EDUARDO
AMMATUNA
FUERA DE PROTOCOLO
בחוץ
של פרוטוקול
El ánimo de esta
novela-historia responde a la idea de presentar (sin dejar de lado parte de la historia
que hace a un mayor y mejor conocimiento del pueblo israelí), los pensamientos,
los conceptos y las opiniones de una generación de becarios de postgrado de
mediados de la década del setenta sobre Israel, su creación como Estado, y los
conflictos en los que estaba sumido (discernimientos que ni en mínimo grado
pudieron ser oídos por los anfitriones en las aulas), con la intención de
facilitar a quienes interese, la interpretación de los pareceres de la época
por medio de un análisis retrospectivo.
© Eduardo Ammatuna
e-mail: edualjavpy@hotmail.com
www.italiaparatodos.com
Impresión Gráfica Iniciativa
Alberdi 929
Tel: 595-021-496188
Diseño de tapa: José María Benítez
Agosto 2009
Derechos Reservados
Exp. Nº: 3.537 – 17/08/2009
I.S.B.N. (en trámite)
Dedicado:
A LOS PUEBLOS QUE SUFREN
PARA CONVIVIR DEBEMOS COMPRENDER:
* QUE TODOS LOS PUEBLOS, POR
SU NATURALEZA HUMANA, TIENEN SIMILARES DEFECTOS
Y VIRTUDES.
* QUE EL GENOCIDIO ESTÁ MÁS ALLÁ DEL DEFECTO.
AGRADECIMIENTOS
Mi sincera gratitud al Doctor
Miguel González Erico, a la
Abogada María Lidia y a los universitarios Adriana María y
Eduardo Alejandro.
1
Escasamente
hace, quizás, hora y media que me dieron la impecable toallita tibia para
asearme las manos antes de cenar, y ya están de vuelta sirviendo el desayuno;
le dije dos o tres veces a mi mente o quizás a mi alma; ciertamente con alguien
debía estar hablando, porque durante toda mi vida, ni mis pulmones, ni mi
hígado me dirigieron palabra alguna, sólo me ignoraron u ocasionalmente me
brindaron alguna queja.
Sin
preocuparme en demasía, acepté todo lo que me sirvieron; liquidado el menú, extraje
del bolsillo del saco el “antifaz”, me lo coloqué sobre mis enrojecidos ojos
para evitar que la luz de la ventanilla del frente los lastimaran aún más y me
dejé llevar por la somnolencia. Ni siquiera me di cuenta, que todo lo sucedido
ocurría porque viajaba hacia el naciente... ¿cómo iba a saberlo, si era mi
primer viaje transoceánico?
Levanté un
tanto el lado que cubría el ojo izquierdo y eché una ojeada, como nadie se
movía, me reacomodé en la “poltrona” e intenté continuar mi hibernada.
-¡Qué mierda!
¡Mira como tengo el pantalón manchado!
–escuché que murmuraba algún pasajero.
-¿Cómo te lo
hiciste?-respondió otra voz.
-No lo sé, y
tampoco sé que haré para solucionarlo.
-Aprieta la
mancha con las servilletas que guardaste.
-No dejé
ninguna.
-Entonces como
decía el gaucho aquel: “decite para tus adentros, no
es para tanto y aguantá”.
-¡Sí!
¡Las pelotas del Califa!
Sonreí
por la desgracia ajena, o más bien por la ignorancia ajena. “Ahora me doy
cuenta que no estoy tan solo como creía; también hay otro con muy poco
recorrido en éste vuelo”. Después me enteré que el de las pelotas del Califa,
había tomado de la bandeja el cubito que acompañaba al pan, y creyendo que era
un cubito de caldo se lo guardó en el “bolsillo relojero” del pantalón; cuando
vio la gran mancha se dio por enterado de que el bien empaquetado cubito, era
nada más y nada menos que manteca de primera calidad, que se derretía con el
calor del cuerpo.
Horas
después, el dolor agudo que me producía los retortijones de mis tripas, y el
parlante que repetía: “en veinte minutos aterrizaremos en el aeropuerto de
Lisboa; por favor apaguen los cigarrillos, ajústense los cinturones…”, me
terminaron de despertar. Quedé tenso, nervioso y sudando por todos los poros
hasta escuchar a la azafata decir: “los pasajeros en tránsito pueden quedarse
en el avión”; sabía muy bien que las tripas me torturarían horas antes de
dejarme ir al sanitario, permitirme descargar y dejarme libre de dolor hasta el
día siguiente. El mal lo había adquirido, dos años antes, cuando residía en una
provincia argentina en donde no había agua corriente, y las lluvias constantes
inundaban los pozos ciegos facilitando la contaminación de la napa freática, y por consiguiente los pozos artesianos.
Estuve intensamente pálido y rígido como una momia, tratando de disimular, no
se hasta hoy ante quién, mi malestar; días después razonando sobre lo
acontecido, me di cuenta de la estupidez mental mía.
El DC10 decoló
sin problemas y aterrizó suavemente sobre la pista del aeropuerto de Orly. La hora y pico que tardamos, entre la espera del bus
de la compañía y llegar al hotel cercano al aeropuerto Charles de Gaulle, pareció tiempo de fiesta para mis intestinos que no
se cansaban de bailar la danza del vientre, y yo de preguntarme: ¿si me atropellan
las ganas, qué hago?; al fin después que dejé mis maletas en la habitación,
decidieron permitirme ir al baño. Aliviado y habiendo recuperado el coraje,
bajé al vestíbulo del hotel, camino al comedor, con la intención de tomar
alguna comida caliente.
-Señor,
el salón comedor queda al otro lado –me dijo el conserje en agradable
castellano.
-Merci monsieur –tenté una frase en francés.
Me
senté en un rincón un poco alejado de un grupo de alborotados ingleses y me
dispuse a estudiar el mapa de París que tenía en mano.
-Señor,
¿qué se sirve? –creí entender que me dijo con voz suavemente atrayente la joven
camarera. Allí terminó mi francés; y mi calvario comenzó cuando quise pedirle
que me trajera un huevo con el caldo. No hubo caso de pronunciar bien “ouef”, y menos de que comprendiera lo que intentaba decir;
cuanto más trataba, más se confundía mi “ouef” con “eau”. Traté de hacerme entender en inglés, pero cuanto más
lo hacía, la joven menos paciencia demostraba; al parecer a los franceses no es
que les guste mucho el inglés, sea éste idioma o gente. Por fin levanté la
cabeza y me encontré con un gran cartel que contenía parte del menú rápido
ofrecido.
-Quiero
aquél –señalé con el dedo.
-Très bien monsieur.
Satisfecho,
aunque la cena sabrosísima por cierto, era más una obra de arte que un
abundante plato de comida, decidí salir a la acera para apreciar el cielo de
París, aunque la ciudad luz estuviera a algunos kilómetros de donde yo estaba.
Me senté en una murallita abarrotada de plantas en flor y dirigí
inconcientemente la vista hacia el aeropuerto resplandeciente de luces de
diferente intensidad; en pleno disfrute de la oportunidad que la vida me estaba
brindando, escuché una voz apenas audible, presté la doble atención de todo
curioso, y oí que alguien decía:
-Tengo un
hambre atroz, y ésta aerolínea de porquería solo paga la estadía.
-Si todavía no
se descompuso, podemos comer lo que traje.
-¿¡Qué
trajiste!?
-¡Varios
escalopes!
-¡Milanesas,
querrás decir!
Éstos sí deben
ser de los míos, pensé; a otros no se les hubiera ocurrido llevar avío a otro
continente en avión. Me equivoqué, el de las milanesas era un doctor en
veterinaria oriundo de la
Provincia de Corrientes, que junto con su amigo iba rumbo a
Bélgica para asistir a un simposio.
En Roma, según
las indicaciones, me presenté cuatro horas antes de la partida de la aeronave.
El control fue realmente rígido; abrieron todas y cada una de las valijas,
bolsos, maletas y maletines, y revisaron concienzudamente todo el contenido
guardado en ellos. La señora que estaba delante de mi, la pasó muy mal cuando
le abrieron la caja de bombones, le quitaron el envoltorio y los pincharon con
una aguja uno a uno, varias veces. Con los bombones no hubo arreglo, pero con
las vestimentas sí; así como las “sacudieron” las dejaron bien puestas en las
respectivas maletas. Luego del ajetreo de la inspección, subimos al 747, y
momentos antes de cerrarse la puerta, entraron tres personas de civil que
bajaron a dos pasajeros. ¿Qué pasó? Nunca lo sabré, pero aunque jamás había
visto algo similar, tampoco me extrañó; el avión pertenecía a la compañía
israelita de El Al, y si bien no era la época de estrellar aviones, sí era la
de secuestrarlos y hacerlos “volar”. Quizás fue el tiempo más peligroso para la
generalidad de las nacionalidades; los pasajeros éramos ciudadanos de todas
partes.
El vuelo no
tardó tanto como suponía, aproximadamente en unas dos horas estuvimos en el
aeropuerto internacional Ben Gurion.
La aeronave detuvo la marcha a unos cincuenta metros del edificio principal,
paró los motores y tras las informaciones de rigor, empezamos a descender por
la altísima escalerilla. El 747 de El Al, estaba rodeado de jóvenes militares
vestidos con uniformes de faena, con el infaltable kipá
en la testa, y provistos de ametralladoras de mano; los mismos además de
prestar protección al lugar, procedían a efectuar una primera inspección a los
pasajeros. Sorteada la inspección primaria nos dirigimos, caminando a cielo
abierto, hasta las oficinas de migraciones o de aduanas, no recuerdo bien; allí
la persona que nos recibió nos reunió a todos, nos dio una cálida y entusiasta
bienvenida, y juntos pasamos por un nuevo y más riguroso examen, reconocimiento
y registro.
-Amigos,
vayamos subiendo al ómnibus que nos llevará a la residencia.
Alborotados
como escolares, tomamos los asientos de acuerdo a nuestra preferencia y
quedamos listos para partir de inmediato.
-¡Shalom a todos de nuevo! Mi nombre es Marcos, nací aquí en
Israel pero mis padres nacieron en México.
En respuesta a
sus palabras se escucharon decenas de ¡shalom! en
todos los decibeles imaginables.
-¡Gracias,
gracias a todos! Bajaré un momento para hacer unas diligencias y regreso junto
a ustedes.
El momento se
hizo minutos, y los minutos se hicieron hora y media. Al final partimos con
Abraham, el segundo de Marcos. El lugar de residencia era un edificio alto, de
más de cuatro pisos, de color cementoso, ubicado en la calle Nehardea; era la sede de la Histadrut(h),
es decir, la institución representativa de los obreros judíos de todas las
profesiones. La Histadrut englobaba a obreros agrícolas,
trabajadores de las ciudades, intelectuales, etc., pero también, además de
constituir un sindicato tenía compromisos de orden nacional, llámese:
seguridad, defensa, cultura, trabajo, colonización, idioma, etc. En resumen,
era (es) una organización israelita poderosa de vanguardia, protagonista
principalísima, no única, en las luchas por la creación del Estado de Israel.
Para
otros, la Histadrut, era una organización política,
utilizada, a pesar de su ideología primaria, como brazo operativo del
capitalismo israelí, y de la política exterior anti
muchas cosas, en especial anti árabe; que desde un
principio a través de la formación de colonias agrícolas, de las organizaciones
cooperativas, de los sindicatos obreros, de las redes culturales, de la
participación en la política, etc., fue la que dio origen a la Hagshamá,
unidad dependiente de la
Organización Sionista Mundial, comprometida
(brindando asistencia educativa, presupuestaria,
viajes, etc.) con movimientos y organizaciones juveniles dispuestos a trabajar
por los ideales del Movimiento Sionista desde su comunidad, por y para el
Pueblo Judío; y a la Haganá, organización paramilitar de
defensa durante la época del Mandato
Británico de Palestina (1920-1948).
La Haganá,
predecesora del ejército de Israel, tuvo como principal figura al doctor en
filosofía Isaac Sadeh, reconocido como el padre
espiritual de la organización y fundador de la unidad de choque o de elite
judía llamada Palmach(j). La Haganá
que “trabajaba” bajo coordinación de la Agencia Judía,
dirigida por David Ben Gurion,
tenía como tarea especial defender los kibutzim,
las granjas, alertar sobre posibles ataques y enfrentar con las armas a los
atacantes, para lo cual, sus “oficiales” debían
agrupar e instruir a los jóvenes de los asentamientos judíos y de las
ciudades; pero quizás una de las misiones más importantes y complicadas fue la
de comprar armas en el extranjero y desarrollar talleres para la fabricación de
equipamiento militar básico, municiones, granadas, etc. (la orden de comprar
armas en el continente europeo, partió de David Ben Gurion, y sobrecayó en la figura
de un intelectual de origen austriaco llamado Ehud Avriel, el mismo que fue eslabón principal de la emigración
clandestina de judíos europeos a Palestina).
Todo el grupo
se ubicó en el cuarto piso, en habitaciones dobles, austeras, carentes de todo
mobiliario superfluo; los baños y las duchas se encontraban al fondo del
corredor, totalmente independientes de los dormitorios.
Dejé mi
equipaje en el suelo, estudié el ambiente, eché una mirada por la ventana y me
senté en la cama con la finalidad de cambiarme los zapatos que llevaba puesto,
por otros más cómodos. Estaba feliz de que no tuviera ningún compañero de
habitación, ¡todo el dormitorio para mi solo!
-Bajemos a
cenar –gritó alguien del grupo.
Casi en tropel
nos amontonamos en el corredor y descendimos las escaleras hasta el comedor. El
refectorio era una sala muy grande, preparada para recibir y dar de comer a
gran número de obreros que normalmente asistían a reuniones, seminarios, etc.
Las mesas de madera, eran rústicas, largas y permitían comensales a ambos lados
de su superficie.
No recuerdo si
alguna persona nos sirvió o simplemente lo hicimos nosotros mismos; el caso fue
que cuando aparecieron los platos con la comida, el alegre murmullo fue
desapareciendo rápidamente. La cena que teníamos en mente se convirtió en una
refacción más que moderada, y muy parecida a las que se ingieren para reparar
fuerzas en los días de ayuno; agravada porque no había repetición.
-Casi es una
suerte que me pegué un empacho con el “guisado” que me tomé en el avión.
-Suerte la
tuya, mala suerte la mía, y peor suerte la de aquel grandote que está justo
detrás de ti.
-¿Dónde?
-Tres filas
detrás, justo a tu izquierda.
El plato de
referencia consistía exactamente en: dos filetes de sardina en lata, un pequeño
tomate, de igual medida que los destinados a la industria de pasta y un
cuadradito dulce, esponjoso, hecho al parecer de queso. La cena se sirvió a las
18, 12 horas mortales antes del desayuno.
Entre algunos
refunfuños y otras señales de enojo y desagrado, dichos en diferentes modismos
geográficos, nos fuimos ubicando en nuestros respectivos cuartos. Con inocente
ímpetu abrí la puerta y quedé sin más allí clavado.
-Hola, soy
Carlos…tu compañero de habitación.
-Hola, soy Ale
–contesté sorprendido, no por desagrado hacia Carlos, sino por lo inesperado de
su presencia. Carlos era el grandote del comedor; fácilmente sobrepasaba el
metro ochenta, tenía un físico enorme, no trabajado, que soportaba el
característico vientre abultado de los cuarenta o más bien de los cerveceros;
de cara redonda, abundante pelo bien negro y piel un tono más oscuro que el
propio de su país. Una persona agradable y muy amigable.
-¿Quieres?
-No, lo dejé
hace tiempo.
-¡Ah!
–respondió lacónicamente, sin extrañarse, ni demostrar mayor interés porque lo
tomó como una decisión personal de cada quién.
-¿Me prestas
un momento tu cama para desempacar?
-Desde luego.
Tomó sus
maletas, literalmente las tiró sobre la cama, y comenzó a ubicar sus ropas en
el armario.
-Dijiste que
fumabas una cajetilla por día, y en media hora ya prendiste diez cigarrillos.
No me molesta…, solamente te estoy observando, en el buen sentido de la
palabra.
-Ya lo sé,
Ale. No pienses que soy susceptible.
Con sinceridad
puedo afirmar que Carlos no era demasiado delicado en el trato común, y tampoco
era una persona fácil de ofenderse o de agraviarse por pequeñeces.
-Oye Carlos,
¿en qué vuelo llegaste que no te he visto en el bus que nos trajo aquí?
–pregunté más por seguir la charla que por curiosidad.
-En verdad
estoy aquí contra mi deseo –respondió sin enfado alguno en su voz.
-¿Cómo es eso?
-Pedí
regresar.
-¿Salud? ¿Algo
inesperado?
-¡Calentura!...Para
ustedes enojo, pero con mayúscula.
-¿Por?
-¡Chico…, por
la porquería de militares del aeropuerto! ¡Me detuvieron en la pista, al pié de
la escalerilla del avión!
-¿Por? –volví
a preguntar, pero esta vez con viva curiosidad.
-¡Por boludos! ¡Chico, esos fulanos tienen pocas luces, obran
como alelados, como si tuvieran el cerebro perturbado! ¡Están escasos de razón!
Se les ocurrió que yo tenía una cara de terrorista, o un porte sospechoso, y
sin más me detuvieron, no quisieron entender explicaciones, ni tampoco me las
facilitaron, no le dieron participación al que nos recibió en nombre del Ministerio
de Relaciones, y para colmo se llevaron mi maletín. ¡Hermano, quisieron que me
desvista para palparme el ano!
-¿Y?-pregunté
a sabiendas que ese proceder era un acto desconocido, impracticable en otras
latitudes.
-¿Y
qué…?-respondió molesto.
-¿Y qué pasó?
