidores de Jesús”, lugar destinado a las reuniones religiosas, que fue demolida, junto a otras construcciones, para levantar sobre ellas la iglesia octogonal más arriba citada. Sobre la que se afirma es la casa de San Pedro, fue construido El Memorial, obra del arquitecto italiano Ildo Avesta, con la finalidad de proteger los restos arqueológicos de la “isla sagrada”. Su interior está reservado para las celebraciones litúrgicas.

 En la casa de Pedro y alrededores, según los evangelios, Jesús realizó varios milagros; sanó al paralítico, sanó a la hemorroísa que tocó su manto, curó a la suegra de Pedro y resucitó a la hija de Jairo, el principal de la sinagoga.

 

Por la complejidad de la historia de la casa de Pedro, y por el estado en que se encontraban sus ruinas eran entendibles las dudas de Perci.

 

De la casa de Pedro, nos trasladamos a Tabgha, o Heptapegón, antiquísimo poblado ubicado a 3 kilómetros al sur de Cafarnaún y a aproximadamente 15 kilómetros de Tiberíades, entre Cafarnaún y Magdala. Allí visitamos la Iglesia de la Multiplicación de los Panes y los Peces (pescados), ubicada a escasos 50 metros del Monte de las Bienaventuranzas, sitio donde Jesús enseñó a sus discípulos el Sermón del Monte, y a unos 140 metros, al noroeste, de la Capilla de la Primacía de Pedro, construida hacia 1933, lugar donde se afirma o se cree que tuvo lugar la tercera aparición de Jesús después de su muerte. Cerca del altar, de la Iglesia de la Multiplicación, en el piso, se conserva un mosaico, hecho con incrustaciones de pequeños cuadrados de cerámica de diversos colores, en el que están representadas entre dos figuras de rombos, una canasta de pan flanqueada por dos pescados, y debajo del altar una piedra caliza, donde se supone que sobre ella, Jesucristo colocó los panes y los peces.

-¡Hijos!, ¿se acuerdan de?...: “Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; más ¿qué es esto para tantos? “Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados; asimismo de los peces, cuanto querían” –sermoneó condescendientemente don Victorino.

-Me parece que el viejito, es un cura de vacaciones bien disfrazado –comentó jubilosamente alguien del grupo.

Esta visita no produjo discusiones, sólo deslumbramiento por algo nunca visto por nuestros ojos.

Después de visitar un viñedo, cuyo nombre no puedo recordar, y degustar un delicioso vino tinto dulce, parecido a los “vinos santificados”, iniciamos el regreso a Tel-Aviv. Kilómetros más adelante, el conductor del bus intercambió unas palabras en hebreo con Absalón, y éste movió afirmativamente la cabeza en señal de avenencia. Nuestro bus, ñato, celeste y blanco, se encostó a un lado del camino y detuvo su marcha.

-Aquí nos quedaremos unos instantes…

-¿Por qué solo un momento? –inquirió Elisio a Absalón.

-Porque es la frontera con Siria, y la intención es la de darles la oportunidad para ver algo distinto; algo del que ustedes habrán escuchado muchas veces hablar.

El primero en bajar fue Harel, el conductor; hombre de porte antiguo, vestido con jeans y con escaso pelo entrecano cortado a cepillo.

-Bajen de a uno –autorizó Harel, haciendo un ademán con la mano.

Antes de que bajemos todos, Harel se alejó de la puerta del bus donde estaba parado, y en dos o tres saltos llegó junto a Maldonado, lo tomó del cuello de la chaqueta y lo tiró hacia atrás.

-¿Quieres matarte? –le preguntó Harel, al estupefacto Maldonado.

-Solo quería tomar un puñado de tierra para llevarla de recuerdo.

-Así como aparenta ser confiable, también es muy peligrosa, amigo; hay muchísimas minas sembradas en ese terreno. ¡Ustedes, por favor, no hagan la misma cosa!

Lo que teníamos enfrente, era una gran extensión de terreno, sin ninguna maleza, yermo, pero trabajado como si fuera para sembrar; entre esa extensión de tierra que se perdía en lontananza y nosotros, únicamente nos separaba un alambrado común, nada diferente de los que se usan en los campos o en los linderos de las casas de los barrios pobres. Nunca supe si la línea de frontera, correspondía a Siria, como dijera Harel, o a Jordania; lo que sí nunca imaginé, que tanta tecnología, tantos cohetes, tantos supertanques, podían necesitar de un infeliz y popular tejido de alambre.

Subí al bus, y me senté en el asiento posterior al del conductor, hacia el lado de la ventanilla con la intención de evitar el alboroto que, inevitablemente, se producía en el medio; lugar preferido de los más barullentos. Cuando me agaché para aflojar los cordones del calzado, vi al costado izquierdo del asiento de Harel, una metralleta con su correa bien estirada; Harel, que por lo visto, estuvo observándome, esperó que mirara el retrovisor, y cuando nuestras miradas se cruzaron, levantó ambas cejas e hizo un movimiento con la cabeza como diciéndome ¡ves que es cierto lo que decía…, que debemos de tener mucho cuidado!    

 

 

 

 

5

 

 

A las dos semanas, más duchos ya, éramos capaces de manejarnos bastante bien alrededor de nuestra zona de estudio, motivo por lo que decidimos, Maldonado, Olivares, Otoniel, Laura, Tabares y yo, esa tarde-noche, ir a buscar algún lugarcito barato donde comer algo de carne de res; los mexicanos, que en un principio también irían, al final desistieron pretextando que no encontrarían ni tacos, ni mole con chiles bien picantes, que era lo que añoraban. A unas quince cuadras de “nuestra Neharde´a”, descubrimos un sitio donde servían steak; por supuesto, después de la aclaración que nos diera Olivares, respecto al steak,  allí nos quedamos. Nuestra deseada lonja de carne soasada, resultó un fracaso, el bistec nada tenía de grande y grueso sino todo lo contrario; resultó ser carne descongelada, pequeña, delgadísima, desabrida y cara; nos costó 10 dólares americanos a cada uno. Al final de la famélica cena, la cara del grupo era todo un poema.

Maldonado y Tabares decidieron regresar a la Histadrut, y los demás nos dimos ánimo y fuimos a dar un paseo por la avenida. A las once y media de la noche, cansados de caminar sin rumbo, regresábamos charlando alborozadamente, cuando de pronto se nos acercó un hombre y nos encaró hablándonos en hebreo, o quizás en otro idioma parecido; como era esperable, le respondimos en castellano, diciéndole que no entendíamos lo que nos decía, el hombre nos afrontó nuevamente, haciendo movimientos con las manos y gestos con el rostro; Olivares, intentó comunicarse con él en inglés, lo que en vez de dar un resultado práctico, hizo que el individuo se pusiera más nervioso y gesticulara en modo más enérgico.

-¡Ale! ¡Ale, te digo! ¡Vamos rápido de aquí!

-¡Está bien, espera un momento Lauri!

-¡No entiendes que está alcoholizado! ¡Tómalos a Olivares y a Otoniel y vámonos de aquí!

Lauri, tenía razón, el sujeto de marras, estaba borracho hasta más no poder, pero para alejarnos teníamos que deshacernos de él, y no lo podíamos lograr; cuanto más nos hacíamos los desentendidos y apurábamos el paso, el hombre, más fuerte y con mayor énfasis vociferaba, y entre caídas y trastrabillo trataba denodadamente de alcanzarnos. Sus gritos desaforados, desmedidos en extremo, daban la impresión de que lo estaban asando vivo, y lo peor era que “inundaban” toda el área. Los cuatro pasamos veinte minutos terribles; todos éramos conscientes de que a esa hora, los vecinos de las manzanas, civiles de diferentes edades, armados, hacían su recorrido de vigilancia, y que nosotros sin hablar ni entender el idioma, no podríamos explicar que pasaba entre nos y un paisano suyo; bien podría ocurrirnos lo que aconteció con Carlos en el aeropuerto, es decir, que nos tomasen por otra clase de personas. Al final, pienso yo, que nos salvó, el que los recelosos guardias civiles no estuviesen en esos momentos en la avenida, ni próximos a ella, y que el gran trazado curvo de la misma, que hacía que las salidas de las calles que desembocaban en ella estuviesen mucho más espaciadas de lo normal, hecho que supuestamente, obligaba a los vigilantes civiles a efectuar todo el recorrido en un tiempo mayor.

Llegados a la Histadrut, nos reunimos, como de costumbre, todos los participantes del suceso para platicar y comentar lo sucedido; al rato, probablemente debido a la bulla que hacíamos, se nos unieron los demás compañeros, a excepción de los salvadoreños, el guatemalteco y los chilenos, quienes tenían un trato muy reservado por entonces (al parecer los miles de kilómetros que los separaban de sus países, todavía no los habían desatado de las realidades de sus tierras). En el medio del relato, alzando la voz, un compatriota de Otoniel le dijo a éste:

-¡Y qué hizo usted Oto, no escuché que usted haya hablado en la contienda! ¡Hombre, parece que el marrano alumbrao ese, lo tuvo bien agallinao!

-¡No se agarre conmigo hermano!…, lo que pasó fue que el verraco ese estaba a los gritos, y si nos tomaban los pelaos esos de la vigilancia, ¿cómo iba yo a mostrarles mi credencial, si estaba llena de svásticas que me los dibujó ahí algún bellaco? ¡Hermano, no tenía de otra que callarme!

La respuesta de Otoniel produjo una instantánea gritería y carcajadas. Yo miré a Olivares y a Lauri, y los tres hicimos un mismo gesto, como diciendo: ¡de lo que nos salvamos!

                                  

                                   *

No hay dos sin tres, o uno sin dos; esa misma semana ocurrió otro embrollón que entibió los ánimos. Fastidiados del mismo estilo de comida, los delegados, por llamarlos de algún modo, del curso consultaron con el coordinador sobre la posibilidad de que en el menú semanal, se incluyera carne de ave o de res; la respuesta fue muy bien recibida, tanto que a los dos días del pedido, fuimos a comer a un lugar diferente del habitual y se nos sirvió de todo, incluso saboreamos varios tipos de postre; comimos tan opíparamente que retornamos a la clase vespertina amodorrados y felices, pero el contento duró tan solo unas horas; durante el coffee break comenzó a correr el rumor, de que el almuerzo era parte del menú servido el día anterior en una boda; la duda la convirtió inocentemente en realidad, un jovenzuelo que había estado encargado de la mesa. Los compañeros, en su mayoría jóvenes y como tales explosivos por naturaleza, hicieron un reclamo tan desproporcionado, como amenazar que el hecho se comunicaría a las respectivas embajadas y al co-patrocinante (OEA), que se nos trataba como si fuéramos unos hambrientos del tercer mundo, etc., etc.; que las autoridades responsables del curso ofrecieron una formal disculpa. No hay “mal que por bien no venga”, creo que así dice el refrán; desde esa vez tuvimos pollo dos veces a la semana.