-Se armó gran
revuelo entre mi oposición y la agresividad que mostraban algunos; pedí que me
embarcaran de nuevo y tampoco accedieron. Estuve como una hora en esa
situación; me salvó la aparición de un judío chileno, que por supuesto hablaba
castellano, y que por suerte era un oficial superior; desconfiado comprendió
mis explicaciones y aceptó darme el trato debido a mi documentación. ¡Ale, yo
porto pasaporte diplomático, soy agregado cultural de mi embajada en Londres!
¡No hombre, esto es una “cojudez”…no pienso quedarme!
–remató furioso.
Esa noche,
Carlos, con sus vueltas y vueltas en la cama no me dejó dormir en forma
continua. Tan pronto amaneció Carlos ya estaba sentado al borde de su litera
fumando.
-¡Buen día!
–dije tentando un buen ánimo.
-¡Hola! –me
contestó Carlos.
-¿Qué tanto de
bien dormiste?
-¡Enrulado
como los rizos de Caifás!
-¿Colgado?
-No, enrollado
con la sábana.
-¡Pero
dormiste!
-¡Chico…, qué carajo voy a dormir con este colchón más delgado que lengua
de lagartija, y con la rejilla de la cama clavándome en la espalda!
Por lo menos
se olvidó del calor del clima y de la calentura pasada, pensé para mis
adentros.
-¡Hora de
comer, hora de comer, hora de comer!-anunciaba un “gritador” golpeando cada
puerta cerrada que encontraba a su paso.
-¡Cónchale, el
“güevón” está sirviendo la misma comida
que anoche!
-Veo, parece
que el “empalomao" ese nos quiere tener bien
fregados.
-¡Nos tiene
bien fregados! Si seguimos así no aguantaremos ni una semana.
Una de las
razones por la cual el dichoso filete de sardina volvió a la mesa, fue porque
el responsable del comedor era un apegado al dogma religioso, y porque durante
ese día no se desarrollaba actividad alguna, era un día sábado; el Shabbat de los judíos, el séptimo día de la semana, que la Torá
(junto con los Nevi´im y los Ketuvim
es parte del Tanaj o Biblia hebrea) señala que debe
ser celebrado con la abstención de cualquier clase de trabajo, una señal de la
relación de Dios con el pueblo judío, prescrito entre los diez mandamientos que
recibió Moisés.
-¿Y ayer, por
qué comimos la misma cosa? –insistió con obstinación Percy.
-Porque el Shabbat comienza al ponerse el sol del día viernes –le
explicó el chileno.
-¡Híjole! ¿Y hasta cuando dura?
-Hasta hoy,
después del anochecer.
-Bien, entonces
esta noche saldremos a cenar –me dijo Carlos entusiasmado.
-¡No podrán!
–expresó lacónicamente el chileno.
-¿Y tú que
sabes? –inquirió Carlos.
-Nada, solo
que en el bus, Marcos explicó que no podíamos salir fuera del edificio sin
tener las identificaciones del Ministerio; y que yo sepa, todavía no nos la
dieron.
La respuesta
cayó mejor de lo esperado.
2
Para el día lunes, todos nos
conocíamos y por supuesto ya se habían formado los grupos afines naturales, lo que
no implicaba, en muchos casos, que compañeros de habitación estuviesen en el
mismo grupo. Las clases didácticas y las charlas se daban por la mañana y por
la tarde, de domingo a viernes, exceptuando los días programados para las
excursiones, todas ellas (las clases) cortadas magistralmente por un “coffee break”. Ambas se
desarrollaban con singular regularidad; tanto los profesores, como los
invitados a dictar las charlas, eran respetuosos del horario y conocedores del
tema a tratar. Las discusiones académicas eran las normales a este tipo de
actividad, y las charlas explicativas, sobre las características,
peculiaridades, costumbres, etc., de la población y de Israel, se desenvolvían
dentro de lo que podríamos llamar protocolares; en su acepción de seguimiento
de ciertas reglas auto establecidas de respeto y cordialidad. Ahora bien, las
verdaderas discusiones (sobre diferentes incógnitas, conceptos y preconceptos)
algunas veces pueriles y otras veces “álgidas”, fruto de la falta de
información, del desconocimiento o del desinterés, se producían espontáneamente
en los corrillos, en los viajes, en los “cofee break” y en circunstancias varias que aparecían en el
transcurrir de los días. Creo que absolutamente todos los asistentes sabíamos,
de que aparte de la ayuda educativa que nos brindaba el Estado Israel a través
de la Histadrut,
como era de esperar, se aprovecharía la oportunidad para exponer los puntos de
vista del país anfitrión (propaganda para algunos), lo cual no constituía en sí
mismo un acto deshonesto sino lógico por demás.
Al inicio de
las actividades nos entregaron las documentaciones, o constancias, de que
éramos profesionales invitados por el gobierno para realizar un curso de
postgrado; el documento en sí mismo era una cartulina de color celeste con la
foto del correspondiente participante y las aclaraciones pertinentes:
nombre(s), apellido(s), estado, profesión, edad, sexo, señas principales,
nacionalidad, etc., escritas en hebreo y en inglés. También nos proveyeron de
vales, equivalentes a tres libras israelíes, para usarlos en la lavandería,
cantidad que resultó realmente insuficiente para tal efecto. Asimismo fuimos
instruidos sobre la manera en que debíamos manejarnos dentro del edificio que
nos albergaba, en nuestro andar por la ciudad y en nuestro relacionamiento
con la comunidad. Por último nos advirtieron que cuando escucháramos, el sonar
de las sirenas de alarma antiaérea, lo que ocurría varias veces al día,
debíamos atender si las mismas sonaban de forma interrumpida o ininterrumpida, porque
tenían significados diferentes; una de las formas equivalía a un aviso de
entrenamiento y la otra a un amenazador ataque, o a un acto de violencia, o a
un inminente peligro para la población.
El “cofee break” de la mañana
resultaba tan reparador como el de la tarde; café y chocolate calientes
acompañados de galletitas semidulces. Tanto el café
como el chocolate estaban dispuestos en tachos
cilíndricos de varios litros, provistos de cucharones más largos que los de una
sopera.
-Ahora un
café, y un buen cigarrillo para comenzar de nuevo –dijo Olivares guiñando un
ojo-. Acto seguido metió el cucharón, revolvió el café para uniformar el calor
y con cuidado puso el líquido en su taza.
-¡Ajh!… ¡Se olvidaron de colar el café!-chilló Olivares.
-¿Quién se olvidó
de colar que cosa?
-¡El café,
hombre! ¡El café, está lleno de borra!
-¿Dónde está,
a ver? –preguntó Laurita, el diminutivo se lo pusieron por lo menuda que era de
cuerpo y estatura; otros compañeros la llamaban cariñosamente “la maquinista”,
por la sencilla razón de que por donde iba echaba más humo que una locomotora a
leña. “La Laura”,
como se referían a ella sus colegas argentinas, acostumbrada a fumar los
cigarrillos negros Gitanes Sans Filtre francés, que
como no los había en Tel Aviv, cuando se le
terminaron los paquetes se fumó todas las marcas existentes buscando algo
parecido a sus Gitanes con la figura de la bailarina
gitana en la cajetilla.
-Venga aquí
usted Laurita y véalo con sus propios ojos –dijo Otoniel.
El
coordinador, que con deferencia se acercaba a los estudiantes para “echar” con
ellos algunas palabras, escuchó el pequeño alboroto y se aproximó al grupo.
-¿Sucede algo
raro muchachos?
-Nada serio ni
complicado, simplemente que en la cocina se olvidaron de pasar el café por el
colador. Está colmado de borra.
-¡No, no es lo
que piensan!-expresó sonriente Marcos.
Todos lo
miramos expectantes, atentos a su respuesta.
-Lo que están
saboreando es…
-¡Ya sé, es
café árabe!-le interrumpió Tabares.
-¡No!-afirmó
enfáticamente Marcos-. ¡Es café turco! Este café tiene una preparación
diferente a la que ustedes están acostumbrados; éste se prepara calentando agua
en una jarra de cobre, a la que se le
echa encima el café molido a punto, es decir, cuando el polvo del café
tiene una consistencia harinosa, y al final antes de hervir se le agrega un
poco de agua fría para que el café molido permanezca en el fondo del
recipiente.
-¡Entonces se
olvidaron de agregarle el agua fría! –sostuvo Otoniel.
-¡Me late que
usted está “alumbrao”! ¡Reconozca hombre, que fue
usted el que revolvió todo el líquido con el cucharón ese que tiene en la mano!
Laurita me
hizo un gesto para que me agachara y pudiera decirme algo al oído.
-Ale, me da la
impresión de que tendríamos que pedirles que nos presten un diccionario de su
país; yo francamente casi no los entiendo.
-Más de un
diccionario, diría yo, porque ni nosotros ni ellos entienden al venezolano; del
que dicen que tiene su propio idioma.
-Resuelto el
problema, ¡vámonos al chocolate!
-Chocolate
caliente con cigarrillo, y con el calor que hace... ¡jamás, amigo! Mejor me
tomo el café con la borra y todo.
A la noche,
después de la cena, subí al dormitorio y encontré a Carlos ensimismado en la
lectura de un folleto.
-¿Qué lees?
–pregunté.
-Cualquier cosa
–me respondió vivazmente, y agregó-. Algo que me distraiga, que me haga olvidar
del calor; no imagino como al arquitecto no se le ocurrió poner un simple
ventilador en las habitaciones.
-No lo sé
–respondí ambiguamente.
Carlos siguió
por un tiempo más con su lectura, luego giró la cabeza hacia mí y me preguntó:
-¿Cómo era el
asunto ese del café?
-¿Lo de la
borra?
-¡No! Lo de si
era turco o árabe.
-Da igual.
-No, porque si
es árabe… ¿cómo es que lo toman aquí?
-Al igual que
tomamos té colombiano y no chino.
-A ver,
ayúdame a pensar, porque a mi se me perdió la verdad –aclaró Carlos, e inició
de nuevo la conversación sin darme tiempo a responderle-. Lo del té no es
correcto porque nosotros no lo tenemos como una tradición; en cambio el café
con borra, sí lo es. Todos lo toman.
-¿Y entonces,
qué…?-respondí levantando los hombros.
-Estuve
preguntando y averigüé el nombre de ese tipo de café; se llama “áweh”, y es un nombre árabe.
-Pero…-me
interrumpió de nuevo antes de terminar la frase.
-En realidad
da igual que sea turco o árabe, pero lo que no me encaja en la cabeza, es el
porqué no lo rechazaron habiendo tanto enfado, tanta rabia entre ellos.
-Será porque
es turco y no árabe –probé convencerlo para dar por terminada la trasnochada
conversación sobre un tema baladí.
-¡No,
hermano…no es así! Los turcos también son árabes.
Finalmente,
con el correr de la noche, el tema sobre si era o no una costumbre aceptada por
el pueblo israelí, terminó centrada en si los turcos eran árabes o no.
Toda la
confusión, tenía sus raíces más profundas en los niveles de enseñanza de cada
país referidos a los temas del medio oriente, como así también en el modo folclórico como se tratan las cosas; por
ejemplo, el de llamar a todos los árabes, turcos y viceversa.
En ese
entonces, aparte de entender que Turquía es un país euroasiático, que se
extiende por toda la península de Anatolia y Tracia, que profesa la religión musulmana y que fue parte
principal del Imperio Turco Otomano; ¿qué podíamos saber o recordar que dicho
Imperio fue un estado multiétnico, que tuvo su continuidad o sucesión en la República de Turquía? ¿Qué entre los siglos XVI y
XVII se extendió y controló una gran parte del norte de África, del Sudeste
Europeo y del Medio Oriente, y que tuvo gran influencia sobre Arabia por el
hecho de ser el cruce de tres continentes del viejo mundo y de tener acceso al
mar Mediterráneo y al Océano Indico? ¿Qué la Península
Arábiga está conformada por países árabes vecinos e incluso
alguno limítrofe con Israel?
A todo lo
expresado precedentemente, sin discusión alguna, hay que añadir, que como casi
todos llevábamos en las espaldas un bagaje de mucha inestabilidad emocional y
de conflictos internos, tanto religiosos como políticos, cualquier punto o
cuestión por más intrascendente que fuera, se convertía en tema de discusión;
para lo cual muchas veces no estábamos preparados por no disponer, en tiempo de
las informaciones necesarias.
En otras
palabras, nos encontramos a ciegas frente a una realidad nueva presente.
Con el tiempo
reconocí que Carlos tenía razón cuando afirmaba que conociendo las tonteras,
mejor se entienden los temas trascendentales, y que las minucias o pequeñeces,
complementan y completan el juego de las verdades.
3
A la falta de
hábito de trabajar los domingos, se sumó el calor y la ausencia de sol; el día no
se prestaba para avispar las pulgas. Los cariacontecidos rostros de los
muchachos eran un fiel reflejo del poco brío reinante en la clase. La
exposición, del doctor Haim, sobre el tipo de
gobierno, las instituciones del Estado, su interrelacionamiento,
etc., estaba volviéndose cadenciosa, unisonante, pese al entusiasmo del
profesor; motivo éste, que ayudaba a mantener el alicaído ánimo existente ese
día. Treinta minutos después, la audiencia que mantenía su misma magra onda,
pegó un brusco salto acompañado por un aumento de pulsaciones, la causa: dos,
para nuestros oídos fortísimos estallidos, seguidos después de otros dos con
segundos de diferencia. Todos, sorprendidos e intrigados, cruzamos nuestras
miradas buscando una explicación en los ojos de los colegas.
-¡Hey! ¡Hey!-exclamó Haim, levantando el brazo en busca de atención-. ¡No es lo
que imaginan! ¡No hay de que preocuparse! Lo que escuchamos, y lo seguirán
oyendo durante su estadía aquí, son los estampidos sónicos que producen los
aviones de caza al atravesar la barrera del sonido, y que se asemejan a la
explosión de una bomba cuando vuelan a baja altura. Deben acostumbrarse a ellos
porque estos aviones día y noche sobrevuelan el territorio. ¡No se asusten que
todos son “mayores”!
-¡Uhh…, jóvenes, profesor.
-Si les parece
bien, quedemos en “jóvenes mayores”.
-¡Esa sí es la
verdad, profesor!
-No olviden
que esta noche después de la cena vamos para Jaffa. ¡Estén prestos para cuando
llegue el bus! ¡Recuerden, estar listos, pero sin salir del hall del edificio!
Entre los
“jóvenes mayores”, estábamos los del Sur-norte, y los del “Sur-sur”, como
fuimos apodados, en una ocasión en la que intentábamos explicarle a un
comerciante judío israelita (que nunca había salido de su país), que si bien
existían tímidas “diferencias de forma” entre los que vivían más al norte y los
que vivíamos más al sur, todos éramos
sudamericanos. En ese día, los del “Sur-sur” que integrábamos el grupo
éramos: Laurita y su compañera de habitación Sofía, Carlos y yo, el chileno
Benavides y don Victorino; un viejito uruguayo fabuloso, que nunca nos reveló
cómo había hecho para obtener la beca con la edad que tenía.
Los
comentarios sobre los jets supersónicos de la
aviación se fueron diluyendo de a poco, y fueron tomando cuerpo otros temas que
también merecieron atención, pero se llevó la palma el asunto del presupuesto. Haim, había explicado que el monto total de gastos del
Estado para ese año, era en números redondos 5 mil millones de dólares,
cantidad exorbitante para la época, y superior cinco o seis veces, y más, a las
cifras de la mayor parte de nuestros países. La composición de este total
estaba conformada por: un aporte de los judíos del mundo (hecho a través de
varias instituciones) de un mil quinientos millones de dólares, un préstamo a
largo plazo de los EEUU de Norteamérica de dos mil millones de dólares y por
dinero propio del Estado de Israel.
-Con ese
dinero, nuestros países también se levantan solos –afirmó Tabares.
-Si no se lo
comen por el camino –replicó Dieguez.
-Ese no es el
punto, además ya es cosa sabida; a lo que quiero llegar es a que éstos judíos
no son la maravilla cerebral como nos tienen acostumbrados a creer. Todos
podemos ser y hacer maravillas si disponemos de tantos dólares.
-En realidad,
si pensamos en la infraestructura de nuestro campo, de nuestras oficinas
gubernamentales, de nuestras universidades, de nuestros hospitales, tienes
razón –añadió Latorre.
-¡Claro,
hombre!...al igual que ellos tenemos también profesionales de primer nivel.
-Pero no en
todas las áreas, ni en todos nuestros países –acotó Otoniel.
-Cierto, pero
parte de ese dinero da para formar a mucha gente. Imaginen 5 mil millones de
dólares para cada uno de los países; especialmente para los chicos de Centro y
Sudamérica.
-No andaríamos
mendigando por aquí y por allá; estaríamos sí, preparando técnicos en todo el
orbe.
-Es que los
gringos los prefieren a ellos que a nosotros; los de abajo no les interesamos
una mierda.
-No pienses
que los judíos son tan importantes para los gringos; estás subestimándolos.
-Carlos tiene
razón –intervino Tabares-; basta con recordar que Nixon, jamás quiso, ni puso como director del FBI a Mark Felt, por ser judío. Tampoco
promovieron la creación de Israel por compasión a los seis millones que
murieron en los campos de concentración, ni a los otros cientos que vagaban por
el mundo después de la segunda guerra mundial; al contrario, el Congreso de los
EEUU se negó a discutir el aumento de cuotas de inmigración de judíos en ese
momento. Norteamérica les ayuda monetariamente porque
teme a sus votantes judíos, son muchos votos y mucho dinero. No crean que los
judíos de allá son iguales a los de aquí (Israel); los de allá son como el
comandante aquel, que en la arenga antes de la batalla les dijo a sus soldados:
“¡Hagámonos de coraje, y váyanse a pelear!”. Díganme… ¿que judío de los EEUU,
dejaría su estilo de vida por “saborear el trabajo en un Kibbutz”? ¡Nadie
chico, ninguno lo hará! ¡Por deporte quizás! ¡Son judíos de papeleta, hombre!
-Otra cosa más
–intervino de vuelta Otoniel-, Estados Unidos, así
como Gran Bretaña metió sus patas y garras en Palestina después de la primera
guerra mundial olfateando la salida del petróleo del Medio Oriente por el Canal
de Suez, mete las suyas con las mismas intenciones. ¡Dios salve a los judíos,
para cuando ya no sirvan a los intereses de los gringos! Hago el ruego, dejando
constancia que no me agradan los judíos porque estos señores también tienen, y
hacen muchas cosas negras en nombre de Dios y de la patria. ¡Se parecen en mucho
a los nuestros!
-¡Los gringos
no vuelan papalotes, hermano! Como allá decimos de nuestra suerte: ¡tan lejos
de Dios, y tan cerca de los Estados Unidos!..., pero ojo, que los judíos
tampoco maman palomitas. ¡En todo esto, ambos sacan provecho de la situación;
hay simbiosis, y de la buena! -opinó a su vez Suárez.
-¡Oiga, pero
usted no puede juntarlos a todos en la misma bolsa, los “hijoeputas”
que tienen fregaos a todo el mundo son los high born, junto con los obcecados ultra nacionalistas!... A los
Juan Pérez Pueblo de todos lados, dejémoslos tranquilos que están tan cagados
como todos.
El bus se hizo
presente diez minutos antes de la hora fijada para la salida, y la conversación
quedó allí.
-¡Shalom, shalom, señores!, subamos
sin prisa para llegar con tiempo.
En el instante
en que pisé Jaffa, quedé transportado a mis sueños en ningún tiempo olvidados.
Los monocromáticos blocks de viviendas en forma de
caja y techo plano, propio del estilo Bauhaus, que
había visto hasta ese momento, no me indujeron a imaginar lo que encontré en
Jaffa. Al igual que a un niño se me representaron en la mente las fantasías que
sólo existían en mi imaginación. Quizás para otros, la vieja Jaffa no
representaba mucho, pero para mí, lo digo hasta hoy sin sonrojarme, fue como descubrir
el escenario (guardando las realidades geográficas), donde vivieron los
personajes de mis cuentos favoritos. Las callejuelas iluminadas con fuentes de
luz, formadas por un brazo adherido a las murallas que sostenían tulipas
blancas globo, opal y satinado, que irradiaban una luz amarillenta que hacía
resplandecer las piedras de color beige (perfectamente cortadas y alineadas en
forma paralela y perpendicular) con que estaban construidos los muros y el
adoquinado de las calles; las callejas, saturadas de escalones, anchos y
estrechos, sin aceras, limitadas por altos murallones salpicados por ventanas
cuadradas, rectangulares, con arcos apuntados y de medio punto, puertas de una
y doble hoja, y de algún atrio o portal de arco en catenaria o en herradura,
previo a la puerta principal de entrada a la vivienda, hacían volar las
imágenes creadas por mi fantasía. Al término de cada sinuosidad o recodo de las
antiguas callejuelas adyacentes, donde los faroles distanciados permitían las
penumbras entre la luz y la oscuridad, dónde no se percibía donde empezaba la
una y terminaba la otra, se me antojaba que me encontraría con el asesino de Kassim diciéndoles a sus hombres: “Compañeros, no hay
tiempo que perder; marchemos muy armados, sin que lo aparentemos, y cuando
hayamos entrado en la ciudad, uno tras otro para no infundir sospechas,
reunámonos en la plaza, unos por un lado y otros por otro, mientras yo iré a
reconocer la casa, para recapacitar el partido que conviene tomar”, o a Alí, el
pobre mandadero que vivía en Bagdad en tiempos del califa Harún-Al-Raschid, o al mismísimo Simbad,
ordenando el envío a Basora de madera de aloe, sándalo, alcanfor, nuez moscada,
pimienta y otras especias, y recibiendo a cambio piedras preciosas, bellas
mujeres y toda clase de esclavos.
La realidad
volvió cuando llegué a un atractivo local de comidas, y tomé de la repisa un
folleto turístico explicativo sobre la vieja Jaffa, en el que decía lo
siguiente: “Antiquísima ciudad portuaria situada a orillas del Mediterráneo. Su
nombre según algunos historiadores proviene de Jafet,
uno de los tres hijos de Noé, que la construyó cuatro décadas después del
Diluvio Universal. Desde el puerto de Jaffa, el Rey David y el Rey Salomón
embarcaron las maderas de cedro, provenientes de Tiro, para la construcción del
Primer Templo. Jaffa, entre otros muchos,
fue invadida por los asirios, los romanos, los turcos y los británicos.
El puerto de Jaffa fue un punto importante de entrada para los inmigrantes judíos.
A comienzos del novecientos, debido a la superpoblación existente, los judíos
adquirieron terrenos en lo que sería más tarde Tel-Aviv,
y abandonaron Jaffa. Las revueltas árabes durante el Mandato Británico provocaron la represalia
británica que produjo la destrucción de la infraestructura de la ciudad, y la
demolición de las casas pertenecientes a los árabes; como consecuencia de la
revuelta los judíos y británicos trasladaron sus intereses a las afueras de
Jaffa. En la actualidad es una ciudad turística, bulliciosa, elegante,
pintoresca, llena de tiendas, galerías de artistas, restaurantes y cafés, muy
visitada por ciudadanos de todo el mundo”.
Tres años
antes de finalizar el Mandato Británico, la población de Jaffa era de
aproximadamente 100.000 habitantes, de los cuales el 54% eran musulmanes, el
30% judíos y el 16% cristianos.
*
4
El nacimiento
de la emigración argentina se sitúa hacia el año 1960, y coincide con la
interrupción del proceso democrático y con el consecuente empeoramiento
socio-económico del país. Este proceso emigratorio tuvo continuidad secuencial
en el tiempo en función a las diferentes etapas histórico-políticas. La primera
etapa migratoria, correspondiente al periodo 1960-1970, se la conoce como la
época de la fuga de cerebros, y se debió a un prolongado periodo de
inestabilidad y de conflictos sociales, que interrumpieron los gobiernos de
Arturo Frondizi y Arturo Humberto Illia;
éste último derrocado por el golpe militar autoritario propiciado por el
General Juan Carlos Onganía en 1966. El régimen
militar impuesto intervino y violó la autonomía universitaria en muchas
ocasiones, provocando las renuncias masivas y partidas al exterior de
profesores universitarios, científicos e investigadores argentinos. La segunda
etapa ubicada en el periodo 1976-1983, se inició con el golpe de estado militar
de marzo de 1976. La dictadura militar de entonces, encabezada por el Gral.
Jorge Videla, el Almirante Emilio Massera
y el Brigadier Gral. Orlando R. Agosti, que derrocó
al gobierno en crisis de María Estela Martínez de Perón, con su política de
privaciones de libertad, intervención de sindicatos, prohibición de los
derechos a la huelga y persecución sistemática a la actividad política
estudiantil, sumada a la gravísima descomposición económica, tuvo como
consecuencia la salida precipitada del país hacia países no vecinos, tratando
de evitar las persecuciones extra-fronteras (Plan Cóndor), de políticos,
profesionales, científicos, estudiantes, gremialistas y artistas en general.
Los ciclos
emigratorios de argentinos, vienen de
propósito a colación por el hecho de que durante nuestra estadía de estudio en
Israel, muchos de los inmigrantes, tuvieron su primera permanencia en la Histadrut,
lo que trajo los infaltables comentarios y discusiones sobre la cuestión. La
primera de ellas, trivial, pero interesante y casi divertida para el momento
que estábamos viviendo; el contrapunteo giraba en torno a si los judíos
argentinos, acostumbrados a las comilonas vacunas y porcinas, serían capaces de
sostener su “judaísmo argentinizado” con los filetes de sardinas, y los
trabajos en los kib(b)utzim.
La segunda cuestión, más sustancial y atrayente, versaba sobre si la Histadrut
intervino o no en la admisión de los judíos argentinos dado sus desiguales
móviles y necesidades, tal como lo hiciera en décadas anteriores, donde la
inmigración judía estaba controlada por la Federación
Judía del Trabajo; la cual seleccionaba a los inmigrantes en
función de su credo político. Las opiniones al respecto fueron dispares, pero
diría yo, que fueron más las que vieron manos de color rojo y blanco con
estrellas manejando en complicidad con el gobierno de Israel el proceso
migratorio. Los “más” estaban convencidos de la certeza de su razonamiento,
debido al control que entonces ejercían los EEUU sobre los gobiernos militares
sudamericanos; debido a la presencia de militantes “judíos argentinos
independientes” opuestos al régimen militar; y a la imposibilidad de la
inexistencia de información cruzada entre las embajadas de ambos países sobre personas indeseables.
Sobre el tema,
se palpaba mucha picazón entre los que componíamos el conjunto de estudiantes
becados.
Con el pasar
de los días, lentamente el grupo fue expresando en palabras, los pensamientos,
conceptos y juicios que rondaban las mentes, y que no eran de conocimiento
“público”; hecho lógico de suceder cuando con el tiempo se estrechan las
relaciones interpersonales.
En el
transcurso de la semana, nos avisaron que haríamos una visita guiada de estudio
y turismo, de varios días, al norte de Israel.
De las visitas
de estudio, lo más resaltante fue palpar in situ el uso de tecnología de
avanzada en las cooperativas dedicadas al quehacer agroindustrial; y lo más
curioso, fue ver el desecho de las cáscaras de los huevos de gallinas, en vez
de darles algún uso productivo (como se hace en muchas granjas) aprovechando
sus nutrientes minerales.
*
-¡Oiga usted
don Victorino…, usted siempre contando los dólares!-hízole
una broma Maldonado.
-Más que
dólares, lo que cuento son “rupias”, Elisio; las pocas que me dieron en mi
país. ¡Allá no tenemos petróleo! –contestó con una sonrisa inocente al
“maracucho”, como le decían al venezolano.
-¡Mire…, usted
sí que las tiene bien prendidas al bolsillo, don Victorino! ¡Gástelas hombre
que se las van a oxidar, las rupias esas ya no son las de antes, éstas de ahora
son puro hojalata! ¡Ya ni las usan en Indonesia!
-Sí, pero
éstas las guardo para cuando me vaya a la India.
-Don Victorino
no sea bellaco con nosotros; invítenos una ronda y quede como un santo.
-Victorino, no
nos deje mal parado a los del plata-intercedió Laura-, déles el gusto.
-En verdad
estas rupias no dan ni para invitarle un mate a usted Laurita.
-“Ia”…, déjela en paz a la niña, que ella no bebe, solo fuma,
y atiéndanos a nosotros pues hombre –seguía echándole bromas al pobre
Victorino, que entre paréntesis, era el peor pagado del grupo.
-¡Está bien,
yo les invito y tú pagas.
Victorino era uno de esos hombres únicos,
raros de encontrar, de aquellos con los que uno se siente bien al tenerlos al
lado; éste hombre mayor, ajado por la edad, de aspecto jovial, de pelo más
blanco que grisáceo, algo calvo, bien peinado y siempre con una sonrisa
agradable en el rostro, no pensaba en nada más que vivir la felicidad que le
daban todas las cosas que veía, y en bañarse en todos los mares del mundo; en
muchos de los cuales ya lo había hecho, según contaba orgullosamente. Algo de
verdad debía haber en ello, porque ese día, a pesar del frío del atardecer se
dio (en calzoncillos largos) una zambullida corta pero enfervorizadora, nada
menos que en el Mar de Galilea, y ante la sorpresa de todos.
-Ahora sí ya
puedo decir que este cuerpecito está bendecido –dijo Victorino, todo morado y
castañeándole los dientes, al salir del agua.
En realidad,
parecía un sueño estar pisando las orillas del Lago Tiberíades
y recibir en el rostro la brisa fría proveniente de sus aguas.
El
Mar de Galilea, también llamado Lago de Tiberíades,
Lago de Genesaret,
y Mar de Cineret, tiene una forma de lira o de
pera, es un lago de agua dulce, ubicado en el noreste de Israel, en la antigua frontera con Siria.
Tiene una longitud, de norte a sur, de 25 km;
una anchura máxima en el extremo norte de 13 km, una
profundidad máxima de aproximadamente 45 metros, y una superficie de 165 kilómetros
cuadrados; es el lago de agua dulce más bajo del mundo, aproximadamente 240 metros bajo el nivel
del mar. Su mayor aporte hídrico procede de las aguas del río Jordán que desemboca en su lado norte, y desagua
por su lado sur. En la orilla oeste, de este lago
bíblico, está situada la ciudad de Tiberíades,
antigua capital del reino en Galilea, construida en el año 20 d.C. por Herodes
en honor al emperador romano
Tiberio. Vital para Israel, porque de él se abastecen de agua dulce numerosas
ciudades, y se irrigan cultivos agrícolas (se estima que provee cerca del 30 %
del agua potable para riego
y consumo de Israel), y vital también para los
cristianos desde el punto de vista religioso,
por lo que el Nuevo Testamento refiere:
“Y entrando él en la barca,…siguieron”. “Y he aquí que se
levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca; pero
él dormía” “Y vinieron sus discípulos…que perecemos”. “El les dijo: ¿Por qué
teméis,…Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo
grande bonanza”. (Mt. 8.24-26).
“Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las
olas; porque el viento era contrario”. “Mas a la cuarta vigilia de la noche,
Jesús vino a ellos andando sobre el mar”.(Mt.14.24-25).
Referencias importantes para don Victorino, que estaba
convencidísimo de que su cuerpo y su alma, quedaron bendecidos después del baño
en el Mar de Galilea.
Después partimos hacia Capernaúm
o Cafarnaún (pueblo de Nahum), antiguo poblado
situado a unos 15
kilómetros al norte de Tiberías,
siempre sobre la orilla noroeste del Lago Tiberíades;
habitada en época de Jesús por pescadores, artesanos, comerciantes,
agricultores, recaudadores de impuestos, etc. Cafarnaún es considerada por los cristianos como la Ciudad de Jesús, porque
allí vivió gran parte de su vida y de su ministerio.
-Esto que están viendo aquí, son los restos que quedaron de
la Casa de Pedro
–explicó el guía, señalando con la mano un encadenado de piedras acomodadas a
mano, semejante a las murallas de nivelación de los cimientos de una pequeña
vivienda dividida en varias estancias.
Muchos no dejaron escapar de sus bocas ni siquiera un
sonido de asombro, porque estaban casi en trance, totalmente encandilados; las
ruinas a la vista transmitían un algo casi mágico.
-¿Tú que piensas, Ale? Me late que el guía éste, nos está
metiendo el chivo. ¡Para mí esa puede ser una piedra cualquiera…¿quién me
asegura que es de la casa de Pedro, con tantas piedras que hay por ahí? ¿Oie, tú que dices?-me preguntó Perci,
dándome un débil codazo.
-¡Umh! En realidad no sé que
decirte; así porque sí, casi coincido contigo.
-¿Cómo que casi coincido, no te has fijado que no hay algo
que justifique de dónde salieron las piedras esas? ¡Chucha, Ale, hasta en los
árboles hay explicaciones! –sentenció Perci,
refiriéndose sin duda a los árboles de los parques públicos, que llevan
carteles con los nombres científicos, nombres comunes, origen, etc.
-Por lo general, yo tampoco doy por cierto algo que mi
entendimiento no alcanza a comprender, y más aún si no está comprobado o
demostrado; pero dejo un espacio libre…, el que ocupa mi ignorancia.
Expliqué a Perci, que no obstante
haber estudiado durante varios años en un colegio jesuita, salí de allí con un
gran déficit de todo lo sustancial, esencial y más importante de la religión como
lo es el entendimiento de la
Biblia; nunca hicimos un estudio sistemático de ella. Quizás, en los cursos inferiores lo hayan
enseñado suficientemente, pero yo no tuve esa oportunidad porque no lo hice
allí. En mi momento, todo estaba resumido a la asistencia diaria a la
Santa Misa, celebrada en latín, con el
sacerdote de espaldas a los asistentes, lo que entre paréntesis permitía toda
clase de travesuras y casi nula atención; y a la instrucción sobre moral, fe,
prohibición de la libre interpretación de la Biblia, etc., en las clases de religión; temas
sueltos, pocas veces concatenados a un orden secuencial en su origen bíblico.
Además, fue un tiempo en el que la Iglesia
Católica, o por lo menos la principal de los jesuitas, estuvo
muy concentrada en discusiones (incluso en lugares públicos como clubes de
barrio), con los pastores “protestantes” sobre temas y posiciones contrapuestas
de ambas iglesias; disputas y discusiones que tuvieron eco en la prensa. Éste
clima contribuyó a que los alumnos, nosotros, de los últimos años tomáramos con
poca seriedad las enseñanzas religiosas; tanto así, que recuerdo como si fuera
hoy lo ocurrido en el aula entre el sacerdote profesor de religión y uno de mis
compañeros. Lo acontecido se desarrolló
de la siguiente manera:
-Permiso Padre
–dijo Horacio levantando la mano.
-¿Qué pasa hijo?
-Usted afirma
que Dios lo puede todo, ¿cierto?
-¡Así es!
-Entonces dígame
Padre... ¿Dios puede abrir una puerta abierta?-preguntó Horacio, con una
seriedad nada creíble, que produjo sorpresa y luego un estallido de risas.
-¡Sí! –contestó
el Padre sin inmutarse, y continuó diciendo-. ¡La cierra y la vuelve a abrir!
¡Y tú Horacio, me vienes el sábado y domingo de una a veinte. La explosión de
risas fue aún mayor por la respuesta dada, y por el castigo aplicado.
*
-Ustedes
sabrán mejor que yo, que aquí Jesucristo le dijo a Pedro, “sobre ésta piedra
construiré mi iglesia” –afirmó el guía; algunos movieron afirmativamente la cabeza,
otros aseveraron lo dicho con un “sí”, y otros más lo negaron con un “no está
en lo cierto, Absalón”.