 

En honor a la verdad hay decir que lo sucedido, muy bien pudo haber sido por inexperiencia, por falta de recursos o por cualquier otra cosa, pero no por mala intención de los anfitriones.  

 

 

 

 

6

 

 

Concluidas las actividades de la jornada, nos “empaquetamos” a medias, con lo poco de vestir que cada uno lleva en éste tipo de viajes; y en grupo (por temor a perdernos) donde estábamos casi todos los que asistíamos al mismo curso, fuimos a caminar por la Dizengoff, tantas veces mencionada por el profesor Marcos, como una de las distracciones cercanas que podríamos tomar en nuestro tiempo libre. Tal cual nos indicara Marcos, buscamos la calle Arlozorov, cosa que logramos después de dejar atrás algunas cortas diagonales que nos confundieron un poco. Recuerdo que, en un momento dado, alguien farfulló algo como: “Nos equivocamos, deberíamos haber tomado hacia la derecha, desde un comienzo”. Sonreí, era de esperar una duda de “ese tamaño”, pues ya habíamos andado un kilómetro y largo, y todavía no había indicios de la Dizengoff, que con posterioridad, muy cercana a la incertidumbre, se hizo presente. Alcanzado el hito, el ánimo de los caminantes subió muchos puntos; por fin podríamos deambular por la calle más famosa, a nuestro entender, de Tel-aviv. Con todos los sentidos enfocados en las bien iluminadas tiendas, restaurantes, bares, galerías, cines, etc., que pasaban a nuestro paso, caminamos, caminamos, y caminamos, y en ningún tiempo arribábamos al final de la bella “estrada” paralela al verde mediterráneo, que parecía hacerse escuchar con la brisa que, tímidamente, soplaba en algunos trechos de la calle; obviamente, en una primera vez no lo podríamos hacer; la Dizengoff, medía, a ojo de buen cubero, sus buenos tres y tantos más kilómetros en toda su extensión. Llegamos hasta una plaza de diseño circular, cuyo nombre hoy escapa a mi mente, y emprendimos el regreso, con la idea de buscar una pizzería y sentarnos a lanzar ojeadas a la multitud, que caminaba de un lado para otro, y a las llamativas (para nosotros) parejas de enamorados, que en servicio, vestidos con el uniforme militar y con sus ametralladoras livianas, agarrados de la mano hacían su recorrido regular por la Dizengoff.  

En un inglés aprendido en la secundaria, Etcheguren, pidió una muzzarella, con jamón sin cocer, y alcaparras en aceite de oliva. El mozo, que primero hizo un gran esfuerzo para entenderlo, muy correctamente le hizo notar que la pizza vendría con jamón, pero hecho de pavo.

-¿Qué? –preguntó incrédulo, Etcheguren,

Antes de desaparecer el gesto de incredulidad de su rostro, ya recibió una fuerte palmada en la espalda, y chanzas de todo tipo, y diferentes decibeles en los oídos.

-¿De dónde brotaste vos cabecita que no sabes que los judíos no comen cerdo? –burlonamente le preguntó Sofía, la coterránea de Laura.

Andá… que vos más allá de tu provincia no saliste!

-¡Sí, salí! ¡Fui a la tuya negro!

El mozo sonriente decidió marcharse para hacer el pedido a la cocina.

Sobre la mitad de la noche, cuando todavía estábamos entre anécdotas, chistes, comentarios y risas, se aproximó al grupo un hombre de unos 25 años, que vestía un pantalón vaquero de color negro, una abombada camisa blanca a rayas color turquesa, de porte escultural délfico a la vista de Sofía, Laura y Cristina, que con sumo tacto nos encaró.

-Los escuché conversando en castellano, y por eso me acerqué…Me llamo Efraín… ¿Puedo sentarme a departir con ustedes un momento?

-Por supuesto. ¡Ven aquí! –se apuró a responder Cristina, la más liberal de todas y de todos.

Efraín, quedó entusiasmado por la espontánea apertura del grupo, y bastante descolocado por la respuesta de Cristina; que no tenía otra intención que la de hacerle pasar calor, y al mismo tiempo tomarle la delantera al inesperado visitante; característica muy singular de las mujeres dueñas de si mismas.

-¿Por qué no tienes puesto el kipá? –preguntó otra vez Cristina; pero ya sin deseos de escorchar a Efraín.

-Porque no soy practicante –aseguró Efraín.

-Pero eres judío –aseveró a su vez, Sofía.

-Sí…, pero no por eso debo llevar el kipá puesto; solamente es obligatorio para entrar y permanecer en un lugar de culto; obligación que incluye a los gentiles. Te digo más, el uso del kipá en todo momento, no es un mandamiento; es en su origen una costumbre, pero además un símbolo emblemático propio de un judío varón.

-A los gentiles…, es decir a nosotros; y a todos los que no son judíos.

-Así como lo dices.

-Es lo mismo, pero al revés que en nuestra religión –intervino Perci-; para entrar en nuestras iglesias, las mujeres deben llevar un velo en la cabeza.

-¡Ay, Perci! ¡Tu machismo te condujo a la ignorancia, o bien años ha que no pisas una iglesia!

-Años ha que no soy mujer –replicó Perci.

-Años ha, que sos un tonto –intervino Laura, en defensa del género, y terminó diciendo- Te veo muy sonriente Efraín.

-Es que los entiendo; mi familia, por generaciones vivió en Sudamérica; yo nací en Argentina y estudié en el Brasil.

-¿Cierto?

-¡Plenamente!

-En realidad eres diferente a todos los que conocimos hasta ahora. No eres ni muy, muy, ni tan, tan.

 Así siguió la conversa, amistosa y de poca importancia, hasta que, como algo siempre ineludible, tuvo que subir al “tablao” Israel.

-Para que ustedes comprendan, o más bien empiecen a entender, deben concebir a Israel en la actualidad; es decir, desde un tiempo cercano a esta parte. Mejor no hablemos del pasado lejano, porque eso ni yo todavía tuve tiempo de absorberlo totalmente, dado que desde hace pocos años estoy viviendo aquí; lo que significa: que al no ser practicante, y al haber vivido mi infancia y mi juventud en culturas como la argentina, y la brasilera principalmente, estoy muy nutrido de ellas.

-¿Entonces, porqué viniste? ¿Por aquello de que todo judío debe venir a la tierra prometida, a conocerla, a trabajar en un kibbutz, como una demostración de lealtad, o como un sentimiento de apoyo a la comunidad?

-En mi caso no; y en el de mis padres no me corresponde hablar de ello.

-¿Y?

-Simplemente los seguí.

-Estarás considerado un joven medio descarriado aquí.

-¡No!…, y te explico, o les explico mejor –dijo Efraín y se explayó largamente en los siguientes términos: “Empecemos de cero otra vez; Israel, como país, está formado por un conjunto de personas vinculadas por características o intereses generales comunes; lo cual no quiere decir precisamente que no primen otras características como la religión (judía), que es el eslabón más fuerte de la cadena; el elemento indispensable para el enlace de acciones o sucesos, que hacen a varios otros aspectos. Ahora bien, es innegable también que en la vida real, la comunidad está compuesta de otras verdades; así como no todos los judíos proceden del mismo lugar, no todos los judíos tienen, o tenemos un mismo nivel de aceptación en la sociedad; los que llegaron del Este, de los países rojos, no son tan bien aceptados o mirados por los que arribaron de Europa no comunista. Un padre judío nacido en Alemania, puede considerar peor que su hija se case con un judío del Este, que con un gentil; los del este, Polonia, Checoslovaquia, Hungría, etc., por lo general están cubriendo los trabajos menos deseados, como son los de obrero portuario y otros similares; aunque también podría atribuirse a su bajo nivel educativo yo no lo veo así; no obstante, escarbando un poco más la sociedad, hay que reconocer que emigrantes del Este han llegado muy alto; por nombrar algunos, David Ben Gurión, nacido en Plonsk (Polonia), de ideas socialistas, fue uno de los fundadores del Estado de Israel y fue Jefe de Gobierno en dos oportunidades (1948-1953/ 1955-1963), Golda Meir, nacida en Kiev (Ucrania), laborista, también ocupó el cargo de Primera Ministra (1969-1974), Haim Weizmann, nacido en Motol (Rusia), político de centro (entre el sionismo revisionista y el sionismo de izquierda, fue el primer presidente de Israel (1948), y Levi Eshkol, nacido en Oratov (Ucrania), fue parlamentario y Primer Ministro (1963-1969), Menahem Begin, nacido en Brest-Litovsk (Polonia), político de ultra derecha, también fue de los lideres más altos, ahora Primer Ministro. No hay una vara con qué medir, pero hay evidencias que validan mi criterio. Todos los que mencioné, ocuparon altos cargos políticos, pero no sé si pudieron traspasar la elite social; tampoco sé mucho sobre los judíos nacidos aquí. Lo cierto es que bajo la religión judía, y con el principio de un Estado propio, vivimos aquí, liberales, ortodoxos, comunistas, ateos, etc., etc.

-Estado propio judío –señaló Etcheguren.

-¡Sí! Pero también interétnico y pluralista, aunque los que estamos algo fuera de la línea religiosa, no tengamos preponderancia.

-Entiendo lo que dices, ¿pero por qué judío, si muchos no lo son?

-¿Recuerdas lo que dije sobre el eslabón más fuerte?

-¡Perfecto! El eslabón que une, pero en medio de tanta controversia…,¡espera..., espera!; comencemos de nuevo aclarando que no tenemos ninguna intención de fastidiarte; lo que ocurre es que queremos aprovechar en este momento la única oportunidad que disponemos para intercambiar ideas, hechos, relatos, datos, conocimientos, entre gente de la misma generación (nosotros todos), de un mismo nivel medio (que debemos ser la mayoría intelectual), dejando de lado todo el “laterío” que nos hacen escuchar los interesados. Recuerda que una cosa es lo que dicen los gobiernos, especialmente cuando creen que pueden obtener algún beneficio, y otra cosa es lo que piensan y no lo dicen. No somos ni políticos, ni politólogos, pero es obvio que los mensajes van dirigidos a gente como nosotros, entonces: ¿por qué no aprovechar la ocasión, ya que todos somos abiertos, para hablar con franqueza?

-Estoy de acuerdo…, hablemos, nada se puede perder.