La aseveración
del guía, abrió rápidamente torrentes de voces en discusión: una, que no
admitía que Jesucristo le haya dicho a Pedro, que él, Pedro, era la piedra
angular de su iglesia, y otra que afirmaba que Jesucristo mismo y no Pedro, era
el fundamento de la iglesia; la cuestión, indudablemente, se asentaba en las
creencias cogidas en sus respectivas iglesias cristianas: las evangélicas
(comúnmente llamadas protestantes), y las católicas; en las que las primeras
aceptan la interpretación griega de la palabra de género masculino Petros, que significa un pedazo de piedra, y de la palabra
de género femenino Petra, que significa masa de roca gigantesca; y en las que
las segundas, sostienen que la distinción, entre Petros
y Petra, además de haber desaparecido del idioma griego en el tiempo en que fue
escrito el evangelio de Mateo, afirman que Jesucristo le habló a Pedro en
arameo y no en griego, y que en arameo las dos palabras son kêfa
(Cefas), nombre con el que a menudo los apóstoles
denominan a Pedro.
Yo, no abrí la
boca, porque entre la manera singular, de tipo pueblerino, en que los sacerdotes
y las autoridades trataban la religión en mi época de niño (semana santa con
feriado total, música sacra en las únicas radios que estaban al aire, “órdenes”
de no proferir malas palabras porque ofenden a Cristo, etc., etc.), y lo poco
que de joven aprendí en el colegio, era muy consciente de mi falta de
conocimiento al respecto.
Como la
discusión estaba poniéndose socialmente agria, intervino el bueno de don
Victorino.
-¡Chicos!
¡Escúchenme, chicos!...¡Jesús no le dijo nada a Pedro…-un abucheo generalizado
no le permitió concluir-. ¡Por favor, escúchenme –insistió-. ¡Jesús no le dijo
nada a Pedro, aquí, se lo dijo en Cesarea de Filipo, allá por el Valle de Hulé,
no aquí en Cafarnaún!
Entendido el
carácter “distensivo” del mensaje, todo terminó con
un aplauso a don Victorino.
Como a la
ignorancia no hay que darle alimento, agrego seguidamente lo que averigüé, en
la biblioteca pública, sobre las ruinas de la Casa de Pedro.
Las mayores excavaciones
arqueológicas en Palestina se iniciaron cuando, después de la 1ra. Guerra
Mundial, pasó a ser un Mandato Británico. Las excavaciones en el poblado
de Cafarnaún fueron dirigidas por los franciscanos,
Padres Virgilio Corbo y Stanislao
Loffreda, de 1968 a 1986. Las excavaciones dieron por
resultado el hallazgo de la posible casa de Pedro en la zona denominada
"ínsula sacra", al sur de la sinagoga de la isla sagrada y debajo de
la iglesia octogonal bizantina, construida hacia la mitad del siglo V. Las
ruinas de la casa de Pedro, donde vivió Jesucristo, datada por lo general en el
siglo primero a. C.; era una construcción de forma cuadrada o casi cuadrada, de
la cual se conserva aún la pared del oeste, que mide 8,40 metros de
longitud, y tiene una altura aproximada de un metro. Se calcula que a fines del
siglo primero d. C., una parte de la casa fue transformada en “domus-ecclesia” o “casa de los
seguidores de Jesús”, lugar destinado a las reuniones religiosas, que fue
demolida, junto a otras construcciones, para levantar sobre ellas la iglesia
octogonal más arriba citada. Sobre la que se afirma es la casa de San Pedro,
fue construido El Memorial, obra del arquitecto italiano Ildo
Avesta, con la finalidad de proteger los restos arqueológicos de la “isla
sagrada”. Su interior está reservado para las celebraciones litúrgicas.
En la casa de Pedro y alrededores, según los
evangelios, Jesús realizó varios milagros; sanó al paralítico, sanó a la hemorroísa que tocó su manto, curó a la suegra de Pedro y
resucitó a la hija de Jairo, el principal de la sinagoga.
Por la complejidad
de la historia de la casa de Pedro, y por el estado en que se encontraban sus
ruinas eran entendibles las dudas de Perci.
De la casa de
Pedro, nos trasladamos a Tabgha, o Heptapegón, antiquísimo poblado ubicado a 3 kilómetros al
sur de Cafarnaún y a aproximadamente 15 kilómetros
de Tiberíades, entre Cafarnaún
y Magdala. Allí visitamos la Iglesia de la Multiplicación
de los Panes y los Peces (pescados), ubicada a escasos 50 metros del Monte de las
Bienaventuranzas, sitio donde Jesús enseñó a sus discípulos el Sermón del
Monte, y a unos 140
metros, al noroeste, de la Capilla de la Primacía de Pedro,
construida hacia 1933, lugar donde se afirma o se cree que tuvo lugar la
tercera aparición de Jesús después de su muerte. Cerca del altar, de la Iglesia de la Multiplicación,
en el piso, se conserva un mosaico, hecho con incrustaciones de pequeños
cuadrados de cerámica de diversos colores, en el que están representadas entre
dos figuras de rombos, una canasta de pan flanqueada por dos pescados, y debajo
del altar una piedra caliza, donde se supone que sobre ella, Jesucristo colocó
los panes y los peces.
-¡Hijos!, ¿se
acuerdan de?...: “Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos
pececillos; más ¿qué es esto para tantos? “Y tomó Jesús aquellos panes, y
habiendo dado gracias, los repartió entre los discípulos, y los discípulos
entre los que estaban recostados; asimismo de los peces, cuanto querían”
–sermoneó condescendientemente don Victorino.
-Me parece que
el viejito, es un cura de vacaciones bien disfrazado –comentó jubilosamente
alguien del grupo.
Esta visita no
produjo discusiones, sólo deslumbramiento por algo nunca visto por nuestros
ojos.
Después de
visitar un viñedo, cuyo nombre no puedo recordar, y degustar un delicioso vino
tinto dulce, parecido a los “vinos santificados”, iniciamos el regreso a Tel-Aviv. Kilómetros más adelante, el conductor del bus
intercambió unas palabras en hebreo con Absalón, y
éste movió afirmativamente la cabeza en señal de avenencia. Nuestro bus, ñato,
celeste y blanco, se encostó a un lado del camino y detuvo su marcha.
-Aquí nos
quedaremos unos instantes…
-¿Por qué solo
un momento? –inquirió Elisio a Absalón.
-Porque es la frontera
con Siria, y la intención es la de darles la oportunidad para ver algo
distinto; algo del que ustedes habrán escuchado muchas veces hablar.
El primero en
bajar fue Harel, el conductor; hombre de porte
antiguo, vestido con jeans y con escaso pelo entrecano cortado a cepillo.
-Bajen de a
uno –autorizó Harel, haciendo un ademán con la mano.
Antes de que
bajemos todos, Harel se alejó de la puerta del bus
donde estaba parado, y en dos o tres saltos llegó junto a Maldonado, lo tomó
del cuello de la chaqueta y lo tiró hacia atrás.
-¿Quieres
matarte? –le preguntó Harel, al estupefacto
Maldonado.
-Solo quería
tomar un puñado de tierra para llevarla de recuerdo.
-Así como
aparenta ser confiable, también es muy peligrosa, amigo; hay muchísimas minas
sembradas en ese terreno. ¡Ustedes, por favor, no hagan la misma cosa!
Lo que
teníamos enfrente, era una gran extensión de terreno, sin ninguna maleza,
yermo, pero trabajado como si fuera para sembrar; entre esa extensión de tierra
que se perdía en lontananza y nosotros, únicamente nos separaba un alambrado
común, nada diferente de los que se usan en los campos o en los linderos de las
casas de los barrios pobres. Nunca supe si la línea de frontera, correspondía a
Siria, como dijera Harel, o a Jordania; lo que sí nunca
imaginé, que tanta tecnología, tantos cohetes, tantos supertanques, podían
necesitar de un infeliz y popular tejido de alambre.
Subí al bus, y
me senté en el asiento posterior al del conductor, hacia el lado de la
ventanilla con la intención de evitar el alboroto que, inevitablemente, se
producía en el medio; lugar preferido de los más barullentos.
Cuando me agaché para aflojar los cordones del calzado, vi
al costado izquierdo del asiento de Harel, una
metralleta con su correa bien estirada; Harel, que por
lo visto, estuvo observándome, esperó que mirara el retrovisor, y cuando
nuestras miradas se cruzaron, levantó ambas cejas e hizo un movimiento con la
cabeza como diciéndome ¡ves que es cierto lo que decía…, que debemos de tener
mucho cuidado!
5
A las dos
semanas, más duchos ya, éramos capaces de manejarnos bastante bien alrededor de
nuestra zona de estudio, motivo por lo que decidimos, Maldonado, Olivares, Otoniel, Laura, Tabares y yo, esa
tarde-noche, ir a buscar algún lugarcito barato donde comer algo de carne de
res; los mexicanos, que en un principio también irían, al final desistieron
pretextando que no encontrarían ni tacos, ni mole con chiles bien picantes, que
era lo que añoraban. A unas quince cuadras de “nuestra Neharde´a”,
descubrimos un sitio donde servían steak; por
supuesto, después de la aclaración que nos diera Olivares, respecto al steak, allí nos
quedamos. Nuestra deseada lonja de carne soasada, resultó un fracaso, el bistec
nada tenía de grande y grueso sino todo lo contrario; resultó ser carne
descongelada, pequeña, delgadísima, desabrida y cara; nos costó 10 dólares
americanos a cada uno. Al final de la famélica cena, la cara del grupo era todo
un poema.
Maldonado y Tabares decidieron regresar a la Histadrut,
y los demás nos dimos ánimo y fuimos a dar un paseo por la avenida. A las once
y media de la noche, cansados de caminar sin rumbo, regresábamos charlando
alborozadamente, cuando de pronto se nos acercó un hombre y nos encaró
hablándonos en hebreo, o quizás en otro idioma parecido; como era esperable, le
respondimos en castellano, diciéndole que no entendíamos lo que nos decía, el
hombre nos afrontó nuevamente, haciendo movimientos con las manos y gestos con el
rostro; Olivares, intentó comunicarse con él en inglés, lo que en vez de dar un
resultado práctico, hizo que el individuo se pusiera más nervioso y gesticulara
en modo más enérgico.
-¡Ale! ¡Ale, te
digo! ¡Vamos rápido de aquí!
-¡Está bien,
espera un momento Lauri!
-¡No entiendes
que está alcoholizado! ¡Tómalos a Olivares y a Otoniel
y vámonos de aquí!
Lauri, tenía razón, el sujeto de marras, estaba borracho hasta más no
poder, pero para alejarnos teníamos que deshacernos de él, y no lo podíamos
lograr; cuanto más nos hacíamos los desentendidos y apurábamos el paso, el
hombre, más fuerte y con mayor énfasis vociferaba, y entre caídas y
trastrabillo trataba denodadamente de alcanzarnos. Sus gritos desaforados,
desmedidos en extremo, daban la impresión de que lo estaban asando vivo, y lo
peor era que “inundaban” toda el área. Los cuatro pasamos veinte minutos
terribles; todos éramos conscientes de que a esa hora, los vecinos de las
manzanas, civiles de diferentes edades, armados, hacían su recorrido de
vigilancia, y que nosotros sin hablar ni entender el idioma, no podríamos
explicar que pasaba entre nos y un paisano suyo; bien podría ocurrirnos lo que
aconteció con Carlos en el aeropuerto, es decir, que nos tomasen por otra clase
de personas. Al final, pienso yo, que nos salvó, el que los recelosos guardias
civiles no estuviesen en esos momentos en la avenida, ni próximos a ella, y que
el gran trazado curvo de la misma, que hacía que las salidas de las calles que
desembocaban en ella estuviesen mucho más espaciadas de lo normal, hecho que
supuestamente, obligaba a los vigilantes civiles a efectuar todo el recorrido
en un tiempo mayor.
Llegados a la Histadrut,
nos reunimos, como de costumbre, todos los participantes del suceso para
platicar y comentar lo sucedido; al rato, probablemente debido a la bulla que
hacíamos, se nos unieron los demás compañeros, a excepción de los salvadoreños,
el guatemalteco y los chilenos, quienes tenían un trato muy reservado por
entonces (al parecer los miles de kilómetros que los separaban de sus países,
todavía no los habían desatado de las realidades de sus tierras). En el medio
del relato, alzando la voz, un compatriota de Otoniel
le dijo a éste:
-¡Y qué hizo
usted Oto, no escuché que usted haya hablado en la contienda! ¡Hombre, parece
que el marrano alumbrao ese, lo tuvo bien agallinao!
-¡No se agarre
conmigo hermano!…, lo que pasó fue que el verraco ese estaba a los gritos, y si
nos tomaban los pelaos esos de la vigilancia, ¿cómo iba yo a mostrarles mi
credencial, si estaba llena de svásticas que me los dibujó ahí algún bellaco?
¡Hermano, no tenía de otra que callarme!
La respuesta de Otoniel produjo una instantánea gritería y carcajadas. Yo
miré a Olivares y a Lauri, y los tres hicimos un
mismo gesto, como diciendo: ¡de lo que nos salvamos!
*
No hay dos sin
tres, o uno sin dos; esa misma semana ocurrió otro embrollón que entibió los
ánimos. Fastidiados del mismo estilo de comida, los delegados, por llamarlos de
algún modo, del curso consultaron con el coordinador sobre la posibilidad de
que en el menú semanal, se incluyera carne de ave o de res; la respuesta fue
muy bien recibida, tanto que a los dos días del pedido, fuimos a comer a un
lugar diferente del habitual y se nos sirvió de todo, incluso saboreamos varios
tipos de postre; comimos tan opíparamente que retornamos a la clase vespertina
amodorrados y felices, pero el contento duró tan solo unas horas; durante el coffee break comenzó a correr el
rumor, de que el almuerzo era parte del menú servido el día anterior en una
boda; la duda la convirtió inocentemente en realidad, un jovenzuelo que había
estado encargado de la mesa. Los compañeros, en su mayoría jóvenes y como tales
explosivos por naturaleza, hicieron un reclamo tan desproporcionado, como
amenazar que el hecho se comunicaría a las respectivas embajadas y al co-patrocinante (OEA), que se nos trataba como si fuéramos
unos hambrientos del tercer mundo, etc., etc.; que las autoridades responsables
del curso ofrecieron una formal disculpa. No hay “mal que por bien no venga”,
creo que así dice el refrán; desde esa vez tuvimos pollo dos veces a la semana.
En honor a la
verdad hay decir que lo sucedido, muy bien pudo haber sido por inexperiencia,
por falta de recursos o por cualquier otra cosa, pero no por mala intención de
los anfitriones.
6
Concluidas las
actividades de la jornada, nos “empaquetamos” a medias, con lo poco de vestir
que cada uno lleva en éste tipo de viajes; y en grupo (por temor a perdernos)
donde estábamos casi todos los que asistíamos al mismo curso, fuimos a caminar
por la Dizengoff,
tantas veces mencionada por el profesor Marcos, como una de las distracciones
cercanas que podríamos tomar en nuestro tiempo libre. Tal cual nos indicara
Marcos, buscamos la calle Arlozorov, cosa que
logramos después de dejar atrás algunas cortas diagonales que nos confundieron
un poco. Recuerdo que, en un momento dado, alguien farfulló algo como: “Nos
equivocamos, deberíamos haber tomado hacia la derecha, desde un comienzo”.
Sonreí, era de esperar una duda de “ese tamaño”, pues ya habíamos andado un
kilómetro y largo, y todavía no había indicios de la Dizengoff,
que con posterioridad, muy cercana a la incertidumbre, se hizo presente.
Alcanzado el hito, el ánimo de los caminantes subió muchos puntos; por fin
podríamos deambular por la calle más famosa, a nuestro entender, de Tel-aviv. Con todos los sentidos
enfocados en las bien iluminadas tiendas, restaurantes, bares, galerías, cines,
etc., que pasaban a nuestro paso, caminamos, caminamos, y caminamos, y en
ningún tiempo arribábamos al final de la bella “estrada” paralela al verde
mediterráneo, que parecía hacerse escuchar con la brisa que, tímidamente,
soplaba en algunos trechos de la calle; obviamente, en una primera vez no lo
podríamos hacer; la Dizengoff, medía, a ojo de buen cubero,
sus buenos tres y tantos más kilómetros en toda su extensión. Llegamos hasta
una plaza de diseño circular, cuyo nombre hoy escapa a mi mente, y emprendimos
el regreso, con la idea de buscar una pizzería y sentarnos a lanzar ojeadas a
la multitud, que caminaba de un lado para otro, y a las llamativas (para
nosotros) parejas de enamorados, que en servicio, vestidos con el uniforme
militar y con sus ametralladoras livianas, agarrados de la mano hacían su
recorrido regular por la Dizengoff.
En un inglés
aprendido en la secundaria, Etcheguren, pidió una muzzarella, con jamón sin cocer, y alcaparras en aceite de
oliva. El mozo, que primero hizo un gran esfuerzo para entenderlo, muy
correctamente le hizo notar que la pizza vendría con jamón, pero hecho de pavo.
-¿Qué?
–preguntó incrédulo, Etcheguren,
Antes de
desaparecer el gesto de incredulidad de su rostro, ya recibió una fuerte
palmada en la espalda, y chanzas de todo tipo, y diferentes decibeles en los
oídos.
-¿De dónde
brotaste vos cabecita que no sabes que los judíos no comen cerdo? –burlonamente
le preguntó Sofía, la coterránea de Laura.
-¡Andá… que vos más allá de tu provincia no saliste!
-¡Sí, salí!
¡Fui a la tuya negro!
El mozo
sonriente decidió marcharse para hacer el pedido a la cocina.
Sobre la mitad
de la noche, cuando todavía estábamos entre anécdotas, chistes, comentarios y
risas, se aproximó al grupo un hombre de unos 25 años, que vestía un pantalón
vaquero de color negro, una abombada camisa blanca a rayas color turquesa, de
porte escultural délfico a la vista de Sofía, Laura y Cristina, que con sumo
tacto nos encaró.
-Los escuché
conversando en castellano, y por eso me acerqué…Me llamo Efraín… ¿Puedo
sentarme a departir con ustedes un momento?
-Por supuesto.
¡Ven aquí! –se apuró a responder Cristina, la más liberal de todas y de todos.
Efraín, quedó
entusiasmado por la espontánea apertura del grupo, y bastante descolocado por
la respuesta de Cristina; que no tenía otra intención que la de hacerle pasar
calor, y al mismo tiempo tomarle la delantera al inesperado visitante;
característica muy singular de las mujeres dueñas de si mismas.
-¿Por qué no
tienes puesto el kipá? –preguntó otra vez Cristina;
pero ya sin deseos de escorchar a Efraín.
-Porque no soy
practicante –aseguró Efraín.
-Pero eres
judío –aseveró a su vez, Sofía.
-Sí…, pero no
por eso debo llevar el kipá puesto; solamente es
obligatorio para entrar y permanecer en un lugar de culto; obligación que
incluye a los gentiles. Te digo más, el uso del kipá
en todo momento, no es un mandamiento; es en su origen una costumbre, pero
además un símbolo emblemático propio de un judío varón.
-A los
gentiles…, es decir a nosotros; y a todos los que no son judíos.
-Así como lo
dices.
-Es lo mismo,
pero al revés que en nuestra religión –intervino Perci-;
para entrar en nuestras iglesias, las mujeres deben llevar un velo en la
cabeza.
-¡Ay, Perci! ¡Tu machismo te condujo a la ignorancia, o bien años
ha que no pisas una iglesia!
-Años ha que
no soy mujer –replicó Perci.
-Años ha, que sos un tonto –intervino Laura, en defensa del género, y
terminó diciendo- Te veo muy sonriente Efraín.
-Es que los
entiendo; mi familia, por generaciones vivió en Sudamérica; yo nací en
Argentina y estudié en el Brasil.
-¿Cierto?
-¡Plenamente!
-En realidad
eres diferente a todos los que conocimos hasta ahora. No eres ni muy, muy, ni
tan, tan.
Así siguió la conversa, amistosa y de poca
importancia, hasta que, como algo siempre ineludible, tuvo que subir al
“tablao” Israel.
-Para que
ustedes comprendan, o más bien empiecen a entender, deben concebir a Israel en
la actualidad; es decir, desde un tiempo cercano a esta parte. Mejor no
hablemos del pasado lejano, porque eso ni yo todavía tuve tiempo de absorberlo
totalmente, dado que desde hace pocos años estoy viviendo aquí; lo que
significa: que al no ser practicante, y al haber vivido mi infancia y mi
juventud en culturas como la argentina, y la brasilera principalmente, estoy
muy nutrido de ellas.
-¿Entonces,
porqué viniste? ¿Por aquello de que todo judío debe venir a la tierra
prometida, a conocerla, a trabajar en un kibbutz, como una demostración de
lealtad, o como un sentimiento de apoyo a la comunidad?
-En mi caso
no; y en el de mis padres no me corresponde hablar de ello.
-¿Y?
-Simplemente los
seguí.
-Estarás
considerado un joven medio descarriado aquí.
-¡No!…, y te
explico, o les explico mejor –dijo Efraín y se explayó largamente en los
siguientes términos: “Empecemos de cero otra vez; Israel, como país, está
formado por un conjunto de personas vinculadas por características o intereses
generales comunes; lo cual no quiere decir precisamente que no primen otras
características como la religión (judía), que es el eslabón más fuerte de la
cadena; el elemento indispensable para el enlace de acciones o sucesos, que hacen a
varios otros aspectos. Ahora bien, es innegable también que en la vida real, la
comunidad está compuesta de otras verdades; así como no todos los judíos
proceden del mismo lugar, no todos los judíos tienen, o tenemos un mismo nivel
de aceptación en la sociedad; los que llegaron del Este, de los países rojos,
no son tan bien aceptados o mirados por los que arribaron de Europa no
comunista. Un padre judío nacido en Alemania, puede considerar peor que su hija
se case con un judío del Este, que con un gentil; los del este, Polonia,
Checoslovaquia, Hungría, etc., por lo general están cubriendo los trabajos
menos deseados, como son los de obrero portuario y otros similares; aunque
también podría atribuirse a su bajo nivel educativo yo no lo veo así; no
obstante, escarbando un poco más la sociedad, hay que reconocer que emigrantes
del Este han llegado muy alto; por nombrar algunos, David Ben
Gurión, nacido en Plonsk
(Polonia), de ideas socialistas, fue uno de los fundadores del Estado de Israel
y fue Jefe de Gobierno en dos oportunidades (1948-1953/ 1955-1963), Golda Meir, nacida en Kiev
(Ucrania), laborista, también ocupó el cargo de Primera Ministra (1969-1974), Haim Weizmann, nacido en Motol (Rusia), político de centro (entre el sionismo
revisionista y el sionismo de izquierda, fue
el primer presidente de Israel (1948), y Levi Eshkol, nacido en Oratov
(Ucrania), fue parlamentario y Primer Ministro (1963-1969), Menahem
Begin, nacido en Brest-Litovsk (Polonia), político de ultra derecha, también fue
de los lideres más altos, ahora Primer Ministro. No hay una vara con qué medir,
pero hay evidencias que validan mi criterio. Todos los que mencioné, ocuparon
altos cargos políticos, pero no sé si pudieron traspasar la elite social;
tampoco sé mucho sobre los judíos nacidos aquí. Lo cierto es que bajo la
religión judía, y con el principio de un Estado propio, vivimos aquí,
liberales, ortodoxos, comunistas, ateos, etc., etc.
-Estado propio judío –señaló Etcheguren.
-¡Sí! Pero también interétnico y pluralista, aunque los que
estamos algo fuera de la línea religiosa, no tengamos preponderancia.
-Entiendo lo que dices, ¿pero por qué judío, si muchos no
lo son?
-¿Recuerdas lo que dije sobre el eslabón más fuerte?
-¡Perfecto! El eslabón que une, pero en medio de tanta
controversia…,¡espera..., espera!; comencemos de nuevo aclarando que no tenemos
ninguna intención de fastidiarte; lo que ocurre es que queremos aprovechar en
este momento la única oportunidad que disponemos para intercambiar ideas,
hechos, relatos, datos, conocimientos, entre gente de la misma generación
(nosotros todos), de un mismo nivel medio (que debemos ser la mayoría
intelectual), dejando de lado todo el “laterío” que
nos hacen escuchar los interesados. Recuerda que una cosa es lo que dicen los
gobiernos, especialmente cuando creen que pueden obtener algún beneficio, y
otra cosa es lo que piensan y no lo dicen. No somos ni políticos, ni
politólogos, pero es obvio que los mensajes van dirigidos a gente como
nosotros, entonces: ¿por qué no aprovechar la ocasión, ya que todos somos
abiertos, para hablar con franqueza?
-Estoy de acuerdo…, hablemos, nada se puede perder.
-En muchos de nuestros países, muy especialmente en el
interior, de donde yo provengo…, si alguien no está de acuerdo con lo que digo
que me interrumpa y agregue a la charla su visión sobre el tema, el ser antijudío es casi una costumbre; no puedo decir con certeza
científica de dónde proviene, pero desde pequeños escuchamos e hicimos hábito
aquello de llamar judío, al compañero de escuela o de barrio que no compartía
su merienda, al que te diera un escupitajo pueril por algún enojo emocional, o
al que tuviera mal comportamiento en los días santos. También teníamos muy
metidos en la cabeza aquello otro de que los judíos mataron a Cristo, sin saber
de buena manera el contexto en el que ocurrió el hecho. Como descargo de ello,
podríamos decir que en el tiempo en que transcurrió nuestra niñez, la enseñanza
religiosa era menos que pueblerina y el atraso socio-cultural era notable;
también es de rectos señalar, que muchos judíos compatriotas nuestros aportaron
su óbolo al “anti”, al formar un grupo social
cerrado; podíamos ser buenos amigos toda una vida, pero siempre existía una
línea invisible que no se podía atravesar; al oponerse al noviazgo o al
casamiento con cristianos (algo impensable), y a muchas otras cosas más que
aparentemente son intranscendentes, pero que poco a poco, como la gota china,
machacando y machacando, pasan a formar parte del ser interior. Aquí es
correcto aclarar que por todo lo dicho no debemos presumir que todos los curas
o todos los rabinos (o todas las religiones, a pesar de sus oscuridades y
grandes yerros históricos), son malos, buenos o mal intencionados.
-Eso es evidente; ni falta hace mencionarlo –expresó
Efraín.
Etcheguren siguió exponiendo su forma de pensar (en ocasiones no
totalmente compartido por todos) en los siguientes términos: “Es perfectamente
entendible que los israelitas tengan derecho, como todos los seres humanos, a
una tierra donde vivir, pero a mi criterio, no porque Dios les dio o les
prometió; porque de ese mismo modo también a muchos pueblos, incluyo a los
indígenas de América porque nos toca de cerca, sus dioses les señalaron y les
dieron un sitio donde vivir, y sin embargo se los han robado, y jamás se los
devolvieron en tiempo y forma; y sus
Dioses son tan válidos (para ellos), como el de nosotros los cristianos,
el de ustedes los judíos o el de los musulmanes; y no hablemos de los pueblos orientales
para no obscurecer más el panorama de divinidades. Tampoco entiendo aquello de
que les pertenece porque lo habían ocupado en tiempos lejanos o no tan
distantes; ese criterio tampoco es válido universalmente; si no que hablen los
vascos por su país, los argentinos por sus Malvinas, los españoles por su
Gibraltar, los marroquíes por su Ceuta y Melilla, los palestinos por lo que les
corresponde; todos tienen tierras que reclamar en América, Europa, Asia,
África…, en el mundo entero. Todos los pueblos deben tener un lugar en la
tierra, pero por ser seres humanos (de por sí ya protegidos divinamente), y no
por designio exclusivo de Dios, o de Dioses a algunos en especial; recordemos
que ambos son complacientes con todas sus criaturas. Y si a todo lo religioso,
le adherimos la porción de mundo ateo… me pregunto… ¿Cuánto menos valido son
los criterios de los que hablamos? ¡Nada, absolutamente nada! Por eso, mi
querido amigo Efraín, creo que la política que están aplicando los líderes de
tu país está errada; muy poco es lo que pueden obtener en un orbe de idea antijudía”.
-A lo dicho, agregaría que, por idénticas razones, los
musulmanes tampoco deben llevar todo al campo religioso –agregó Benavides.
-¡Desde ya!... No los he nombrado porque no estamos conversando
con ellos, pero la situación es similar.
-¡Idéntica!
-¡No!...No es idéntica porque le falta el componente de la
fobia.
-Efraín, ¿te das cuenta que con otra persona no hubiésemos
podido hablar así?
-Puede ser.
-No, amigo…Si tú fueses un practicante o un fanático, y si
no llevaras años de Latinoamérica en tu interior, de ningún modo nos hubieses
entendido.
7
-¿Qué cosas
más tuvieron ocasión de ver?
-¡Muchas! En
los temas concernientes al motivo por el que estamos aquí, vimos mucha
organización en la dirigencia vinculada al conjunto de instrucciones y normas para la
ejecución de procesos, notable orden administrativo y operacional, mucho
uso de tecnología de avanzada, y una llamativa combinación en el uso de mano de
obra intensiva con tecnología. Creo que, hasta ahora, hemos aprendido bastantes
cosas aplicables o adaptables. En lo que respecta a las visitas turísticas,
también hemos visto innumerables sitios de relevancia histórica; lo último fue
el Lago Tiberíades y su entorno; hasta tuvimos la suerte
de poner los pies en la misma frontera con Siria.
-¿En las Altos
del Golán?
-Así nos
dijeron cuando visitamos un viñedo.
-¡Umh!-se escuchó decir a Efraín.
-¿Dudas?
-Siendo
invitados del gobierno, puede ser posible…
-Si
desconfías, dinos porqué.
-¡No puedo
afirmarlo, pero como es una zona militarizada me salpicó la duda! La meseta del
Golán, fue una de las zonas de guerra reciente; hace
escasamente dos años y meses que terminó la guerra del Yom
kippur, y hablo de la guerra, no de sus consecuencias,
ni de las hostilidades que aún siguen.
-Estando allá
escuchamos acerca de las hostilidades en la región.
-Habrán
escuchado muchísimas cosas sobre lo ocurrido.
-Sobre lo
ocurrido y sobre lo que ocurre; pero nada percibimos sobre lo último –aseveró Etcheguren.
-Yo escuché
una que me hizo rumiar bastante sobre la guerra. ¡La guerra como tal!, sin
reflexionar sobre derechos o razones…¡Únicamente la guerra con sus actos! En un
principio, por todo lo visto, puse en duda, pero después me dije ¿por qué no?
-¿Exactamente
a que te refieres?-preguntó Efraín.
-A los
desmanes ocurridos en la frontera con Siria.
-¿Dichos por
quién?-inquirió Efraín.
-Por
pobladores de la región.
-¡Árabes!
-Árabes
israelitas…supongo.
De manera
específica, Latorre se estaba refiriendo a los hechos
perpetrados, por algunas unidades del ejército israelí, contra poblados sirios
durante la guerra del Yom Kippur
(guerra de Octubre para los árabes).
-Por alguna
razón válida lo habrán hecho; los sirios no juegan limpio tampoco.
-No tengo
dudas de que hubo descontroles en ambos lados; pero ahora, únicamente puedo sondear
el pensamiento de de las personas de ésta parte del conflicto. Comprendo
suficientemente el alcance del adagio: “necesitas caret
lege” (necesidad carece de ley), cuando es imperativo
proteger una nación, pero también tengo la impresión de que riñe con la moral,
o mejor, que desvirtúa la moral de un pueblo, que en mayoría, está alejado de
la malicia. Trato de entender, como dije antes, ¡el porqué producen hechos de
esa naturaleza! Los ejércitos de pueblos instruidos; y ojo que no circunscribo
las acciones solamente a esta parte del mundo, sino a toda Europa y a muchos de
nuestros países “desarrollados” de América. ¿Por qué el gobierno de Israel
practica una política tan perjudicial a su pueblo; a sabiendas de que por la
propia naturaleza humana, todos tenemos la tendencia de inclinarnos, con razón
o sin ella, hacia el más débil? Israel, ya demostró en extremo que es un David
poderoso, que enfrenta a gigantes con pies, no de barro, sino de arena;
gigantes que a los ojos del mundo, se están volviendo indefensos pequeños y
mostrencos por lo que han perdido.
En cuanto a
los atropellos ocurridos en ciudades sirias, Latorre,
hablaba puntualmente de Kuneitra (Quneitra-Al
Qunaytirah) y de otros poblados cercanos a ella.
Semanas más tarde, estando en el albergue de una asociación cristiana de
Atenas, impensadamente conocimos a una delegación que regresaba de Tierra
Santa; y fue el guía de esa delegación, que por pura casualidad ocupaba la cama
superior de la litera que estaba frente a la mía, quien nos aclaró lo
acontecido en Kuneitra; lo sucedido en Rafid y otros poblados ignoraba por completo. La
explicación la hizo, más o menos, en los siguientes términos:
“Esta última
guerra reciente, entre Israel, Egipto, Siria y Jordania, se libró en varios
frentes; uno de ellos era el norte, en la Meseta del Golán; por
allí el ejército sirio invadió suelo israelí; ¡bah!,
ciertamente no sé si era tierra de Israel, o tierra de Siria ocupada por Israel
en la guerra de los seis días. Lo cierto y concreto es que los árabes atacaron,
y se desplazaron a lo largo de la frontera entre las ciudades de Hadar, kuneitra y Rafid. Kuneitra, considerada la más importante desde el punto de
vista geográfico, político y militar de la región, fue el centro principal del
contraataque israelita, porque su captura dejaba abierta la puerta hacia,
Damasco, la capital de Siria; el vandalismo surgió cuando después del cese del
fuego, las tropas de Israel antes de retirarse, en 1974, decidieron aplicar la
táctica militar de tierra arrasada; destruir todo lo que pudiera ser de
utilidad al enemigo; pero en ese afán, se les fue la mano porque bajo esa
política, con maquinarias pesadas, destruyeron también iglesias, mezquitas,
hospitales, escuelas y viviendas. Dejaron el pequeño poblado, de 30.000 almas,
en ruinas”.
De que quedó
en ruinas no hay duda alguna; de que lo hicieron adrede o no, depende de quien
lo diga y del momento en que lo diga, porque eternamente pareciera ser que al
último en exponer sus verdades aparentemente le asiste la razón.
*
Algunos
artículos sobre el punto, para quienes deseen conocer algo más.
*Golán. The UNDOF
Journal
United
Nations Disengagement Observer Force
Nº 101 -- X –
XII - 2004
New Years Service in Quneitra
The celebration directed by the Austrian
Protestant and Catholic
padres, Susanne Baus and Christian Rachle, took place at an exceptional place: In
the destroyed Orthodox church
of Quneitra.
Three years ago Pope John Paul II celebrated a holy
mass there.
Rarely believers of the Austrian contingent have the
opportunity to attend a divine service
in the 1973 destroyed church.
1st January 2005 at 18 hours the ceremony began: Dozens of Austrians and
Slovakians entered the church, walking over the clacking pieces of bricks on
the floor, illuminated by the fl ickering torches in
the windows with no more panes, accompanied by the howlingof
the dogs straying through the ruins of old Quneitra.
Members of the 2nd Coy AUSBATT had prepared the religious memorial from
an empty shell to a living house of God: behind the iconostas stood a wooden
cross, atop an altar were candles placed on some bricks of the dishonoured
church.
During the intercessions the small community prayed for the dead and
surviving victims of the tsunami catastrophe but also for all who lost their
lives in the Service of Peace within UNDOF.
The Catholic padre plans another service next Easter in the church of
the “ghost town” because it is a special spiritual experience for all praying
within the naked walls that cry out of the cruelty of war.