-En muchos de nuestros países, muy especialmente en el interior, de donde yo provengo…, si alguien no está de acuerdo con lo que digo que me interrumpa y agregue a la charla su visión sobre el tema, el ser antijudío es casi una costumbre; no puedo decir con certeza científica de dónde proviene, pero desde pequeños escuchamos e hicimos hábito aquello de llamar judío, al compañero de escuela o de barrio que no compartía su merienda, al que te diera un escupitajo pueril por algún enojo emocional, o al que tuviera mal comportamiento en los días santos. También teníamos muy metidos en la cabeza aquello otro de que los judíos mataron a Cristo, sin saber de buena manera el contexto en el que ocurrió el hecho. Como descargo de ello, podríamos decir que en el tiempo en que transcurrió nuestra niñez, la enseñanza religiosa era menos que pueblerina y el atraso socio-cultural era notable; también es de rectos señalar, que muchos judíos compatriotas nuestros aportaron su óbolo al “anti”, al formar un grupo social cerrado; podíamos ser buenos amigos toda una vida, pero siempre existía una línea invisible que no se podía atravesar; al oponerse al noviazgo o al casamiento con cristianos (algo impensable), y a muchas otras cosas más que aparentemente son intranscendentes, pero que poco a poco, como la gota china, machacando y machacando, pasan a formar parte del ser interior. Aquí es correcto aclarar que por todo lo dicho no debemos presumir que todos los curas o todos los rabinos (o todas las religiones, a pesar de sus oscuridades y grandes yerros históricos), son malos, buenos o mal intencionados.

-Eso es evidente; ni falta hace mencionarlo –expresó Efraín.

Etcheguren siguió exponiendo su forma de pensar (en ocasiones no totalmente compartido por todos) en los siguientes términos: “Es perfectamente entendible que los israelitas tengan derecho, como todos los seres humanos, a una tierra donde vivir, pero a mi criterio, no porque Dios les dio o les prometió; porque de ese mismo modo también a muchos pueblos, incluyo a los indígenas de América porque nos toca de cerca, sus dioses les señalaron y les dieron un sitio donde vivir, y sin embargo se los han robado, y jamás se los devolvieron en tiempo y forma; y sus  Dioses son tan válidos (para ellos), como el de nosotros los cristianos, el de ustedes los judíos o el de los musulmanes; y no hablemos de los pueblos orientales para no obscurecer más el panorama de divinidades. Tampoco entiendo aquello de que les pertenece porque lo habían ocupado en tiempos lejanos o no tan distantes; ese criterio tampoco es válido universalmente; si no que hablen los vascos por su país, los argentinos por sus Malvinas, los españoles por su Gibraltar, los marroquíes por su Ceuta y Melilla, los palestinos por lo que les corresponde; todos tienen tierras que reclamar en América, Europa, Asia, África…, en el mundo entero. Todos los pueblos deben tener un lugar en la tierra, pero por ser seres humanos (de por sí ya protegidos divinamente), y no por designio exclusivo de Dios, o de Dioses a algunos en especial; recordemos que ambos son complacientes con todas sus criaturas. Y si a todo lo religioso, le adherimos la porción de mundo ateo… me pregunto… ¿Cuánto menos valido son los criterios de los que hablamos? ¡Nada, absolutamente nada! Por eso, mi querido amigo Efraín, creo que la política que están aplicando los líderes de tu país está errada; muy poco es lo que pueden obtener en un  orbe de idea antijudía”.

-A lo dicho, agregaría que, por idénticas razones, los musulmanes tampoco deben llevar todo al campo religioso –agregó Benavides.

-¡Desde ya!... No los he nombrado porque no estamos conversando con ellos, pero la situación es similar.

-¡Idéntica!

-¡No!...No es idéntica porque le falta el componente de la fobia.

-Efraín, ¿te das cuenta que con otra persona no hubiésemos podido hablar así?

-Puede ser.

-No, amigo…Si tú fueses un practicante o un fanático, y si no llevaras años de Latinoamérica en tu interior, de ningún modo nos hubieses entendido. 

 

 

 

7

 

 

-¿Qué cosas más tuvieron ocasión de ver?

-¡Muchas! En los temas concernientes al motivo por el que estamos aquí, vimos mucha organización en la dirigencia vinculada al conjunto de instrucciones y normas para la ejecución de procesos, notable orden administrativo y operacional, mucho uso de tecnología de avanzada, y una llamativa combinación en el uso de mano de obra intensiva con tecnología. Creo que, hasta ahora, hemos aprendido bastantes cosas aplicables o adaptables. En lo que respecta a las visitas turísticas, también hemos visto innumerables sitios de relevancia histórica; lo último fue el Lago Tiberíades y su entorno; hasta tuvimos la suerte de poner los pies en la misma frontera con Siria.

-¿En las Altos del Golán?

-Así nos dijeron cuando visitamos un viñedo.

Umh!-se escuchó decir a Efraín.

-¿Dudas?

-Siendo invitados del gobierno, puede ser posible…

-Si desconfías, dinos porqué.

-¡No puedo afirmarlo, pero como es una zona militarizada me salpicó la duda! La meseta del Golán, fue una de las zonas de guerra reciente; hace escasamente dos años y meses que terminó la guerra del Yom kippur, y hablo de la guerra, no de sus consecuencias, ni de las hostilidades que aún siguen.

-Estando allá escuchamos acerca de las hostilidades en la región.

-Habrán escuchado muchísimas cosas sobre lo ocurrido.

-Sobre lo ocurrido y sobre lo que ocurre; pero nada percibimos sobre lo último –aseveró Etcheguren.

-Yo escuché una que me hizo rumiar bastante sobre la guerra. ¡La guerra como tal!, sin reflexionar sobre derechos o razones…¡Únicamente la guerra con sus actos! En un principio, por todo lo visto, puse en duda, pero después me dije ¿por qué no?

-¿Exactamente a que te refieres?-preguntó Efraín.

-A los desmanes ocurridos en la frontera con Siria.

-¿Dichos por quién?-inquirió Efraín.

-Por pobladores de la región.

-¡Árabes!

-Árabes israelitas…supongo.

De manera específica, Latorre se estaba refiriendo a los hechos perpetrados, por algunas unidades del ejército israelí, contra poblados sirios durante la guerra del Yom Kippur (guerra de Octubre para los árabes).

-Por alguna razón válida lo habrán hecho; los sirios no juegan limpio tampoco.

-No tengo dudas de que hubo descontroles en ambos lados; pero ahora, únicamente puedo sondear el pensamiento de de las personas de ésta parte del conflicto. Comprendo suficientemente el alcance del adagio: “necesitas caret lege” (necesidad carece de ley), cuando es imperativo proteger una nación, pero también tengo la impresión de que riñe con la moral, o mejor, que desvirtúa la moral de un pueblo, que en mayoría, está alejado de la malicia. Trato de entender, como dije antes, ¡el porqué producen hechos de esa naturaleza! Los ejércitos de pueblos instruidos; y ojo que no circunscribo las acciones solamente a esta parte del mundo, sino a toda Europa y a muchos de nuestros países “desarrollados” de América. ¿Por qué el gobierno de Israel practica una política tan perjudicial a su pueblo; a sabiendas de que por la propia naturaleza humana, todos tenemos la tendencia de inclinarnos, con razón o sin ella, hacia el más débil? Israel, ya demostró en extremo que es un David poderoso, que enfrenta a gigantes con pies, no de barro, sino de arena; gigantes que a los ojos del mundo, se están volviendo indefensos pequeños y mostrencos por lo que han perdido.

En cuanto a los atropellos ocurridos en ciudades sirias, Latorre, hablaba puntualmente de Kuneitra (Quneitra-Al Qunaytirah) y de otros poblados cercanos a ella. Semanas más tarde, estando en el albergue de una asociación cristiana de Atenas, impensadamente conocimos a una delegación que regresaba de Tierra Santa; y fue el guía de esa delegación, que por pura casualidad ocupaba la cama superior de la litera que estaba frente a la mía, quien nos aclaró lo acontecido en Kuneitra; lo sucedido en Rafid y otros poblados ignoraba por completo. La explicación la hizo, más o menos, en los siguientes términos:

“Esta última guerra reciente, entre Israel, Egipto, Siria y Jordania, se libró en varios frentes; uno de ellos era el norte, en la Meseta del Golán; por allí el ejército sirio invadió suelo israelí; ¡bah!, ciertamente no sé si era tierra de Israel, o tierra de Siria ocupada por Israel en la guerra de los seis días. Lo cierto y concreto es que los árabes atacaron, y se desplazaron a lo largo de la frontera entre las ciudades de Hadar, kuneitra y Rafid. Kuneitra, considerada la más importante desde el punto de vista geográfico, político y militar de la región, fue el centro principal del contraataque israelita, porque su captura dejaba abierta la puerta hacia, Damasco, la capital de Siria; el vandalismo surgió cuando después del cese del fuego, las tropas de Israel antes de retirarse, en 1974, decidieron aplicar la táctica militar de tierra arrasada; destruir todo lo que pudiera ser de utilidad al enemigo; pero en ese afán, se les fue la mano porque bajo esa política, con maquinarias pesadas, destruyeron también iglesias, mezquitas, hospitales, escuelas y viviendas. Dejaron el pequeño poblado, de 30.000 almas, en ruinas”.

 

De que quedó en ruinas no hay duda alguna; de que lo hicieron adrede o no, depende de quien lo diga y del momento en que lo diga, porque eternamente pareciera ser que al último en exponer sus verdades aparentemente le asiste la razón.

                                   *

Algunos artículos sobre el punto, para quienes deseen conocer algo más.

 

*Golán. The UNDOF Journal 

United Nations Disengagement Observer Force

Nº 101 --  X – XII - 2004

New Years Service in Quneitra

The celebration directed by the Austrian Protestant and Catholic

padres, Susanne Baus and Christian Rachle, took place at an exceptional place:   In the destroyed Orthodox church of Quneitra. Three years ago Pope John Paul II celebrated a holy mass there.

Rarely believers of the Austrian contingent have the opportunity to attend a divine service in the 1973 destroyed church.

1st January 2005 at 18 hours the ceremony began: Dozens of Austrians and Slovakians entered the church, walking over the clacking pieces of bricks on the floor, illuminated by the fl ickering torches in the windows with no more panes, accompanied by the howlingof the dogs straying through the ruins of old Quneitra.

Members of the 2nd Coy AUSBATT had prepared the religious memorial from an empty shell to a living house of God: behind the iconostas stood a wooden cross, atop an altar were candles placed on some bricks of the dishonoured church.

During the intercessions the small community prayed for the dead and surviving victims of the tsunami catastrophe but also for all who lost their lives in the Service of Peace within UNDOF.

The Catholic padre plans another service next Easter in the church of the “ghost town” because it is a special spiritual experience for all praying within the naked walls that cry out of the cruelty of war.

Article by Maj Stefan May

*Golán. The UNDOF Journal  nº117

United Nations Disengagement Observer Force

Golán  the UNDOF journal Main challenges In areas of contention around the world, territories often become No Man’s Land, but in the case of Golan, the Area of Separation (AOS) continued to be inhabited by Syrian civilians.This has resulted in continuous land use change, and in recent years at an accelerated rate, thus creating more challenges to monitor the activities in accordance with the agreement and the mandate.

Development of road networks and new agricultural fields are just two examples where change is very apparent…

*La VANGUARDIA ESPAÑOLA-Viernes 28/VI/ 1974 – pág. 28.

Kuneitra. (Crónica.de nuestro redactor, enviado especial.) Kuneitra, en ai Golán, es una ciudad devastada. Sólo los minaretes de dos mezquitas,las torres de una iglesia griego-ortodoxa, y algunos grandes edificios quedan en pie. En la Jarga calle principal, la única cuyo trazado no ha sido desdibujado o enterrado por las ruinas, hay también algunas otras casas, en cuyos bajos «Abu Hassan», que como tantos otros, miles y miles -de sirios ha retomado hoy a su ciudad, recuerda que antes de la guerra había una tienda decomestibles, una farmacia, quizá una tahona... Los que durante siete años han vivido como refugiados en Damasco y en sus alrededores, han subido esta mañana a Kuneitra, para buscar, entre los escombros, el emplazamiento donde •bn día se levantó su casa. Por todas las carreteras de Kuneitra, en un desorden polvoriento, avanzaban automóviles, camiones, viejos autobuses de Damasco con sus "tubos de escape en forma de chimenea, abarrotados de gente. En algunas camionetas iban familias con todos sus enseres: colchones y camas, toda ojase de bultos, una salamandra.

Macetas de fiores... Los embotellamientos de esta circulación anárquica eran continuos. Para contornear la caravana de vehículos, los más audaces se metían- campo a traviesa. Por las ventanillas de los autobuses asomaban las caras alegres de los que regresaban.

Sobre los techos, los muchachos ondeaban banderas sirias y del -«Baas». En una de las muchas pancartas habían escrito: «Nuestra cabeza llega hasta el cielo con dignidad y valor».

Los campos de la llanura de Kuneitra están quemados. Suben de los rastrojos, penachos de humó. Los soldados de la O.N.U. y los, en las vaguadas del Golán, al pie de! pico del monte Hermón, aún con pequeñas- manchas de nieve, crecen árboles frutales y discurren caminos dé agua ciara que bajan de las altas sierras. Esta comarca, con villorrios destruidos-y lugares siniestros como el denominado «Casa del diablo» donde se libraron encarnizados combates, fue conquistada por los israelíes en la guerra de octubre. Ahora han vuelto a ella sus habitantes, que presencian, ilusionados, el paso de los centenares de vehículos que van hacia Kuneitra, la capital de la provincia.

ENCUENTRO ALEGRE Y EMOCIONADO

Ya en la llanura, en Khan Arnabi, se llega a la zona ocupada en 1967 con cuya devolución parcial se ha cumplido, con un orden escrupuloso, el acuerdo firmado hace unas semanas entre sirios e israelíes. Kuneitra, antiguo centro de comunicaciones, era hasta la guerra de los «Seis Días», una población agrícola y comercial de cuarenta mil almas, yo la visité en julio de 1967 con los israelíes.

Guardo de aquella rápida excursión por el Golán, unos cartuchos de ametralladora y unas fuentes decoradas con flores que encontré en las rumas de una casa. Aún quedaban en P'e muchas viviendas. Hoy la ciudad esta enteramente destruida.. “Abu Hassan”, me dice que la mayor parte de las casas han sido voladas en las últimas semanas antes de la evacuación de los israelíes. Durante estos siete años las tropas judías hicieron ejercicios de voladuras en la ciudad. La techumbre de muchas casas se ha desplomado a causa de la explosión de las minas y no a consecuencia de las bombas. Por entre los escombros sobresalen las ramas fragantes de unos árboles que han escapado a la devastación y a la muerte.

El encuentro de los habitantes de Kuneitra con su ciudad, ha sido alegre y emocionante. No he presenciado escenas dramáticas. Mucha gente como “Abii Hassan”. Después de dar infinitas vueltas, han hallado algún vestigio de lo que fue su casa.

Antiguos vecinos se veían por primera vez tras siete años de separación. Se besaban y se abrazaban en medio de las ruinas. Había grupos de sirios que danzaban y cantaban. Muchos habían cogido flores silvestres o. habían arrancado ramas, y se paseaban, con un aire de fiesta por la ciudad. De las cubas de unos grandes camiones brotaba el agua para aplacar ia sed de estos miles y miles de visitantes. Un único kiosko en el que se vendían helados, era asaltado por la multitud. Una vez fue izada ia bandera siria por el presidente Hafez Assad y comenzó el lento retorno hacia Damasco, se produjeron los mismos embotellamientos en las carreteras que a la ida, Algunos habitantes de la ciudad llevaban consigo trozos de ladrillo o unos manojos de cables eléctricos. Kuneitra volvía a, quedarse sola con sus casas derruidas en cuyas paredes había inscripciones en hebreo. Aún se oían, en la tarde, las explosiones de las minas.

En esta población deshabitada una mujer árabe, alta y de larga cabellera blanca ha vivido desde mil novecientos sesenta y siete. La vieja dama de. Kuneitra con su amor a la Naturaleza y a la soledad, con su extraña risa resonando entre ¡as paredes desmoronadas, espera vivir el renacimiento de una nueva ciudad. — Tomás Alco Vebro.

*The Quneitra Question

Friends of Israel know they are in trouble when they have to look to the New York Times editorials for more favorable treatment than the Times news columns are giving the Jewish state. So it's illuminating this morning to read the lead Times editorial, which says, "Yesterday the pope visited Quneitra, a city in the Golan Heights that Syria chose for political reasons. It maintains that the city was razed by Israel in 1974 before being returned to Syria, which Israel disputes."

Oh -- so it turns out that the razing of Quneitra is just something that Syria "maintains" and that Israel "disputes." That must come as news to those who rely on the news columns of the Times for their information.

Here is how a New York Times news article from Damascus on May 6, 2001, described Quneitra: "a city in the Golan Heights captured by Israel in the 1967 war and destroyed before it was returned in 1974, and which Syria has preserved as a museum of Israeli brutality." Nothing there about the facts of the matter being disputed. No attribution, even. The Syrian claim is stated as simple historical fact.

Here is how a New York Times news article from Damascus on May 7, 2001, described Quneitra: "a city on the Golan Heights that was captured by Israel during the June 1967 Arab-Israeli war and destroyed just before the area was returned under a 1974 agreement. Syria has left it ruined as a museum of Israeli aggression." Again, nothing about the facts of the matter being disputed. Again, no attribution.

The claim that Israel "razed" the town before returning it, in a demonstration of "aggression" or "brutality," is false. The town was destroyed by war, not by Israelis deliberately wrecking it before giving it back to Syria. As the book "Myths and Facts" notes, in the 1973 Yom Kippur War, Quneitra "was shelled and captured by Syrian troops, retaken by Israelis, and then defended against intense Syrian counter attacks. Tanks roamed through the town, between and through buildings." The book also reports that Quneitra "also suffered damage from 81 days of artillery duels that preceded the disengagement." The book also cites a May 5, 1974, dispatch from Quneitra published in the Times of London, which reported the town "is in ruins and deserted after seven years of war and dereliction. It looks like a wild west town struck by an earthquake. . . Nearly every building is heavily damaged and scores have collapsed." That dispatch is dated weeks before the May 31, 1974 separation-of-forces agreement between Israel and Syria that provided for an Israeli withdrawal from Quneitra.

If the Times news department is going to pass along these groundless Syrian allegations of Israeli brutality and aggression, the least it could do is be as fair as the editorial writer (which is to say, minimally) and report that Israel disputes them.

May 8, 2001 - Tzemach David.org - Zichron Mordechai

 

*

 

 -Antes, preguntaste qué cosas más tuvimos ocasión de ver. ¿Recuerdas?

-Por supuesto.

-Te conté algunas, pero quiero agregar otra muy agradable a la vista y al espíritu; vimos con mucho placer, mujeres israelitas, oriundas de esta tierra, bellas, bellísimas; dueñas de un cutis bronceado mediterráneo, y unos ojos claros, color verde esmeralda. Amigo, en ningún tiempo imaginé dar con tal estética humana en esta región del mundo; sinceramente debo decir que estaba equivocado; tenía una percepción errada acerca de la figura femenina israelita. 

 

 

 

8

 

 

-A más del deleite espiritual observamos otros dos aspectos que califican a una nación: el primero de ellos, que distingue a la inteligencia, a la habilidad y a la destreza de los profesionales israelitas, es el modelo de proyecto racional concebido para obtener un segmento del mercado internacional de productos perecederos y su puesta en práctica con éxito, a pesar de lo dificultoso del entramado de un trabajo de ese clase desde su concepción hasta su ejecución.

-Es verdad, Ale; ese éxito diferencia a los profesionales de tu país Efraín. Tú no puedes imaginar, porque no es tu campo de acción, lo que implica llevar a cabo un proceso de amplio espectro, que comienza en la finca de los productores de diferentes zonas (atendiendo sus requerimientos de insumos, transporte, financiamiento, etc.); que sigue por los centros de acopio auxiliares, por el centro de acopio central, por las tareas de reclasificación, de empaque, de redistribución por destino, por carga aérea y embarque a horarios actualizados; y que, diríamos, termina (para volver a empezar) en los escritorios de los encargados comerciales. Ese trabajo que con la precisión de un reloj suizo llevaron a cabo, permitió a Israel liderar el comercio internacional de flores, frutos y otros productos más.