Article by Maj
Stefan May
*Golán. The UNDOF Journal
nº117
United
Nations Disengagement Observer Force
Golán the UNDOF journal Main challenges In areas of
contention around the world, territories often become No Man’s Land, but in the
case of Golan, the Area of Separation (AOS) continued to be inhabited by Syrian
civilians.This has resulted in continuous land use
change, and in recent years at an accelerated rate, thus creating more
challenges to monitor the activities in accordance with the agreement and the
mandate.
Development of road networks and new agricultural fields are just two
examples where change is very apparent…
*La VANGUARDIA ESPAÑOLA-Viernes
28/VI/ 1974 – pág. 28.
Kuneitra. (Crónica.de
nuestro redactor, enviado especial.) Kuneitra, en ai Golán, es una ciudad devastada. Sólo los minaretes de dos mezquitas,las torres de una iglesia griego-ortodoxa, y
algunos grandes edificios quedan en pie. En la Jarga calle principal,
la única cuyo trazado no ha sido desdibujado o enterrado por las ruinas, hay
también algunas otras casas, en cuyos bajos «Abu Hassan», que como tantos otros, miles y miles -de sirios ha
retomado hoy a su ciudad, recuerda que antes de la guerra había una tienda decomestibles, una farmacia, quizá una tahona... Los que
durante siete años han vivido como refugiados en Damasco y en sus alrededores,
han subido esta mañana a Kuneitra, para buscar, entre
los escombros, el emplazamiento donde •bn día se
levantó su casa. Por todas las carreteras de Kuneitra,
en un desorden polvoriento, avanzaban automóviles, camiones, viejos autobuses
de Damasco con sus "tubos de escape en forma de chimenea, abarrotados de
gente. En algunas camionetas iban familias con todos sus enseres: colchones y
camas, toda ojase de bultos, una salamandra.
Macetas de fiores... Los embotellamientos de esta circulación
anárquica eran continuos. Para contornear la caravana de vehículos, los más
audaces se metían- campo a traviesa. Por las ventanillas de los autobuses
asomaban las caras alegres de los que regresaban.
Sobre los techos, los
muchachos ondeaban banderas sirias y del -«Baas». En
una de las muchas pancartas habían escrito: «Nuestra cabeza llega hasta el
cielo con dignidad y valor».
Los campos de la llanura de
Kuneitra están quemados. Suben de los rastrojos,
penachos de humó. Los soldados de la O.N.U. y los, en las vaguadas del Golán,
al pie de! pico del monte Hermón, aún con pequeñas-
manchas de nieve, crecen árboles frutales y discurren caminos dé agua ciara que
bajan de las altas sierras. Esta comarca, con villorrios destruidos-y lugares
siniestros como el denominado «Casa del diablo» donde se libraron encarnizados
combates, fue conquistada por los israelíes en la guerra de octubre. Ahora han
vuelto a ella sus habitantes, que presencian, ilusionados, el paso de los
centenares de vehículos que van hacia Kuneitra, la
capital de la provincia.
ENCUENTRO ALEGRE Y
EMOCIONADO
Ya en la llanura, en Khan Arnabi, se llega a la zona ocupada en 1967 con cuya
devolución parcial se ha cumplido, con un orden escrupuloso, el acuerdo firmado
hace unas semanas entre sirios e israelíes. Kuneitra,
antiguo centro de comunicaciones, era hasta la guerra de los «Seis Días», una
población agrícola y comercial de cuarenta mil almas, yo la visité en julio de
1967 con los israelíes.
Guardo de aquella rápida
excursión por el Golán, unos cartuchos de
ametralladora y unas fuentes decoradas con flores que encontré en las rumas de
una casa. Aún quedaban en P'e muchas viviendas. Hoy
la ciudad esta enteramente destruida.. “Abu Hassan”, me dice que la mayor parte de las casas han sido
voladas en las últimas semanas antes de la evacuación de los israelíes. Durante
estos siete años las tropas judías hicieron ejercicios de voladuras en la
ciudad. La techumbre de muchas casas se ha desplomado a causa de la explosión
de las minas y no a consecuencia de las bombas. Por entre los escombros
sobresalen las ramas fragantes de unos árboles que han escapado a la
devastación y a la muerte.
El encuentro de los
habitantes de Kuneitra con su ciudad, ha sido alegre
y emocionante. No he presenciado escenas dramáticas. Mucha gente como “Abii Hassan”. Después de dar
infinitas vueltas, han hallado algún vestigio de lo que fue su casa.
Antiguos vecinos se veían
por primera vez tras siete años de separación. Se besaban y se abrazaban en
medio de las ruinas. Había grupos de sirios que danzaban y cantaban. Muchos
habían cogido flores silvestres o. habían arrancado ramas, y se paseaban, con
un aire de fiesta por la ciudad. De las cubas de unos grandes camiones brotaba
el agua para aplacar ia sed de estos miles y miles de
visitantes. Un único kiosko en el que se vendían
helados, era asaltado por la multitud. Una vez fue izada ia
bandera siria por el presidente Hafez
Assad y comenzó el lento retorno hacia Damasco, se
produjeron los mismos embotellamientos en las carreteras que a la ida, Algunos
habitantes de la ciudad llevaban consigo trozos de ladrillo o unos manojos de
cables eléctricos. Kuneitra volvía a, quedarse sola
con sus casas derruidas en cuyas paredes había inscripciones en hebreo. Aún se
oían, en la tarde, las explosiones de las minas.
En esta población
deshabitada una mujer árabe, alta y de larga cabellera blanca ha vivido desde
mil novecientos sesenta y siete. La vieja dama de. Kuneitra
con su amor a la Naturaleza
y a la soledad, con su extraña risa resonando entre ¡as paredes desmoronadas,
espera vivir el renacimiento de una nueva ciudad. — Tomás Alco
Vebro.
*The Quneitra
Question
Friends of Israel know
they are in trouble when they have to look to the New York Times editorials for
more favorable treatment than the Times news columns
are giving the Jewish state. So it's illuminating this morning to read the lead
Times editorial, which says, "Yesterday the pope visited Quneitra, a city in the Golan Heights that Syria chose for
political reasons. It maintains that the city was razed by Israel in 1974 before being returned to Syria, which Israel disputes."
Oh -- so it turns out that the
razing of Quneitra is just something that Syria "maintains" and that Israel
"disputes." That must come as news to those who rely on the news
columns of the Times for their information.
Here is how a New York Times
news article from Damascus on May 6, 2001,
described Quneitra: "a city in the Golan Heights
captured by Israel in the
1967 war and destroyed before it was returned in 1974, and which Syria has preserved as a museum of Israeli
brutality." Nothing there about the facts of the matter being disputed. No
attribution, even. The Syrian claim is stated as simple historical fact.
Here is how a New York Times
news article from Damascus on May 7, 2001,
described Quneitra: "a city on the Golan Heights
that was captured by Israel
during the June 1967 Arab-Israeli war and destroyed just before the area was
returned under a 1974 agreement. Syria
has left it ruined as a museum
of Israeli
aggression." Again, nothing about the facts of the matter being disputed.
Again, no attribution.
The claim that Israel
"razed" the town before returning it, in a demonstration of
"aggression" or "brutality," is false. The town was
destroyed by war, not by Israelis deliberately wrecking it before giving it
back to Syria.
As the book "Myths and Facts" notes, in the 1973 Yom Kippur War, Quneitra "was shelled and captured by Syrian troops,
retaken by Israelis, and then defended against intense Syrian counter attacks.
Tanks roamed through the town, between and through buildings." The book
also reports that Quneitra "also suffered damage
from 81 days of artillery duels that preceded the disengagement." The book
also cites a May 5, 1974, dispatch from Quneitra
published in the Times of London, which reported the town "is in ruins and
deserted after seven years of war and dereliction. It looks like a wild west
town struck by an earthquake. . . Nearly every building is heavily damaged and
scores have collapsed." That dispatch is dated weeks before the May 31,
1974 separation-of-forces agreement between Israel
and Syria
that provided for an Israeli withdrawal from Quneitra.
If the Times news department
is going to pass along these groundless Syrian allegations of Israeli brutality
and aggression, the least it could do is be as fair as the editorial writer
(which is to say, minimally) and report that Israel disputes them.
May 8, 2001 - Tzemach David.org - Zichron Mordechai
*
-Antes, preguntaste qué cosas más tuvimos
ocasión de ver. ¿Recuerdas?
-Por
supuesto.
-Te
conté algunas, pero quiero agregar otra muy agradable a la vista y al espíritu;
vimos con mucho placer, mujeres israelitas, oriundas de esta tierra, bellas,
bellísimas; dueñas de un cutis bronceado mediterráneo, y unos ojos claros,
color verde esmeralda. Amigo, en ningún tiempo imaginé dar con tal estética
humana en esta región del mundo; sinceramente debo decir que estaba equivocado;
tenía una percepción errada acerca de la figura femenina israelita.
8
-A más del deleite espiritual observamos
otros dos aspectos que califican a una nación: el primero de ellos, que
distingue a la inteligencia, a la habilidad y a la destreza de los
profesionales israelitas, es el modelo de proyecto racional concebido para
obtener un segmento del mercado internacional de productos perecederos y su
puesta en práctica con éxito, a pesar de lo dificultoso del entramado de un
trabajo de ese clase desde su concepción hasta su ejecución.
-Es verdad, Ale; ese éxito diferencia a
los profesionales de tu país Efraín. Tú no puedes imaginar, porque no es tu
campo de acción, lo que implica llevar a cabo un proceso de amplio espectro,
que comienza en la finca de los productores de diferentes zonas (atendiendo sus
requerimientos de insumos, transporte, financiamiento, etc.); que sigue por los
centros de acopio auxiliares, por el centro de acopio central, por las tareas
de reclasificación, de empaque, de redistribución por destino, por carga aérea
y embarque a horarios actualizados; y que, diríamos, termina (para volver a
empezar) en los escritorios de los encargados comerciales. Ese trabajo que con
la precisión de un reloj suizo llevaron a cabo, permitió a Israel liderar el
comercio internacional de flores, frutos y otros productos más.
-El segundo de ellos –retomando la
palabra siguió Ale diciendo-, es verdaderamente trascendental, porque hace a la
esencia del ser humano, hace honor a los ciudadanos de muchos países, a los
judíos que sufrieron y a los que demostraron su gratitud; hablo del Yad Vashem Holocaust
Memorial de Jerusalén. De lo que he visto acerca del holocausto, me ha quedado
en la retina y en la conciencia, las imágenes fotográficas de los niños, de las
mujeres y de los hombres (jóvenes y ancianos) sufrientes, hambrientos,
escuálidos, con el miedo y el interrogante en sus ojos; de los enseres, de las
vestimentas y de los objetos recuperados
de los campos de concentración nazis. Las imágenes, no miento, me produjeron
escalofrío, aflicción, estremecimiento, tristeza, y sentimiento de vergüenza
por el crimen ajeno. Ese comportamiento asesino, me trae a la memoria las
palabras de mi profesor de ética y moral: “la actividad del hombre transciende
la simple tarea de vivir y trabajar; porque también instituye las instituciones
morales, políticas y religiosas, que en conjunto rigen su vida, obligándolo a
acomodar su conducta a estos principios. La conciencia moral es un hecho real,
inconmovible, que puede ser calificado y calificar los actos del ser humano,
actos que dependen de su voluntad buena o mala; voluntad que siendo libre hace
que el hombre sea el que decida entre lo que su conciencia moral le dice, y lo
que la flaqueza humana lo lleva a hacer; el ser humano no es ciego a los
valores morales de manera que es el único responsable de sus hechos”. Estimado
amigo Efraín, por esa enseñanza gracias a Dios recibida, puedo afirmar que
ninguna clase de creencia de superioridad, fobia, aversión, religión, política,
mandato superior, pueden validar tamaña masacre humana; y ni tan siquiera el
geniecillo maligno de Descartes, puede desligar la responsabilidad de los
actores morales y activos de la matanza y el sufrimiento de los judíos
indefensos, durante la 2da Guerra Mundial (ni de todos los no judíos, por
añadidura). No sé que tú piensas, pero yo siempre creí en el poder de absorción
y autocuración del ser humano; y la demostración de su existencia la comprobé
nuevamente cuando el amargor y el disgusto que tenía, fue desapareciendo a
medida que recorría, y me detenía a leer los nombres de los Justos de las
Naciones y sus países de origen, inscriptos en las placas situadas al pie de
los algarrobos (plantados por algún(os) “Virtuoso(s) entre los Gentiles”). El
Memorial, expresa con altísima dignidad el sentimiento de estima y
correspondencia del pueblo judío por el beneficio recibido, y con honor,
respeto y reverencia, la disposición del alma de los Virtuosos por obrar acciones
conformes a la moral que permitieron salvar vidas humanas.
*
Acerca de los Justos de las Naciones
En un mundo de debacle moral generalizada, hubo una
pequeña minoría que supo desplegar un extraordinario coraje para mantener los valores
humanos en pie. Ellos fueron los Justos de las Naciones, que remaron contra la
corriente general de indiferencia y hostilidad que prevaleció durante el
Holocausto. Contrariamente a la tendencia generalizada, estos salvadores veían
a los judíos como seres humanos comunes y corrientes, incluidos dentro de su
universo de obligaciones.
La mayoría de los salvadores comenzaron como
observadores pasivos. En muchos casos el cambio ocurría cuando eran
confrontados con la deportación o la matanza de judíos. Algunos habían
permanecido indiferentes en las etapas tempranas de la persecución, cuando los
derechos de los judíos eran restringidos y sus propiedades confiscadas, pero
llegó un punto en el que decidieron actuar, una barrera que no estaban
dispuestos a cruzar. A diferencia de otros, ya no pudieron consentir con las
crecientes medidas que afectaban a los judíos.
En muchos casos eran los judíos los que se dirigían a
los gentiles en busca de ayuda. No sólo los salvadores manifestaron ingenio y
coraje, sino también los judíos luchaban por su supervivencia. Wolfgang Benz, quien realizara
una exhaustiva investigación sobre el rescate de judíos durante el Holocausto,
sostiene que, al escuchar las historias de salvataje,
las personas rescatadas pueden ser vistas como meros objetos de cuidado y
caridad. Sin embargo, “el intento de sobrevivir en la clandestinidad era, antes
que nada, un acto de autoafirmación y un acto de resistencia judía contra el
régimen nazi. Sólo unos pocos tuvieron éxito en dicha resistencia”.
En el encuentro con judíos llamando a sus puertas, los
observadores pasivos debían tomar una decisión inmediata. Ésta era a menudo un
gesto humano instintivo, un impulso irreflexivo, seguido sólo después por una
elección moral. Frecuentemente se trataba de un proceso gradual, en el que los
salvadores se involucraban de modo creciente en la ayuda a los judíos
perseguidos. El consentimiento a ocultar a alguien durante una redada –
proveyendo refugio por un día o dos hasta encontrar otro lugar- podía convertirse
en un rescate de meses e incluso años.
El precio que los salvadores debían pagar por su
acción difería de un país a otro. En Europa Oriental, los alemanes ejecutaban
no sólo a las personas que ocultaban judíos, sino también a toda su familia.
Los nazis colocaban por doquier avisos de advertencia contra la ayuda a judíos.
En general, el castigo era menos severo en Europa Occidental, aunque también
allí las consecuencias podían resultar terribles, y algunos de los Justos de
las Naciones fueron encarcelados y asesinados en campos de concentración.
Además, a la luz del trato brutal dado a los judíos y
la determinación de parte de los perpetradores de dar caza hasta al último de
los judíos, las personas debían temer grandes sufrimientos si intentaban ayudar
a los perseguidos. En consecuencia, los salvadores y sus protegidos vivían en
constante temor de ser apresados; existía el continuo peligro de ser
denunciados por vecinos o colaboracionistas. Esto incrementaba el riesgo y
dificultaba a las personas del común el desafiar las convenciones y las reglas.
Aquellos que decidían dar refugio a judíos debían sacrificar sus vidas normales
y emprender una existencia clandestina -a menudo contra las normas aceptadas
por la sociedad en que vivían, temiendo a sus vecinos y amigos- y aceptar una
vida regida por el pavor a la denuncia y la captura.
La mayoría de los salvadores eran personas corrientes.
Algunos actuaban por convicción política, ideológica o religiosa; otros no eran
idealistas, sino meros seres humanos a los que les importaba la gente a su
alrededor. En muchos casos nunca planearon convertirse en salvadores, y no
estaban en absoluto preparados para el momento en el que debieron tomar una
decisión de tan largo alcance. Eran seres humanos comunes, y es precisamente su
humanidad la que nos conmueve y la que debiera servir de modelo. Hasta ahora, Yad Vashem ha reconocido a Justos
de 44 países y nacionalidades; hay entre ellos cristianos de todas las
denominaciones e iglesias, musulmanes y agnósticos, hombres y mujeres de todas
las edades; provenientes de todos los estilos de vida; altamente educados, así
como campesinos analfabetos; figuras públicas y marginales; citadinos y
granjeros de los más remotos rincones de Europa; profesores universitarios,
maestros, médicos, clérigos, enfermeras, diplomáticos, trabajadores no
calificados, sirvientes, miembros de la resistencia, policías, pescadores, un
director de zoológico, el propietario de un circo, y muchos más.
Los investigadores han intentado rastrear las características
que estos Justos comparten y de identificar quién sería aquel que se
convertiría en salvador de judíos o a de una persona perseguida. Algunos
sostienen que los Justos son un grupo diverso y que el único común denominador
es la humanidad y el coraje que pusieran en juego en la defensa de sus
principios morales. Samuel P. Oliner y Pearl M. Oliner han definido la
personalidad altruista. Al comparar y contrastar a los salvadores con los
observadores pasivos durante el Holocausto, señalaron que aquellos que
decidieron actuar compartían características tales como la empatía y un gran
sentido de conexión con los demás. Nehama Tec, quien también estudiara diversos casos de Justos,
halló un conjunto de características y condiciones comunes, relativas a su aislamiento,
individualismo y marginalidad. Su independencia les permitía actuar contra las
convenciones y creencias aceptadas.