-El segundo de ellos –retomando la palabra siguió Ale diciendo-, es verdaderamente trascendental, porque hace a la esencia del ser humano, hace honor a los ciudadanos de muchos países, a los judíos que sufrieron y a los que demostraron su gratitud; hablo del Yad Vashem Holocaust Memorial de Jerusalén. De lo que he visto acerca del holocausto, me ha quedado en la retina y en la conciencia, las imágenes fotográficas de los niños, de las mujeres y de los hombres (jóvenes y ancianos) sufrientes, hambrientos, escuálidos, con el miedo y el interrogante en sus ojos; de los enseres, de las vestimentas y de los  objetos recuperados de los campos de concentración nazis. Las imágenes, no miento, me produjeron escalofrío, aflicción, estremecimiento, tristeza, y sentimiento de vergüenza por el crimen ajeno. Ese comportamiento asesino, me trae a la memoria las palabras de mi profesor de ética y moral: “la actividad del hombre transciende la simple tarea de vivir y trabajar; porque también instituye las instituciones morales, políticas y religiosas, que en conjunto rigen su vida, obligándolo a acomodar su conducta a estos principios. La conciencia moral es un hecho real, inconmovible, que puede ser calificado y calificar los actos del ser humano, actos que dependen de su voluntad buena o mala; voluntad que siendo libre hace que el hombre sea el que decida entre lo que su conciencia moral le dice, y lo que la flaqueza humana lo lleva a hacer; el ser humano no es ciego a los valores morales de manera que es el único responsable de sus hechos”. Estimado amigo Efraín, por esa enseñanza gracias a Dios recibida, puedo afirmar que ninguna clase de creencia de superioridad, fobia, aversión, religión, política, mandato superior, pueden validar tamaña masacre humana; y ni tan siquiera el geniecillo maligno de Descartes, puede desligar la responsabilidad de los actores morales y activos de la matanza y el sufrimiento de los judíos indefensos, durante la 2da Guerra Mundial (ni de todos los no judíos, por añadidura). No sé que tú piensas, pero yo siempre creí en el poder de absorción y autocuración del ser humano; y la demostración de su existencia la comprobé nuevamente cuando el amargor y el disgusto que tenía, fue desapareciendo a medida que recorría, y me detenía a leer los nombres de los Justos de las Naciones y sus países de origen, inscriptos en las placas situadas al pie de los algarrobos (plantados por algún(os) “Virtuoso(s) entre los Gentiles”). El Memorial, expresa con altísima dignidad el sentimiento de estima y correspondencia del pueblo judío por el beneficio recibido, y con honor, respeto y reverencia, la disposición del alma de los Virtuosos por obrar acciones conformes a la moral que permitieron salvar vidas humanas. 

 

*

Acerca de los Justos de las Naciones

En un mundo de debacle moral generalizada, hubo una pequeña minoría que supo desplegar un extraordinario coraje para mantener los valores humanos en pie. Ellos fueron los Justos de las Naciones, que remaron contra la corriente general de indiferencia y hostilidad que prevaleció durante el Holocausto. Contrariamente a la tendencia generalizada, estos salvadores veían a los judíos como seres humanos comunes y corrientes, incluidos dentro de su universo de obligaciones.

La mayoría de los salvadores comenzaron como observadores pasivos. En muchos casos el cambio ocurría cuando eran confrontados con la deportación o la matanza de judíos. Algunos habían permanecido indiferentes en las etapas tempranas de la persecución, cuando los derechos de los judíos eran restringidos y sus propiedades confiscadas, pero llegó un punto en el que decidieron actuar, una barrera que no estaban dispuestos a cruzar. A diferencia de otros, ya no pudieron consentir con las crecientes medidas que afectaban a los judíos.

En muchos casos eran los judíos los que se dirigían a los gentiles en busca de ayuda. No sólo los salvadores manifestaron ingenio y coraje, sino también los judíos luchaban por su supervivencia. Wolfgang Benz, quien realizara una exhaustiva investigación sobre el rescate de judíos durante el Holocausto, sostiene que, al escuchar las historias de salvataje, las personas rescatadas pueden ser vistas como meros objetos de cuidado y caridad. Sin embargo, “el intento de sobrevivir en la clandestinidad era, antes que nada, un acto de autoafirmación y un acto de resistencia judía contra el régimen nazi. Sólo unos pocos tuvieron éxito en dicha resistencia”.

En el encuentro con judíos llamando a sus puertas, los observadores pasivos debían tomar una decisión inmediata. Ésta era a menudo un gesto humano instintivo, un impulso irreflexivo, seguido sólo después por una elección moral. Frecuentemente se trataba de un proceso gradual, en el que los salvadores se involucraban de modo creciente en la ayuda a los judíos perseguidos. El consentimiento a ocultar a alguien durante una redada – proveyendo refugio por un día o dos hasta encontrar otro lugar- podía convertirse en un rescate de meses e incluso años.

El precio que los salvadores debían pagar por su acción difería de un país a otro. En Europa Oriental, los alemanes ejecutaban no sólo a las personas que ocultaban judíos, sino también a toda su familia. Los nazis colocaban por doquier avisos de advertencia contra la ayuda a judíos. En general, el castigo era menos severo en Europa Occidental, aunque también allí las consecuencias podían resultar terribles, y algunos de los Justos de las Naciones fueron encarcelados y asesinados en campos de concentración.

Además, a la luz del trato brutal dado a los judíos y la determinación de parte de los perpetradores de dar caza hasta al último de los judíos, las personas debían temer grandes sufrimientos si intentaban ayudar a los perseguidos. En consecuencia, los salvadores y sus protegidos vivían en constante temor de ser apresados; existía el continuo peligro de ser denunciados por vecinos o colaboracionistas. Esto incrementaba el riesgo y dificultaba a las personas del común el desafiar las convenciones y las reglas. Aquellos que decidían dar refugio a judíos debían sacrificar sus vidas normales y emprender una existencia clandestina -a menudo contra las normas aceptadas por la sociedad en que vivían, temiendo a sus vecinos y amigos- y aceptar una vida regida por el pavor a la denuncia y la captura.

La mayoría de los salvadores eran personas corrientes. Algunos actuaban por convicción política, ideológica o religiosa; otros no eran idealistas, sino meros seres humanos a los que les importaba la gente a su alrededor. En muchos casos nunca planearon convertirse en salvadores, y no estaban en absoluto preparados para el momento en el que debieron tomar una decisión de tan largo alcance. Eran seres humanos comunes, y es precisamente su humanidad la que nos conmueve y la que debiera servir de modelo. Hasta ahora, Yad Vashem ha reconocido a Justos de 44 países y nacionalidades; hay entre ellos cristianos de todas las denominaciones e iglesias, musulmanes y agnósticos, hombres y mujeres de todas las edades; provenientes de todos los estilos de vida; altamente educados, así como campesinos analfabetos; figuras públicas y marginales; citadinos y granjeros de los más remotos rincones de Europa; profesores universitarios, maestros, médicos, clérigos, enfermeras, diplomáticos, trabajadores no calificados, sirvientes, miembros de la resistencia, policías, pescadores, un director de zoológico, el propietario de un circo, y muchos más.

Los investigadores han intentado rastrear las características que estos Justos comparten y de identificar quién sería aquel que se convertiría en salvador de judíos o a de una persona perseguida. Algunos sostienen que los Justos son un grupo diverso y que el único común denominador es la humanidad y el coraje que pusieran en juego en la defensa de sus principios morales. Samuel P. Oliner y Pearl M. Oliner han definido la personalidad altruista. Al comparar y contrastar a los salvadores con los observadores pasivos durante el Holocausto, señalaron que aquellos que decidieron actuar compartían características tales como la empatía y un gran sentido de conexión con los demás. Nehama Tec, quien también estudiara diversos casos de Justos, halló un conjunto de características y condiciones comunes, relativas a su aislamiento, individualismo y marginalidad. Su independencia les permitía actuar contra las convenciones y creencias aceptadas.

Ser observador pasivo era la regla; rescatar era la excepción. Por más difícil y atemorizador que fuese, el hecho de que algunos hubieran hallado el coraje para convertirse en salvadores demuestra la existencia de cierta libertad de elección, y que el salvataje de judíos no estaba fuera de la capacidad de las personas comunes a lo largo de la Europa ocupada. Los Justos de las Naciones nos enseñan que cada persona puede marcar la diferencia.

Existían distintos grados de ayuda: algunos daban alimentos a los judíos, deslizando una manzana en sus bolsillos o dejando comida donde estaban por pasar de camino a su trabajo. Otros derivaban a los judíos a personas que pudieran ayudarlos; algunos les daban refugio por una noche y les decían que tendrían que partir por la mañana. Sólo unos pocos asumían la total responsabilidad por la supervivencia de los judíos. Son los miembros de este último grupo, en particular, los que cumplen los requisitos para el título de Justo de las Naciones.

Principales formas de ayuda ofrecida por los Justos de las Naciones:

Ocultamiento de judíos en los hogares de los rescatadores o en sus propiedades

En las áreas rurales de Europa Oriental eran cavados guaridas o “bunkers“, como se los llamaba, debajo de casas, tambos o establos, donde los judíos pudieran ocultarse. Además de la amenaza de muerte que pendía sobre las cabezas de los judíos, las condiciones físicas en lugares tan oscuros, fríos, faltos de aire y hacinados durante largos períodos de tiempo eran difíciles de soportar. Los salvadores, también ellos aterrorizados, tomaban a su cargo las tareas de proveerles alimentos –una hazaña nada fácil para familias pobres en tiempos de guerra- retirar los excrementos y atender todas sus necesidades. Los judíos eran ocultos también en áticos, escondites en los bosques y en cualquier lugar que les pudiera ofrecer refugio, tales como cementerios, cloacas, jaulas de animales en zoológicos, etc. A veces, los judíos ocultos eran presentados como no judíos, como parientes o niños adoptados. También se ocultaban en apartamentos en ciudades, y los niños eran ubicados en conventos, donde las monjas ocultaban su verdadera identidad. En Europa Occidental, los judíos eran ocultos mayormente en hogares, granjas o conventos.

Falsificación de documentos e identidades

Con el fin de asumir la identidad de no judíos, quienes huían necesitaban documentos falsos y asistencia para establecer una existencia bajo una nueva identidad. Los salvadores en este caso eran falsificadores, o funcionarios que emitían documentos falsificados, clérigos que fraguaban certificados de bautismo, y algunos diplomáticos extranjeros que emitían visados o pasaportes, contrariando las instrucciones y la política de sus países. A fines de 1944, diplomáticos en Budapest emitieron salvoconductos e izaron sus banderas en edificios enteros, de modo de poner a los judíos bajo la inmunidad diplomática de sus países. Algunos salvadores alemanes, como Oskar Schindler, utilizaron falsos pretextos para proteger a sus trabajadores de la deportación, argumentando que los judíos en cuestión eran requeridos por el ejército para el esfuerzo de guerra.

Traslado clandestino y asistencia para la fuga

Algunos salvadores ayudaron a los judíos a salir de una zona de especial peligro hacia un lugar menos riesgoso. Sacaban a los judíos de guetos y prisiones, los ayudaban a cruzar fronteras hacia países no ocupados o a áreas donde la persecución era menos intensa, por ejemplo a la Suiza neutral, a zonas controladas por los italianos desde las cuales no se producían deportaciones, o a Hungría antes de la ocupación alemana en marzo de 1944.

El rescate de niños

Los padres enfrentaban desgarrantes dilemas a la hora de separarse de sus hijos y entregarlos a manos ajenas, en la esperanza de aumentar sus posibilidades de supervivencia. A veces, los niños abandonados luego que sus padres fueran asesinados, eran amparados por familias o conventos. En muchos casos eran individuos particulares los que decidían amparar a un niño; en otros, y en algunos países, en especial en Polonia, Bélgica, Holanda y Francia, existían organizaciones clandestinas dedicadas a hallar hogares para los niños, proveían fondos, alimentos y atención médica, y se aseguraban de que fueran bien atendidos.

YAD VASHEM.ORG

Estos números no son necesariamente un indicativo del número de judíos salvados en cada país, sino un reflejo de las acciones de rescate que han llegado al conocimiento de Yad Vashem.

Albania        68                              Letonia                        111

Armenia                         10                             Lituania                          723

Austria                           85                             Luxemburgo                  1

Bielorrusia                     587                           Macedonia                    10

Bélgica                           1,476                        Moldova                        73

Bosnia                            35                             Montenegro                  1

Brasil                              2                               Holanda **                   4,863

Bulgaria                         18                             Noruega                         42

Chile                               1                               Polonia                           6,066

China                              2                               Portugal                         1

Croatia                           106                           Rumania                         54

Republic Checa            118                           Rusia                              124

Dinamarca*                   22                             Serbia                             127

Estonia                           3                               Eslovaquia                    478

Francia                           2,833                        Eslovenia                       6

Georgia                          1                               España                           4

Alemania                       455                           Suecia                            9

Gran Bretaña
(Incl. Escocia)               14                             Suiza                               44

Grecia                             279                           Turquía                          1

Hungría                          703                           Ucrania                          2,213

Itlia                                 442                           Estados Unidos            3

Japón                             1                               Vietnam                          1

TOTAL   22.216

* El movimiento clandestino danés solicitó que todos sus miembros que participaron en el rescate de la comunidad judía no sean listados por separado sino conmemorados como un grupo único.

**Incluye dos personas  originalmente de Indonesia pero residentes en Holanda.

List of Righteous among the Nations by country

Country of origin

Poland (Total: 6,135) Main article: Polish Righteous among the Nations

Netherlands (Total: 4,947) Miep Gies , Corrie ten Boom, Frits Philips, Johan Benders & his wife, Gerritdina Benders-Letterboer, Johan Hendrik Weidner, Victor Kugler, Jaap Penraat, Jan Zwartendijk Saved 3 000, Alida Bosshardt, also known as Majoor Bosshardt, Liesbeth en Ariën Visscher-Valckenier Suringar, Marion Pritchard, Jacobus Rijnbout & his wife Eelkje Hattuma, honored posthumously on April 20, 2004, Jan Roorda and his wife Rien Roorda , Dirk van Schaik , The Sietsma brothers, Hein & Henk , Joop & Wilhelmina Westerweel, Joop Woortman & Jaap Musch, from the N.V. Group, Jan Giliam, Clara Dijkstra, Petrus & Afra Dubelaar, Amsterdam North, and Hendrikus & Alida Dubelaar, Santport; from the Westerweel Group. [Hidden: Sam Goldberg, mother, grandmother], Barent Binnenkant, Dr. Gerrit J. ten Zythoff, Dirk Boonstra.

France (Total: 2,991) Pierre Granal and his wife, Rose Granal, André and Magda Trocmé, Alexandre Glasberg & his brother Vila Glasberg (Victor Vermont), Edouard Theis, René and Hélène Bindel, their son Jean, and Clotilde Pava, Jacques Ellul (2001), Camille Ernst, Father Pierre-Marie Benoit, Father Jean Fleury, Marie-Rose Gineste, Pierre-Marie Gerlier, Cardinal of Lyon (1981), Dr. Adélaïde Hautval, Jean Deffaugt Raoul Laporterie, Pastor Jean Séverin Lemaire, Gilbert Lesage, Anne-Marie Mingat and Marthe Lerme, Germaine Ribière, Mother Maria, Archbishop of Toulouse, Monseigneur Jules-Géraud Saliège, Bishop of Montauban, Monseigneur Pierre Marie Théas, Edouard Vigneron, Marc Boegner.

Ukraine (Total: 2,246) Maria Podolian and her mother, Nikolay Leschinger, Yekaterina Panchenko Movchan, Raisa Makarevich and her mother, Feokla Levitkaya.

Belgium (Total: 1,512) Joseph André (1908-1973), Catholic priest of Namur, Queen Elisabeth of the Belgians, Andree Geulen-Herscovici, Jean-Baptiste Janssens (1889-1964), Superior General of the Jesuits, Alphonse Lambrette (1884-1970), Jean & Editj Maertens de Noordhout, Jeanne de Mulienaere, Yvonne Nevéjean, Henri Reynders, Marie Taquet-Martens and her husband, Major Emile Taquet, Father Henri Van Oostayen (1906 -1945).

Lithuania (Total: 761) Jonas Paulavicius, Ona Simaite

Hungary (Total: 725) József Antall (the father of the prime minister of 1990), Vilmos Apor, Zoltan Bay, Kálmán Ferenczfalvi, Béni Ferenczy and his wife, Lajos Gidófalvy, Béla Király, Katalin Karády (actress), Áron Márton (Roman Catholic bishop Transylvania), Michnai László, Maria Olt, Géza Ottlik (novellist) and his wife, Sister Sara Salkahazi, Margit Slachta(the first female Member of Parliament in Hungary, the founder of The Society of the Sisters of Social Service - Societas Sororum Socialium), Gábor Sztehlo.

Belarus (Total: 587) 01.01.2007 — 576 Righteous , 01.01.2008 — 587 Righteous.

Slovakia (Total: 465)  bl. Pavol Peter Gojdič, Dr. Michal Majercik and his

wife Anna, Marta Haasová.

Germany (Total: 455) Oskar and Emilie Schindler, Karl Plagge, Hermann Friedrich Graebe, Wilm Hosenfeld Bernhard Lichtenberg, Hermann Maas, Armin T. Wegner, Baron Friedrich Carl von Oppenheim, Hans von Dohnanyi, Karl Gröger, Hugo Armann, Eberhard Helmrich, Joseph Höffner & sister Helena, Elisabeth Abegg, Adolf and Maria Althoff, Dr. Albert Battel, Major Max Liedtke, Berthold Beitz, Dr. H.G. Calmeyer, Loni and Albert Harder, Dr. Gertrud Luckner, Dr. Otto and Gertrud Mörike, Alfred Rossner, Captain Gustav Schroeder, Dr. Helmut and Annemarie Sell, Otto Weidt, Maria von Maltzan, Father Alfred Delp,SJ, Heinz Drossel.

Italy (Total: 417) Father Arrigo Beccari, Father Aldo Brunacci, Sister Ester Busnelli, Sister Cornelia Cordini, Father Antonio Dressino, Father Leone Maria Ehrhard, Cardinal Vincenzo Fagiolo, Odoardo Focherini, Mother Elisabetta Hesselblad (2004) ,Prof. Arturo Carlo Jemolo Pietro Lestini and his daughter, Giuliana Lestini, Francesco Moraldo, Dr. Giusseppe Moreali, Father Rufino Niccacci, Monsignore Giuseppe Nicolini, Giovanni Palatucci, Cardinal Pietro Palazzini, Giorgio Perlasca, Lorenzo Perrone, Monsignore Angelo Rotta, Apostolic Nuncio to Hungary (1997), Father Emanuele Stablum Gaetano Tantalo, Carlo Travaglini.

Greece (Total: 271) Princess Alice of Greece, Archbishop Damaskinos, Dr. Nikolaou Kostas, Bishop Chrysostomos of Zakynthos, Angelos Evert, head of Athenian police, Loukas Carrer mayor of Zakynthos, Archbishop Ioakim of Volos, Yerassimos Paloumbis Kephalonia, Princess Helen of Greece and Denmark.

Serbia (Total: 124)

Russia (Total: 124) Tatiana Zelenskaya, Nikolay Kiselev.

Croatia (Total: 106) See Croatian Righteous Among the Nations.

Latvia (Total: 103) Janis Lipke.

Austria (Total: 85) Dorothea Neff , Gottfried von Einem.

Romania (Total: 53) Viorica Agarici,Traian Popovici

, Raoul Şorban, Prince Constantin Karadja [1], Romanian diplomat.

Norway (Total: 41) For a complete list, see Norwegian Righteous Among the Nations, Ingebjorg Sletten, Nic Waal, Nina Hasvold, Gerda Tanberg, Martin Solvang, Ola Rauken, Ola Breisjøberget, Sigrid Helliesen Lund, Per Faye-Hansen.

Switzerland (Total: 38) Paul Grueninger, Carl Lutz, Friedrich Born, Ernst Prodolliet, Elizabeth Eidenbenz.

Denmark (Total: 22) The Danish Underground requested that all its members who participated in the rescue of the Danish Jews should not be listed individually, but commemorated as one group, according to the Righteous among the Nations website.

Bulgaria (Total: 17) Dimitar Peshev, Dimo Kazasov, Metropolitan Stefan Metropolitan Kiril.

United Kingdom (Total: 14) Charles Coward, Frank Foley, Jane Haining (the only Scot on the list), Albert Bedane, June Ravenhall. 

Armenia (Total: 10) Jeretzian, Ara (1981), Kisheshyan, Arut & Zagoruiko Natalia; daughter Almaza (2003) Mkrtchyan, Vartan; mother Arakel (1999), Shakhbazyan, Knarik (1999), Tadschjian, Aram & Felicia (1992), Tashchyan, Grigori and Pran; children: Asmik and Tigran (2002).

Sweden (Total: 9) Raoul Wallenberg - Secretary of the Swedish Legation in Budapest 1944-45 (Recognised in 1963),Valdemar & Nina Langlet - Swedish Red Cross delegates in Budapest, 1944-45 (Recognised in 1965), Per Anger - Secretary of the Swedish Legation in Budapest 1944-45 (Recognised in 1980), Lars Berg - Swedish Consul in Budapest 1944-45 (Recognised in 1982), Carl Ivan Danielsson - Swedish Ambassador in Budapest 1944-45 (Recognised in 1982), Erik Myrgren - Priest at the Swedish Church in Berlin in 1944-45 (Recognised in 1986), Elow Kihlgren - Swedish Honorary Consul in Genoa in 1944 (Recognised in 2001), Erik Perwe - Vicar of the Swedish Church in Berlin 1942-44 (Recognised in 2006).

Slovenia (Total: 6) Ivan Breskar, Zora Piculin, Andrej Tumpelj, Uroš Žun, Ivan and Ljubica Župančič.

Turkey Selahattin Ulkumen, Turkish consul-general (Rhodes), Necdet Kent, Turkish consul-general Marseilles France, Namik Kemal Yolga, Turkish vice-consul, Turkish Embassy, Paris Known as Turkish Schindler.

Spain (Total: 2) Angel Sanz Briz, Eduardo Propper de Callejon.

Estonia (Total: 3) Uku Masing.

USA (Total: 3) Varian Fry, Emergency Rescue Committee representative in France, Martha Sharp, Waitstill Sharp.

China (Total: 2) Pan Jun Shun, Ho Feng Shan.

Brazil (Total: 2) Luiz Martins de Souza Dantas, Aracy de Carvalho Guimarães Rosa.

Chile Maria Edwards McClure.