Ser observador pasivo era la regla; rescatar era la
excepción. Por más difícil y atemorizador que fuese, el hecho de que algunos hubieran
hallado el coraje para convertirse en salvadores demuestra la existencia de
cierta libertad de elección, y que el salvataje de
judíos no estaba fuera de la capacidad de las personas comunes a lo largo de la Europa ocupada. Los Justos
de las Naciones nos enseñan que cada persona puede marcar la diferencia.
Existían distintos grados de ayuda: algunos daban
alimentos a los judíos, deslizando una manzana en sus bolsillos o dejando
comida donde estaban por pasar de camino a su trabajo. Otros derivaban a los
judíos a personas que pudieran ayudarlos; algunos les daban refugio por una
noche y les decían que tendrían que partir por la mañana. Sólo unos pocos
asumían la total responsabilidad por la supervivencia de los judíos. Son los
miembros de este último grupo, en particular, los que cumplen los requisitos
para el título de Justo de las Naciones.
Principales formas de ayuda ofrecida por los Justos de
las Naciones:
Ocultamiento de judíos en los hogares de los
rescatadores o en sus propiedades
En las áreas rurales de Europa Oriental eran cavados
guaridas o “bunkers“, como se los llamaba, debajo de
casas, tambos o establos, donde los judíos pudieran ocultarse. Además de la
amenaza de muerte que pendía sobre las cabezas de los judíos, las condiciones
físicas en lugares tan oscuros, fríos, faltos de aire y hacinados durante
largos períodos de tiempo eran difíciles de soportar. Los salvadores, también
ellos aterrorizados, tomaban a su cargo las tareas de proveerles alimentos –una
hazaña nada fácil para familias pobres en tiempos de guerra- retirar los
excrementos y atender todas sus necesidades. Los judíos eran ocultos también en
áticos, escondites en los bosques y en cualquier lugar que les pudiera ofrecer
refugio, tales como cementerios, cloacas, jaulas de animales en zoológicos,
etc. A veces, los judíos ocultos eran presentados como no judíos, como
parientes o niños adoptados. También se ocultaban en apartamentos en ciudades,
y los niños eran ubicados en conventos, donde las monjas ocultaban su verdadera
identidad. En Europa Occidental, los judíos eran ocultos mayormente en hogares,
granjas o conventos.
Falsificación de documentos e identidades
Con el fin de asumir la identidad de no judíos,
quienes huían necesitaban documentos falsos y asistencia para establecer una
existencia bajo una nueva identidad. Los salvadores en este caso eran
falsificadores, o funcionarios que emitían documentos falsificados, clérigos
que fraguaban certificados de bautismo, y algunos diplomáticos extranjeros que
emitían visados o pasaportes, contrariando las instrucciones y la política de
sus países. A fines de 1944, diplomáticos en Budapest emitieron salvoconductos
e izaron sus banderas en edificios enteros, de modo de poner a los judíos bajo
la inmunidad diplomática de sus países. Algunos salvadores alemanes, como Oskar Schindler, utilizaron
falsos pretextos para proteger a sus trabajadores de la deportación,
argumentando que los judíos en cuestión eran requeridos por el ejército para el
esfuerzo de guerra.
Traslado clandestino y asistencia para la fuga
Algunos salvadores ayudaron a los judíos a salir de
una zona de especial peligro hacia un lugar menos riesgoso. Sacaban a los
judíos de guetos y prisiones, los ayudaban a cruzar fronteras hacia países no
ocupados o a áreas donde la persecución era menos intensa, por ejemplo a la Suiza neutral, a zonas
controladas por los italianos desde las cuales no se producían deportaciones, o
a Hungría antes de la ocupación alemana en marzo de 1944.
El rescate de niños
Los
padres enfrentaban desgarrantes dilemas a la hora de separarse de sus hijos y
entregarlos a manos ajenas, en la esperanza de aumentar sus posibilidades de
supervivencia. A veces, los niños abandonados luego que sus padres fueran
asesinados, eran amparados por familias o conventos. En muchos casos eran
individuos particulares los que decidían amparar a un niño; en otros, y en
algunos países, en especial en Polonia, Bélgica, Holanda y Francia, existían
organizaciones clandestinas dedicadas a hallar hogares para los niños, proveían
fondos, alimentos y atención médica, y se aseguraban de que fueran bien
atendidos.
YAD
VASHEM.ORG
Estos números no son necesariamente un indicativo del
número de judíos salvados en cada país, sino un reflejo de las acciones de
rescate que han llegado al conocimiento de Yad Vashem.
Albania 68 Letonia 111
Armenia 10 Lituania 723
Austria 85 Luxemburgo 1
Bielorrusia 587 Macedonia 10
Bélgica 1,476 Moldova 73
Bosnia 35 Montenegro 1
Brasil 2 Holanda ** 4,863
Bulgaria 18 Noruega 42
Chile 1 Polonia 6,066
China 2 Portugal 1
Croatia 106 Rumania 54
Republic Checa 118 Rusia 124
Dinamarca* 22 Serbia 127
Estonia 3 Eslovaquia 478
Francia 2,833 Eslovenia 6
Georgia 1 España 4
Alemania 455 Suecia 9
Gran Bretaña
(Incl. Escocia) 14 Suiza 44
Grecia 279 Turquía 1
Hungría 703 Ucrania 2,213
Itlia 442 Estados Unidos 3
Japón 1 Vietnam 1
TOTAL 22.216
* El movimiento clandestino danés solicitó que todos
sus miembros que participaron en el rescate de la comunidad judía no sean
listados por separado sino conmemorados como un grupo único.
**Incluye dos personas originalmente de
Indonesia pero residentes en Holanda.
List of Righteous among the Nations by country
Country of origin
Poland (Total: 6,135) Main article: Polish
Righteous among the Nations
Netherlands (Total: 4,947) Miep Gies , Corrie ten Boom, Frits Philips, Johan Benders & his wife, Gerritdina Benders-Letterboer, Johan Hendrik Weidner, Victor Kugler, Jaap Penraat, Jan Zwartendijk
Saved 3 000, Alida Bosshardt, also
known as Majoor Bosshardt, Liesbeth en Ariën
Visscher-Valckenier Suringar, Marion Pritchard, Jacobus Rijnbout
& his wife Eelkje Hattuma,
honored posthumously on April 20, 2004, Jan Roorda and his wife Rien Roorda , Dirk van Schaik , The Sietsma brothers, Hein
& Henk , Joop & Wilhelmina Westerweel, Joop Woortman
& Jaap Musch, from the
N.V. Group, Jan
Giliam, Clara Dijkstra, Petrus & Afra Dubelaar, Amsterdam North,
and Hendrikus & Alida Dubelaar, Santport; from the Westerweel Group. [Hidden: Sam Goldberg, mother,
grandmother], Barent Binnenkant, Dr. Gerrit
J. ten Zythoff, Dirk Boonstra.
France (Total: 2,991) Pierre Granal
and his wife, Rose Granal, André and Magda Trocmé, Alexandre Glasberg & his
brother Vila Glasberg (Victor Vermont), Edouard Theis, René and Hélène Bindel, their son Jean, and Clotilde
Pava, Jacques Ellul
(2001), Camille Ernst, Father Pierre-Marie
Benoit, Father Jean Fleury, Marie-Rose Gineste, Pierre-Marie Gerlier, Cardinal of Lyon (1981), Dr. Adélaïde Hautval, Jean Deffaugt Raoul Laporterie, Pastor Jean Séverin Lemaire, Gilbert Lesage, Anne-Marie Mingat
and Marthe Lerme, Germaine Ribière, Mother Maria, Archbishop of
Toulouse, Monseigneur Jules-Géraud Saliège, Bishop of Montauban, Monseigneur
Pierre Marie Théas, Edouard Vigneron, Marc Boegner.
Ukraine (Total: 2,246) Maria Podolian and her mother, Nikolay Leschinger, Yekaterina Panchenko Movchan, Raisa Makarevich and her mother, Feokla Levitkaya.
Belgium (Total: 1,512) Joseph André (1908-1973), Catholic priest
of Namur, Queen Elisabeth
of the Belgians, Andree Geulen-Herscovici,
Jean-Baptiste Janssens
(1889-1964), Superior
General of the Jesuits, Alphonse Lambrette
(1884-1970), Jean & Editj Maertens
de Noordhout, Jeanne de Mulienaere, Yvonne Nevéjean, Henri Reynders,
Marie Taquet-Martens and her husband, Major Emile Taquet, Father Henri Van Oostayen
(1906 -1945).
Lithuania (Total: 761)
Jonas Paulavicius, Ona Simaite
Hungary (Total: 725) József
Antall (the father of the prime minister of 1990), Vilmos Apor, Zoltan Bay, Kálmán Ferenczfalvi, Béni Ferenczy and his wife, Lajos Gidófalvy, Béla Király, Katalin Karády (actress), Áron Márton (Roman Catholic
bishop Transylvania), Michnai László,
Maria Olt, Géza Ottlik (novellist) and his wife, Sister Sara Salkahazi, Margit Slachta(the first female Member of Parliament in Hungary,
the founder of The Society of the Sisters of Social Service - Societas Sororum Socialium), Gábor Sztehlo.
Belarus (Total: 587) 01.01.2007 — 576
Righteous , 01.01.2008 — 587 Righteous.
Slovakia (Total: 465) bl. Pavol Peter Gojdič,
Dr. Michal Majercik and his
wife Anna, Marta Haasová.
Germany (Total: 455) Oskar and Emilie Schindler, Karl Plagge, Hermann
Friedrich Graebe, Wilm Hosenfeld Bernhard
Lichtenberg, Hermann Maas, Armin T. Wegner, Baron Friedrich Carl von Oppenheim, Hans von Dohnanyi,
Karl Gröger, Hugo
Armann, Eberhard Helmrich, Joseph Höffner &
sister Helena, Elisabeth Abegg, Adolf
and Maria Althoff, Dr. Albert Battel,
Major Max Liedtke, Berthold
Beitz, Dr. H.G. Calmeyer, Loni and Albert Harder, Dr. Gertrud Luckner,
Dr. Otto and Gertrud Mörike, Alfred Rossner, Captain Gustav Schroeder,
Dr. Helmut and Annemarie Sell, Otto Weidt,
Maria von Maltzan, Father Alfred Delp,SJ, Heinz Drossel.
Italy (Total: 417) Father Arrigo Beccari, Father Aldo Brunacci, Sister Ester Busnelli,
Sister Cornelia Cordini, Father Antonio Dressino, Father Leone Maria Ehrhard,
Cardinal Vincenzo Fagiolo, Odoardo Focherini, Mother Elisabetta Hesselblad
(2004) ,Prof. Arturo
Carlo Jemolo Pietro
Lestini and his daughter, Giuliana
Lestini, Francesco Moraldo,
Dr. Giusseppe Moreali,
Father Rufino Niccacci, Monsignore Giuseppe Nicolini, Giovanni Palatucci, Cardinal Pietro Palazzini, Giorgio Perlasca,
Lorenzo Perrone, Monsignore
Angelo Rotta,
Apostolic Nuncio to Hungary (1997), Father Emanuele Stablum Gaetano Tantalo, Carlo Travaglini.
Greece (Total: 271) Princess
Alice of Greece, Archbishop Damaskinos, Dr. Nikolaou Kostas,
Bishop Chrysostomos of Zakynthos, Angelos Evert, head of Athenian police, Loukas Carrer mayor of Zakynthos,
Archbishop Ioakim of Volos, Yerassimos
Paloumbis Kephalonia, Princess
Helen of Greece and Denmark.
Serbia (Total: 124)
Russia (Total: 124) Tatiana Zelenskaya, Nikolay Kiselev.
Croatia (Total: 106) See Croatian
Righteous Among the Nations.
Latvia (Total: 103) Janis Lipke.
Austria (Total: 85) Dorothea Neff , Gottfried von Einem.
Romania (Total: 53) Viorica Agarici,Traian Popovici
, Raoul Şorban, Prince Constantin Karadja [1], Romanian diplomat.
Norway (Total: 41) For a complete list, see Norwegian
Righteous Among the Nations, Ingebjorg
Sletten, Nic Waal, Nina Hasvold, Gerda Tanberg, Martin Solvang, Ola Rauken, Ola
Breisjøberget, Sigrid Helliesen
Lund, Per Faye-Hansen.
Switzerland (Total: 38) Paul Grueninger, Carl Lutz, Friedrich Born, Ernst Prodolliet,
Elizabeth Eidenbenz.
Denmark (Total: 22) The Danish
Underground requested that all its members who participated in the rescue of the
Danish Jews should not be listed individually, but commemorated as
one group, according to the Righteous among the Nations website.
Bulgaria
(Total: 17) Dimitar Peshev, Dimo Kazasov, Metropolitan Stefan Metropolitan Kiril.
United Kingdom (Total: 14) Charles Coward, Frank Foley, Jane Haining (the
only Scot on the
list), Albert Bedane,
June
Ravenhall.
Armenia (Total: 10) Jeretzian,
Ara (1981), Kisheshyan, Arut & Zagoruiko Natalia; daughter Almaza (2003) Mkrtchyan, Vartan; mother Arakel (1999), Shakhbazyan, Knarik (1999), Tadschjian, Aram & Felicia (1992), Tashchyan,
Grigori and Pran; children:
Asmik and Tigran (2002).
Sweden (Total: 9) Raoul Wallenberg - Secretary of the Swedish
Legation in Budapest 1944-45 (Recognised in 1963),Valdemar & Nina Langlet
- Swedish Red Cross delegates in Budapest, 1944-45 (Recognised
in 1965), Per Anger - Secretary of the Swedish
Legation in Budapest 1944-45 (Recognised in 1980),
Lars Berg - Swedish Consul in Budapest 1944-45 (Recognised
in 1982), Carl Ivan Danielsson - Swedish Ambassador
in Budapest 1944-45 (Recognised in 1982), Erik Myrgren - Priest at the Swedish Church in Berlin in 1944-45
(Recognised in 1986), Elow Kihlgren - Swedish Honorary Consul in Genoa in 1944 (Recognised in 2001), Erik Perwe -
Vicar of the Swedish Church in Berlin 1942-44 (Recognised
in 2006).
Slovenia (Total: 6) Ivan Breskar,
Zora Piculin, Andrej Tumpelj, Uroš Žun, Ivan and Ljubica Župančič.
Turkey Selahattin Ulkumen, Turkish
consul-general (Rhodes), Necdet Kent, Turkish consul-general Marseilles
France, Namik Kemal Yolga,
Turkish vice-consul, Turkish Embassy, Paris Known as Turkish Schindler.
Spain (Total: 2) Angel Sanz Briz, Eduardo Propper de Callejon.
Estonia (Total: 3) Uku Masing.
USA (Total: 3) Varian Fry, Emergency
Rescue Committee representative in France, Martha Sharp, Waitstill Sharp.
China (Total: 2) Pan Jun Shun, Ho Feng
Shan.
Brazil (Total: 2) Luiz Martins
de Souza Dantas, Aracy de Carvalho
Guimarães Rosa.
Chile Maria Edwards
McClure.
Ireland Hugh O'Flaherty.
Iran Abdol Hossein Sardari.
Japan Chiune Sugihara, Japanese Consul (Kovno,
Lithuania), saved at least 10 000.
Luxembourg Victor Bodson
Minister of Justice.
Portugal Aristides Sousa
Mendes
Portuguese cónsul
- general - (Bordeaux)
issued thousands of visas in order to allow 30,000
people, including 12,000 Jews to escape the Nazis.
The total of the Righteous Among the Nations
recognized by Yad Vashem, Jerusalem, as of January
1, 2008 is 22,211.
*
Me parece, este
momento, adecuado para relatar un suceso
curioso, sólo conocido por los miembros de mi familia y de algunos amigos
íntimos. El hecho fue el siguiente: Un día mi padre, médico de profesión, ex
profesor de la Facultad
de Medicina, investigador privado y de los Laboratorios Enzipharm
de Holanda, fundador y ex director del 1er Centro de Alergia del país (las
aclaraciones las hago con el objeto de dejar bien sentado que el mismo no era
una persona a quién se le pudiera poner en tela de juicio su sano entendimiento
de las cosas), me invitó, como hijo mayor, a su consultorio para contarme algo
que había acontecido. Me explicó que la mañana del día anterior, había llegado
un paciente, muy introvertido, con problemas de salud; y que cuando terminó de explicarle
el tratamiento a ser seguido, y a aclararle que las vacunas que se las iba a
aplicar, eran elaboradas por él mismo y formuladas en base a sus trabajos de
investigación; el paciente prorrumpió moderadamente con una serie de preguntas
muy técnicas, propias de un profesional de la salud. Al día siguiente, el
susodicho paciente le preguntó a mi padre en que otras investigaciones estaba
trabajando; y mi padre le comentó que estaba experimentando con el lisado de órganos y placenta que preparaba en su laboratorio,
y que además estaba utilizando la organoterapia en tratamientos específicos; mi
padre, cuando ya tuvo una idea formada, de propósito llevó la conversación a
una profundidad tal que solamente podía ser entendida, por entonces, por un
médico que trabajó en investigaciones, al igual que él. Durante la tercera
visita del paciente a su consultorio, estando éste algo más distendido, mi
padre prosiguió con su análisis acerca de la intelectualidad del individuo; y
en la cuarta visita, cuando ya había unido los datos recopilados, con las
conversaciones efectuadas, y había dejado de tener dudas, le encaró a su
paciente diciéndole: “¡Usted es el doctor Mengele!