Ireland Hugh O'Flaherty.

Iran Abdol Hossein Sardari.

Japan Chiune Sugihara, Japanese Consul (Kovno, Lithuania), saved at least 10 000.

Luxembourg Victor Bodson Minister of Justice.

Portugal  Aristides Sousa Mendes Portuguese  cónsul - general - (Bordeaux)

issued thousands of visas in order to allow 30,000 people, including 12,000 Jews to escape the Nazis.

The total of the Righteous Among the Nations recognized by Yad Vashem, Jerusalem, as of January 1, 2008 is 22,211.

 

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Me parece, este momento, adecuado para relatar  un suceso curioso, sólo conocido por los miembros de mi familia y de algunos amigos íntimos. El hecho fue el siguiente: Un día mi padre, médico de profesión, ex profesor de la Facultad de Medicina, investigador privado y de los Laboratorios Enzipharm de Holanda, fundador y ex director del 1er Centro de Alergia del país (las aclaraciones las hago con el objeto de dejar bien sentado que el mismo no era una persona a quién se le pudiera poner en tela de juicio su sano entendimiento de las cosas), me invitó, como hijo mayor, a su consultorio para contarme algo que había acontecido. Me explicó que la mañana del día anterior, había llegado un paciente, muy introvertido, con problemas de salud; y que cuando terminó de explicarle el tratamiento a ser seguido, y a aclararle que las vacunas que se las iba a aplicar, eran elaboradas por él mismo y formuladas en base a sus trabajos de investigación; el paciente prorrumpió moderadamente con una serie de preguntas muy técnicas, propias de un profesional de la salud. Al día siguiente, el susodicho paciente le preguntó a mi padre en que otras investigaciones estaba trabajando; y mi padre le comentó que estaba experimentando con el lisado de órganos y placenta que preparaba en su laboratorio, y que además estaba utilizando la organoterapia en tratamientos específicos; mi padre, cuando ya tuvo una idea formada, de propósito llevó la conversación a una profundidad tal que solamente podía ser entendida, por entonces, por un médico que trabajó en investigaciones, al igual que él. Durante la tercera visita del paciente a su consultorio, estando éste algo más distendido, mi padre prosiguió con su análisis acerca de la intelectualidad del individuo; y en la cuarta visita, cuando ya había unido los datos recopilados, con las conversaciones efectuadas, y había dejado de tener dudas, le encaró a su paciente diciéndole: “¡Usted es el doctor Mengele! ¡Ninguna otra persona, que yo conozca, puede tener semejantes conocimientos en las áreas investigativas sobre las que hemos conversado profundamente!”. El paciente, alemán, oriundo supuestamente de las colonias alemanas del sur del país, enrojeció, y con las dificultades propias del enervamiento producido por la afirmación, se retiró del consultorio, sin decir palabra alguna; y jamás volvió a aparecer. En ese entonces, los rumores sobre la presencia de Mengele en el país era tratado a “sotto voce”, porque se sospechaba que el gobierno lo protegía. La denuncia acerca de la presencia de Josef Mengele fue hecha en la policía, pero nunca se tuvo respuesta. Yo personalmente (juro que lo hice) escribí una carta (en ese tiempo aparte del teléfono no existía otro medio de comunicación), comentando el hecho a una de las oficinas de Simón Wiesenthal, si la memoria no me esconde, de Suiza; desconozco si la carta salió del país o no, porque en esa época toda correspondencia “sospechosa” era revisada; además el apellido de mi padre estaba fichado en la policía política del país.

                                  

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De ex profeso y por considerar que datos de este tipo deben ser de dominio público y difundidos, se transcriben párrafos de lo que en este tiempo actual se puede leer, en cualquier sitio web, sobre este criminal de guerra.

 

                                   *

Josef Rudolf Mengele (Günzburg, Baviera; 16 de marzo de 1911Bertioga, Brasil; 7 de febrero de 1979) fue un médico y criminal de guerra nazi, especialmente conocido por sus experimentos con seres humanos en el campo de concentración y exterminio de Auschwitz, que ocasionaban la muerte de éstos en la mayoría de los casos.

Dicho interés radicaba en las profundas influencias inculcadas por Otmar von Verschuer y Ferdinand Sauerbruch del Instituto Kaiser Wilhelm de Genética y Eugenesia, donde se embebió de los conceptos de herencia y raza pura y el problema judío era el núcleo de las discusiones.

“…Mengele fue advertido de esta situación y se escapó de Buenos Aires. Una de las personas que advirtieron a Mengele era Hans-Ulrich Rudel, el célebre piloto de Stuka que era cliente de la compañía de Mengele. A Rudel, sus buenas relaciones con el gobierno del Paraguay le habían permitido tener amistad con el dictador Alfredo Stroessner, presidente de esa nación, y así se permitió aceptar a Mengele en ese país”.

“Tras esconderse algún tiempo en Günzburg y luego en Baviera, Mengele partió hacia América del Sur, concretamente hacia Hohenau (Paraguay), en 1949, donde muchos otros oficiales nazis huidos y ayudados por la organización ilegal ODESSA habían llegado y encontrado refugio”.

 

“En 1959 Mengele vivió en Paraguay en forma muy modesta como inquilino de una familia alemana, los costes de manutención eran pagados por la empresa Mengele en Alemania hasta 1960; sin embargo, debido a ciertos conflictos de faldas, de carácter y, principalmente, a la persecución de Klaus Barbie, los miedos alimentaron la paranoia persecutoria de Mengele (no sin razón, pues le buscaban) y se trasladó al Brasil para vivir bajo el alero de otra familia de origen alemán, también subvencionada por la compañía Mengele, bajo el nombre de Pedro Gerhard. Luego se independizó y se trasladó a una favela, donde vivió en una modestísima cabaña”.

 

“Cuando alguna persona muy cercana le interrogaba sobre su infausto pasado, solía decir que él se limitaba a seleccionar sólo a personas aptas para el trabajo y que no mató a nadie”.

“A pesar de los esfuerzos internacionales en rastrearle, jamás fue detenido y vivió impunemente durante 35 años bajo diversas identidades falsas. La captura y secuestro ilegal de Adolf Eichmann, juzgado en Israel, alimentó los miedos de Mengele y sus continuos movimientos y el Mossad le persiguió durante algún tiempo, pero los esfuerzos de Israel se dirigieron hacia la normalización de las relaciones con Paraguay y a la lucha contra enemigos más cercanos”.

“En 1979, su estado de salud estaba en franco deterioro y la familia alemana que le asistía lo invitó a refrescarse en una playa de pendiente muy suave, Bertioga, y Mengele accedió. Cuando algunos miembros se introdujeron en la playa, Mengele los siguió hasta alcanzar una distancia adentro del mar de unos 100 metros y de escasa profundidad y, entonces, por motivos confusos y extraños, se ahogó, a pesar de que uno de los amigos llegó pronto a darle auxilio. En cuanto a las causas de la muerte, se especuló que pudieron ser desde calambres, ataque cardíaco, mareos, etc. hasta muerte provocada. La versión oficial es que "se golpeó con un madero mientras nadaba en una playa llamada Bertioga y se ahogó". Lo que causa extrañeza es que Mengele no sabía nadar”.

 

“Fue enterrado en un cementerio en Embu con un nombre falso, Wolfgang Gerdhard, con la asistencia de su hijo Rolph. Ningún miembro más directo de su familia asistió”.

 

“En 1985, seis años después, sus restos fueron exhumados e identificados en medio de una mediática presión de Israel, EE.UU., Wiesenthal y otros grupos antinazis. La identificación de los restos, si bien no fue concluyente en un ciento por ciento, resultó satisfactoria para quienes lo buscaban. Un defecto dental que poseía Mengele en sus dientes superiores frontales fue comprobado, además de coincidir en edad y estatura”.

Es. Wikipedia.org/Josef Mengele.

 

 

 

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            La siguiente excursión fue al Mar Muerto; viaje muy esperado por todos. Por fin conoceríamos el accidente geográfico más mentado de la corteza terrestre, ubicado dentro de la gran depresión tectónica que va desde Turquía hasta los grandes lagos del África central (desde la Beqa’a libanesa, el valle del Jordán, la Arabá, el Mar Muerto, Abisinia y lagos del Afríca); situada en la región árida y montañosa de Judea. Describir en palabras la región de Judea es harto difícil, pero se podría ejemplificar de la siguiente manera: es como un pliego de papel madera extendido a medias, después de haber sido arrugado con las manos; como aquellos que hacíamos en nuestra niñez para simular colinas, cerros y valles en los pesebres. El más eufórico de todos nosotros era don Victorino, que en tal tiempo se denominaba a sí mismo: “El uruguayo de los siete mares”; éste “viejito” gran compañero, estaba tan a gusto, con un estado de ánimo tan complacido, que al minuto de haber descendido del bus ya se encontraba en la orilla, en pantaloncillos, admirando el mar. El color verde-azulado, la transparencia y la quietud del agua hicieron que el viejito de los siete mares, quisiera sumar uno más al calificativo que lo distinguía, sin antes haber prestado atención a las precauciones que estaban siendo dadas por Marcos.

Hey, colombiano…, ven rápido, que así seremos los primeros en entrar!-Victorino, dio un grito a su compañero de cuarto.

-¡Espérame un tantico, que te alcanzo!

Como dos chicuelos, ambos emprendieron un trotecito muy pintoresco y se metieron al agua. Olivares, no había sumergido tan siquiera las rodillas, cuando pegó un grito que alarmó a los que estaban a su alrededor, y más aún a Marcos, nuestro coordinador, que a esa altura era uno más del grupo.

-¡Que pasa contigo!-chilló Marcos.

-¡La con…de su madre, cómo duele esto!

-¡Sal de inmediato del agua, y ven aquí Olivares!-le ordenó riéndose, Marcos.

Hijoeputa!… ¡Profesor, algo me mordió en el agua!

-¡Qué te pudo haber mordido, si en ésta agua no existe ningún ser vivo!-contestó Marcos.

Olivares, se sentó en el suelo mientras Maldonado le traía en un recipiente agua dulce de la ducha más cercana; Marcos, tomó la jarra y derramó el contenido sobre el pié dolorido.

Ahh! -exclamaba Olivares, a medida que el agua pura se escurría entre los dedos de su pié izquierdo- ¡Qué alivio, profesor!

-¡Y qué cochino eres compadre! ¡Esos pies tuyos avergüenzan a la patria! –chicaneó su compatriota.

Todo el suceso, se debió a que Olivares de tanto llevar puestas las zapatillas de tenis, tenía los pliegues interdigitales profundamente agrietados a causa de los hongos; y a que al entrar las mismas en contacto con el agua súper salada, le produjeron un dolor similar al que se siente cuando se echa algunas gotas de alcohol sobre una herida abierta. Ni los gritos, ni el apiñamiento de personas junto a Olivares, hicieron que don Victorino saliera del agua.

-¡Chicos, miren como leo el periódico! –gritó para llamar la atención don Victorino; que estaba dando “cumplimiento” a la tradicional costumbre de los turistas, de sostener un diario con ambas manos mientras flota de espaldas en las espesas aguas.

El ritual fue acompañado con aplausos, por parte de los compañeros y de las personas que estaban en el lugar; hasta que el viejito, ahora, de los ocho mares, no pudiendo mantener la posición, giró sobre sí y quedó con el rostro sumergido en el agua; con desesperación y chapoteando a más no poder, salió pidiendo auxilio y restregándose con furia los ojos.

-¡La reputa que lo parió…, los ojos me arden como si me hubiera tocado un “aguaviva” de mar!

-¡Don Victorino, esa boca suya! ¡A su edad es inconcebible decir esas cosas! –Laura, sorprendió al viejito.

-¡Escuchaste mal hijita…; reflauta no es una palabrota! ¡Dios sabe que yo no digo palabras indecentes!

-¡Vamos, don Victorino…, vos sabés que vivo enfrente!

Como era de esperar, todos hicimos un recuento de pié de atleta, de heridas, desde las más pequeñas hasta las imaginarias, y decidimos no entrar al glorioso Mar Muerto; eso sí, el barro maloliente, de olor pútrido, no pudo salvarse de nosotros. Todos, absolutamente todos, incluido Marcos, nos “enchocolatamos” de barro medicinal; en ese momento olvidamos por completo el olor de los pies de Olivares. Indudablemente la felicidad está compuesta de momentos celebérrimos como los que estábamos pasando.

                                  

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El mar Muerto, compartido por Israel y Jordania, tiene una superficie aproximada de 630 kilómetros cuadrados, 67 kilómetros de largo, un ancho máximo de 18, una profundidad máxima superior a los 300 metros y una altitud negativa (bajo el nivel del mar) de 400 metros; su salinidad es de aproximadamente 360 gramos por litro (diez veces superior al de los Océanos). Su barro tiene propiedades curativas debido a la gran cantidad de sales minerales que contiene. El barro de uso terapéutico está indicado para el tratamiento de enfermedades reumáticas, alérgicas, respiratorias, etc.; y el de uso cosmético para el rejuvenecimiento de la piel, para combatir la celulitis, la seborrea, las arrugas faciales y corporales. Se cuenta que los egipcios utilizaban el barro en el proceso de momificación de sus muertos, que Cleopatra (Reina de Egipto y amante de Julio César y de  Marco Antonio el Triunviro) lo usaba para conservar eximia su belleza, y que los romanos fueron los constructores de los primeros balnearios en la región.

 

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Del Mar Muerto, seguimos viaje hacia la fortaleza de Masada (Patrimonio de la Humanidad conferido por la Unesco), situada en el desierto montañoso de Judea, muy próximo al Mar Muerto; 20 kilómetros más al sur de la pequeñísima ciudad de Ein Gedí. Masada junto a Herodión (ambas construidas en la orilla occidental del Mar Muerto), y Maqueronte (construida en la orilla oriental del Mar Muerto) fueron las más importantes fortificaciones de amparo y defensa de los judíos contra el ejército romano. Masada es para los judíos un símbolo, algo semejante al Altar de los Héroes de otras naciones. La historia que nos transmitió Marcos, en la misma meseta donde ocurrieron los hechos (otrora gran palacio de Herodes) fue poco más o menos, la siguiente: “Después de la primera rebelión, o guerra, de los judíos contra los romanos, sobrevinieron los acontecimientos en Masada. La revuelta se inició en el año 66, cuando los griegos tras ganar una disputa legal a los judíos, acometieron contra éstos con actos de inusitada violencia (asesinatos masivos, destrucción de templos, apropiación de sus bienes, etc.), eventos de los que guarnición romana se mantuvo al margen; y terminó, casi definitivamente, luego del asedio y destrucción de la ciudad de Jerusalén, por parte del general Tito Flavio Vespasiano, futuro emperador de Roma (la caída de Jerusalén, según el historiador judío Flavio Josefo, en manos romanas costó la vida a 40.000 judíos, que fueron muertos siendo prisioneros). La fortaleza de Masada, antes de la destrucción de Jerusalén, estaba ocupada por los zelotes y los sicarios que habían huido de las matanzas entre judíos desatadas por las luchas internas entre los partidarios de Juan de Gischala (gobernante déspota de Jerusalén - zelote radical), Simón bar-Giora (líder zelote radical que con el pillaje hizo fortuna en la Galilea inferior) y Eleazar ben-Simón (políticamente contrario a ambos - zelote moderado). Los zelotes (celosos de Dios-nacionalistas radicales religiosos) y los sicarios (grupo sectario extremista que utilizaba el asesinato como medio), contrarios de los zelotes, que se fortificaron en Masada, Herodión y Maqueronte, fueron los que prosiguieron la guerra de hostigamiento a las tropas romanas después de la caída de Jerusalén, y llevaron todo el peso de la defensa de Masada, última fortaleza en ser derrocada. Después que el gobernador romano de Judea, Lucio Flavio Silva, luego de medio año de asedio y habiendo terminado de construir la rampa (agger romano) que facilitaría el asalto a Masada, decidió tomar la fortaleza con sus miles de soldados; y que los defensores sicarios concluyeron de que el asalto final llegaría en pocas horas más, el líder judío, Eleazar ben Ya'ir, reunió a sus hombres en el palacio, donde les propuso darse muerte entre ellos para evitar la desgracia y el deshonor de ser aprisionados y luego asesinados. Los hombres mataron a sus familias, y luego diez compañeros elegidos al azar quitaron la vida al resto; de entre los diez fue elegido uno, que fue el que puso fin a la vida de los otros nueve, y que antes de darse muerte quemó la fortaleza, sin dañar los depósitos de alimentos, abarrotados de víveres (aceite, dátiles trigo, vino, etc.) para demostrar a los romanos que sus muertes fueron por propia decisión. Por estos actos heroicos esta fortaleza tiene un significado trascendente para el nacionalismo judío. La lucha en Masada fue la última resistencia como nación judía antes de la Diáspora.

 

Al parecer la única versión existente de la época, es la que escribió el historiador judío Flavio Josefo (ex comandante de las fuerzas judías de defensa de la ciudad de Jotapata cuando el ejército romano invadió Galilea en el 67 d. C., y luego colaborador de los romanos), quién habría tomado el relato de las dos mujeres sobrevivientes de Masada.

 

No obstante tamaños hechos, la significación y el simbolismo, que para la gran mayoría de los judíos son aceptados como tales; existen otros (judíos) que discrepan con aquellos, aludiendo que fue un error conceptual, porque el suicidio y la muerte consentida no va de la mano con los principios religiosos; y una falta de astucia política, puesto que si hubieran negociado una paz, muchos judíos, de todas partes, no hubiesen muerto inútilmente. Un sostenedor significativo de épocas pasadas, de este último enfoque, es el historiador judío Flavio Josefo; y un sostenedor de la época presente es el arqueólogo israelí Ehud Netze, quien según Tom Mueller, en su artículo publicado el 01/XII/008 en el Nacional Geographic dice: <<Sin embargo, explica Netzer, cada día hay más judíos que consideran el valor suicida de los defensores de Masada como un acto de insensato fanatismo. “Muchos opinan que debieron negociar con los romanos, en vez combatir ciegamente hasta la muerte”>>.

 

Lo cierto y lo concreto es que hasta hoy día perduran los ecos de los sucesos y actos ocurridos en la Fortaleza de Masada.

 

Las opiniones nuestras, a mi juicio carentes de validez empírica por falta de hechos de esa naturaleza en nuestros países (por lo menos nadie hizo referencia a algo igual), pero llenas de validez espiritual, al igual que el sentir de los judíos, fueron respetuosas pero divergentes.

 

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Existen tantos relatos similares que hablan sobre el tema, que resulta difícil elegir uno de entre ellos para presentarlo a los que no tuvieron la suerte de estar en Masada; por ese motivo, por su gran difusión preferí tomar partes de lo escrito por Frederick Owen, en el Suplemento arqueológico de la Biblia Thompson de referencia, para transcribirlo a continuación.

 

“Masada es una de las fortificaciones naturales más sorprendentes del mundo. Es una magnífica meseta de 9,3 hectáreas, ubicada a 16 kms al sur de En-gadi y a 4 kms de de la costa occidental del Mar Muerto. Su forma es similar a la de un gran barco de 610 metros de largo por 309 de ancho en el medio, se estrecha gradualmente hasta formar dos angostos promontorios en los extremos septentrional y meridional. Sus costados están formados casi sin excepción de acantilados rocosos a una elevación de 305 metros sobre el estéril desierto de Judea y de 396 metros sobre las aguas del Mar Muerto.

Como era casi inaccesible y estaba bien retirada de las habituales rutas de viaje, fue fortificada originalmente por “Jonatán el sumo sacerdote”, como refugio real durante el siglo segundo a.C., cuando se llamó Masada.

En el año 40 a.C. Herodes huyó de Jerusalén y se refugió en Masada con su familia, para escapar de Matatías Antígono, que había sido coronado como rey por los partos…Así que después de su regreso de Roma, Herodes escogió Masada como su lugar de retiro y de refugio en caso de un posible ataque por parte de Cleopatra de Egipto, o en caso de que el pueblo judío intentara destronarlo y restaurar la dinastía anterior al poder.

Entre los años 36 y 30 a.C., Herodes rodeó la cima de la meseta con un gran muro de casamata blanco de 1.399 metros de largo, 6 metros de alto y 4 metros de ancho, con 3 puertas y 30 torres de defensa. El muro y las torres fueron revestidos con yeso blanco. Como su morada real erigió el Palacio Occidental, que era un enorme y maravilloso edificio con una sala para el trono, con habitaciones de recepción y de vivienda con lujosos baños, con pisos de mosaicos de colores y con suntuosos cuartos. Alrededor del palacio y en otros lugares de la meseta había pórticos de columnatas, claustros, corredores, cisternas, arboledas, jardines, y almacenes con suficientes armas y provisiones como para abastecer a diez mil hombres durante muchos años…”

 

“…el 15 de abril del año 73 d.C., cuando los romanos finalmente entraron en la fortaleza que habían sitiado durante tanto tiempo, sólo encontraron vivos a dos mujeres y cinco niños que se habían ocultado, y a una multitud de 960 cadáveres. Un horrible silencio reemplazaba el clamor que habían esperado.

Cuando la Décima Legión levantó campamento y marchó de regreso a Jerusalén, una reducida guardia permaneció en la fortaleza durante varios años, después de lo cual la desolada Masada quedó cada vez más en las ruinas durante los siguientes 19 siglos”.

 

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