¡Ninguna otra persona, que yo conozca, puede tener semejantes conocimientos en
las áreas investigativas sobre las que hemos conversado profundamente!”. El
paciente, alemán, oriundo supuestamente de las colonias alemanas del sur del
país, enrojeció, y con las dificultades propias del enervamiento producido por
la afirmación, se retiró del consultorio, sin decir palabra alguna; y jamás
volvió a aparecer. En ese entonces, los rumores sobre la presencia de Mengele en el país era tratado a “sotto
voce”, porque se sospechaba que el gobierno lo
protegía. La denuncia acerca de la presencia de Josef
Mengele fue hecha en la policía, pero nunca se tuvo
respuesta. Yo personalmente (juro que lo hice) escribí una carta (en ese tiempo
aparte del teléfono no existía otro medio de comunicación), comentando el hecho
a una de las oficinas de Simón Wiesenthal, si la
memoria no me esconde, de Suiza; desconozco si la carta salió del país o no,
porque en esa época toda correspondencia “sospechosa” era revisada; además el
apellido de mi padre estaba fichado en la policía política del país.
*
De ex profeso
y por considerar que datos de este tipo deben ser de dominio público y
difundidos, se transcriben párrafos de lo que en este tiempo actual se puede
leer, en cualquier sitio web, sobre este criminal de
guerra.
*
Josef
Rudolf Mengele (Günzburg,
Baviera; 16 de marzo de 1911
– Bertioga,
Brasil; 7 de febrero de 1979)
fue un médico y criminal de guerra
nazi, especialmente conocido por sus
experimentos con seres humanos en el campo de concentración
y exterminio de Auschwitz,
que ocasionaban la muerte de éstos en la mayoría de los casos.
Dicho interés radicaba en las profundas
influencias inculcadas por Otmar von
Verschuer y Ferdinand Sauerbruch del Instituto Kaiser Wilhelm de Genética y Eugenesia, donde se embebió de los conceptos de
herencia y raza pura y el problema judío era el núcleo de las discusiones.
“…Mengele fue
advertido de esta situación y se escapó de Buenos Aires. Una de las personas
que advirtieron a Mengele era Hans-Ulrich Rudel,
el célebre piloto de Stuka que era cliente de la
compañía de Mengele. A Rudel,
sus buenas relaciones con el gobierno del Paraguay le habían permitido tener
amistad con el dictador Alfredo Stroessner, presidente de esa nación, y así se
permitió aceptar a Mengele en ese país”.
“Tras esconderse algún tiempo en Günzburg y luego en Baviera, Mengele
partió hacia América del Sur,
concretamente hacia Hohenau (Paraguay),
en 1949, donde muchos otros oficiales nazis huidos
y ayudados por la organización ilegal ODESSA habían llegado y encontrado refugio”.
“En 1959
Mengele vivió en Paraguay en forma muy modesta como
inquilino de una familia alemana, los costes de manutención eran pagados por la
empresa Mengele en Alemania hasta 1960;
sin embargo, debido a ciertos conflictos de faldas, de carácter y,
principalmente, a la persecución de Klaus Barbie, los miedos
alimentaron la paranoia persecutoria de Mengele (no
sin razón, pues le buscaban) y se trasladó al Brasil para vivir bajo el alero de otra familia de origen
alemán, también subvencionada por la compañía Mengele,
bajo el nombre de Pedro Gerhard. Luego se independizó
y se trasladó a una favela, donde vivió en
una modestísima cabaña”.
“Cuando alguna persona muy cercana le
interrogaba sobre su infausto pasado, solía decir que él se limitaba a
seleccionar sólo a personas aptas para el trabajo y que no mató a nadie”.
“A
pesar de los esfuerzos internacionales en rastrearle, jamás fue detenido y
vivió impunemente durante 35 años bajo diversas identidades falsas. La captura
y secuestro ilegal de Adolf Eichmann, juzgado en Israel, alimentó los miedos de Mengele
y sus continuos movimientos y el Mossad
le persiguió durante algún tiempo, pero los esfuerzos de Israel se dirigieron
hacia la normalización de las relaciones con Paraguay y a la lucha contra
enemigos más cercanos”.
“En 1979,
su estado de salud estaba en franco deterioro y la familia alemana que le
asistía lo invitó a refrescarse en una playa de pendiente muy suave, Bertioga, y Mengele accedió.
Cuando algunos miembros se introdujeron en la playa, Mengele
los siguió hasta alcanzar una distancia adentro del mar de unos 100 metros y de escasa
profundidad y, entonces, por motivos confusos y extraños, se ahogó, a pesar de
que uno de los amigos llegó pronto a darle auxilio. En cuanto a las causas de
la muerte, se especuló que pudieron ser desde calambres, ataque cardíaco,
mareos, etc. hasta muerte provocada. La versión oficial es que "se golpeó
con un madero mientras nadaba en una playa llamada Bertioga
y se ahogó". Lo que causa extrañeza es que Mengele
no sabía nadar”.
“Fue enterrado en un cementerio en Embu con un nombre falso, Wolfgang
Gerdhard, con la asistencia de su hijo Rolph. Ningún miembro más directo de su familia asistió”.
“En 1985, seis años después, sus restos fueron
exhumados e identificados en medio de una mediática presión de Israel, EE.UU., Wiesenthal y otros grupos
antinazis. La identificación de los restos, si bien
no fue concluyente en un ciento por ciento, resultó satisfactoria para quienes
lo buscaban. Un defecto dental que poseía Mengele en
sus dientes superiores frontales fue comprobado, además de coincidir en edad y
estatura”.
Es. Wikipedia.org/Josef Mengele.
9
La
siguiente excursión fue al Mar Muerto; viaje muy esperado por todos. Por fin
conoceríamos el accidente geográfico más mentado de la corteza terrestre,
ubicado dentro de la gran depresión tectónica que va desde Turquía
hasta los grandes lagos del África central (desde la Beqa’a libanesa, el valle del Jordán, la Arabá,
el Mar Muerto, Abisinia y lagos del Afríca); situada
en la región árida y montañosa de Judea. Describir en palabras la región de
Judea es harto difícil, pero se podría ejemplificar de la siguiente manera: es
como un pliego de papel madera extendido a medias, después de haber sido
arrugado con las manos; como aquellos que hacíamos en nuestra niñez para
simular colinas, cerros y valles en los pesebres. El más eufórico de todos
nosotros era don Victorino, que en tal tiempo se denominaba a sí mismo: “El
uruguayo de los siete mares”; éste “viejito” gran compañero, estaba tan a
gusto, con un estado de ánimo tan complacido, que al minuto de haber descendido
del bus ya se encontraba en la orilla, en pantaloncillos, admirando el mar. El
color verde-azulado, la transparencia y la quietud del agua hicieron que el
viejito de los siete mares, quisiera sumar uno más al calificativo que lo
distinguía, sin antes haber prestado atención a las precauciones que estaban
siendo dadas por Marcos.
-¡Hey, colombiano…, ven rápido, que así seremos los primeros
en entrar!-Victorino, dio un grito a su compañero de cuarto.
-¡Espérame un tantico, que te alcanzo!
Como dos
chicuelos, ambos emprendieron un trotecito muy pintoresco y se metieron al agua.
Olivares, no había sumergido tan siquiera las rodillas, cuando pegó un grito
que alarmó a los que estaban a su alrededor, y más aún a Marcos, nuestro
coordinador, que a esa altura era uno más del grupo.
-¡Que pasa
contigo!-chilló Marcos.
-¡La con…de su
madre, cómo duele esto!
-¡Sal de
inmediato del agua, y ven aquí Olivares!-le ordenó riéndose, Marcos.
-¡Hijoeputa!… ¡Profesor, algo me mordió en el agua!
-¡Qué te pudo
haber mordido, si en ésta agua no existe ningún ser vivo!-contestó Marcos.
Olivares, se
sentó en el suelo mientras Maldonado le traía en un recipiente agua dulce de la
ducha más cercana; Marcos, tomó la jarra y derramó el contenido sobre el pié
dolorido.
-¡Ahh! -exclamaba Olivares, a medida que el agua pura se
escurría entre los dedos de su pié izquierdo- ¡Qué alivio, profesor!
-¡Y qué
cochino eres compadre! ¡Esos pies tuyos avergüenzan a la patria! –chicaneó su
compatriota.
Todo el
suceso, se debió a que Olivares de tanto llevar puestas las zapatillas de
tenis, tenía los pliegues interdigitales profundamente agrietados a causa de
los hongos; y a que al entrar las mismas en contacto con el agua súper salada,
le produjeron un dolor similar al que se siente cuando se echa algunas gotas de
alcohol sobre una herida abierta. Ni los gritos, ni el apiñamiento de personas
junto a Olivares, hicieron que don Victorino saliera del agua.
-¡Chicos,
miren como leo el periódico! –gritó para llamar la atención don Victorino; que
estaba dando “cumplimiento” a la tradicional costumbre de los turistas, de sostener
un diario con ambas manos mientras flota de espaldas en las espesas aguas.
El ritual fue
acompañado con aplausos, por parte de los compañeros y de las personas que
estaban en el lugar; hasta que el viejito, ahora, de los ocho mares, no
pudiendo mantener la posición, giró sobre sí y quedó con el rostro sumergido en
el agua; con desesperación y chapoteando a más no poder, salió pidiendo auxilio
y restregándose con furia los ojos.
-¡La reputa
que lo parió…, los ojos me arden como si me hubiera tocado un “aguaviva” de mar!
-¡Don
Victorino, esa boca suya! ¡A su edad es inconcebible decir esas cosas! –Laura,
sorprendió al viejito.
-¡Escuchaste
mal hijita…; reflauta no es una palabrota! ¡Dios sabe
que yo no digo palabras indecentes!
-¡Vamos, don
Victorino…, vos sabés que vivo enfrente!
Como era de
esperar, todos hicimos un recuento de pié de atleta, de heridas, desde las más
pequeñas hasta las imaginarias, y decidimos no entrar al glorioso Mar Muerto;
eso sí, el barro maloliente, de olor pútrido, no pudo salvarse de nosotros.
Todos, absolutamente todos, incluido Marcos, nos “enchocolatamos”
de barro medicinal; en ese momento olvidamos por completo el olor de los pies
de Olivares. Indudablemente la felicidad está compuesta de momentos
celebérrimos como los que estábamos pasando.
*
El mar Muerto,
compartido por Israel y Jordania, tiene una superficie aproximada de 630 kilómetros
cuadrados, 67
kilómetros de largo, un ancho máximo de 18, una
profundidad máxima superior a los 300 metros y una altitud negativa (bajo el
nivel del mar) de 400
metros; su salinidad es de aproximadamente 360 gramos por litro
(diez veces superior al de los Océanos). Su barro tiene propiedades curativas
debido a la gran cantidad de sales minerales que contiene. El barro de uso
terapéutico está indicado para el tratamiento de enfermedades reumáticas,
alérgicas, respiratorias, etc.; y el de uso cosmético para el rejuvenecimiento
de la piel, para combatir la celulitis, la seborrea, las arrugas faciales y
corporales. Se cuenta que los egipcios utilizaban el barro en el proceso de
momificación de sus muertos, que Cleopatra (Reina de
Egipto y amante de Julio César y de
Marco Antonio el Triunviro) lo usaba para conservar eximia su belleza, y
que los romanos fueron los constructores de los primeros balnearios en la
región.
*
Del
Mar Muerto, seguimos viaje hacia la fortaleza de Masada (Patrimonio de la
Humanidad conferido por la Unesco), situada en el desierto
montañoso de Judea, muy próximo al Mar Muerto; 20 kilómetros
más al sur de la pequeñísima ciudad de Ein Gedí. Masada junto a Herodión
(ambas construidas en la orilla occidental del Mar Muerto), y Maqueronte (construida en la orilla oriental del Mar
Muerto) fueron las más importantes fortificaciones de amparo y defensa de los
judíos contra el ejército romano. Masada es para los judíos un símbolo, algo
semejante al Altar de los Héroes de otras naciones. La historia que nos
transmitió Marcos, en la misma meseta donde ocurrieron los hechos (otrora gran
palacio de Herodes) fue poco más o menos, la siguiente: “Después de la primera
rebelión, o guerra, de los judíos contra los romanos, sobrevinieron los
acontecimientos en Masada. La revuelta se inició en el año 66, cuando los
griegos tras ganar una disputa legal a los judíos, acometieron contra éstos con
actos de inusitada violencia (asesinatos masivos, destrucción de templos, apropiación
de sus bienes, etc.), eventos de los que guarnición romana se mantuvo al
margen; y terminó, casi definitivamente, luego del asedio y destrucción de la
ciudad de Jerusalén, por parte del general Tito Flavio Vespasiano, futuro
emperador de Roma (la caída de Jerusalén, según el historiador judío Flavio Josefo, en manos romanas costó la vida a 40.000 judíos, que
fueron muertos siendo prisioneros). La fortaleza de Masada, antes de la
destrucción de Jerusalén, estaba ocupada por los zelotes
y los sicarios que habían huido de las matanzas entre judíos desatadas por las
luchas internas entre los partidarios de Juan de Gischala
(gobernante déspota de Jerusalén - zelote radical),
Simón bar-Giora (líder zelote radical que con el pillaje hizo fortuna en la Galilea inferior) y
Eleazar ben-Simón (políticamente contrario a ambos - zelote moderado). Los zelotes
(celosos de Dios-nacionalistas radicales religiosos) y los sicarios (grupo
sectario extremista que utilizaba el asesinato como medio), contrarios de los zelotes, que se fortificaron en Masada, Herodión
y Maqueronte, fueron los que prosiguieron la guerra
de hostigamiento a las tropas romanas después de la caída de Jerusalén, y
llevaron todo el peso de la defensa de Masada, última fortaleza en ser
derrocada. Después que el gobernador romano de Judea, Lucio Flavio Silva, luego
de medio año de asedio y habiendo terminado de construir la rampa (agger romano) que facilitaría el asalto a Masada, decidió
tomar la fortaleza con sus miles de soldados; y que los
defensores sicarios concluyeron de que el asalto final llegaría en pocas horas
más, el líder judío, Eleazar ben Ya'ir, reunió a
sus hombres en el palacio, donde les propuso darse muerte entre ellos para
evitar la desgracia y el deshonor de ser aprisionados y luego asesinados. Los
hombres mataron a sus familias, y luego diez compañeros elegidos al azar
quitaron la vida al resto; de entre los diez fue elegido uno, que fue el que
puso fin a la vida de los otros nueve, y que antes de darse muerte quemó la
fortaleza, sin dañar los depósitos de alimentos, abarrotados de víveres (aceite, dátiles trigo,
vino,
etc.) para demostrar a los romanos que sus muertes
fueron por propia decisión. Por estos actos heroicos esta fortaleza tiene
un significado trascendente para el nacionalismo judío. La lucha en Masada fue la última
resistencia como nación judía antes de la Diáspora”.
Al
parecer la única versión existente de la época, es la que escribió el
historiador judío Flavio Josefo (ex comandante de las
fuerzas judías de defensa de la ciudad de Jotapata
cuando el ejército romano invadió Galilea en el 67 d. C.,
y luego colaborador de los romanos), quién habría tomado el relato de las dos
mujeres sobrevivientes de Masada.
No
obstante tamaños hechos, la significación y el simbolismo, que para la gran
mayoría de los judíos son aceptados como tales; existen otros (judíos) que
discrepan con aquellos, aludiendo que fue un error conceptual, porque el
suicidio y la muerte consentida no va de la mano con los principios religiosos;
y una falta de astucia política, puesto que si hubieran negociado una paz,
muchos judíos, de todas partes, no hubiesen muerto inútilmente. Un sostenedor
significativo de épocas pasadas, de este último enfoque, es el historiador
judío Flavio Josefo; y un sostenedor de la época
presente es el arqueólogo israelí Ehud Netze, quien
según Tom Mueller, en su
artículo publicado el 01/XII/008 en el Nacional Geographic
dice: <<Sin embargo, explica Netzer, cada día
hay más judíos que consideran el valor suicida de los defensores de Masada como
un acto de insensato fanatismo. “Muchos opinan que debieron negociar con los
romanos, en vez combatir ciegamente hasta la muerte”>>.
Lo
cierto y lo concreto es que hasta hoy día perduran los ecos de los sucesos y
actos ocurridos en la
Fortaleza de Masada.
Las
opiniones nuestras, a mi juicio carentes de validez empírica por falta de hechos
de esa naturaleza en nuestros países (por lo menos nadie hizo referencia a algo
igual), pero llenas de validez espiritual, al igual que el sentir de los
judíos, fueron respetuosas pero divergentes.
*
Existen
tantos relatos similares que hablan sobre el tema, que resulta difícil elegir
uno de entre ellos para presentarlo a los que no tuvieron la suerte de estar en
Masada; por ese motivo, por su gran difusión preferí tomar partes de lo escrito por Frederick Owen, en el Suplemento arqueológico de la Biblia Thompson
de referencia, para transcribirlo a continuación.
“Masada es una de las fortificaciones naturales más
sorprendentes del mundo. Es una magnífica meseta de 9,3 hectáreas,
ubicada a 16 kms al sur de En-gadi
y a 4 kms de de la costa occidental del Mar Muerto.
Su forma es similar a la de un gran barco de 610 metros de largo por
309 de ancho en el medio, se estrecha gradualmente hasta formar dos angostos
promontorios en los extremos septentrional y meridional. Sus costados están
formados casi sin excepción de acantilados rocosos a una elevación de 305 metros sobre el
estéril desierto de Judea y de 396 metros sobre las aguas del Mar Muerto.
Como era casi inaccesible y estaba bien retirada de
las habituales rutas de viaje, fue fortificada originalmente por “Jonatán el sumo sacerdote”, como refugio real durante el
siglo segundo a.C., cuando se llamó Masada.
En el año 40
a.C. Herodes huyó de Jerusalén y se refugió en Masada
con su familia, para escapar de Matatías Antígono,
que había sido coronado como rey por los partos…Así que después de su regreso
de Roma, Herodes escogió Masada como su lugar de retiro y de refugio en caso de
un posible ataque por parte de Cleopatra de Egipto, o
en caso de que el pueblo judío intentara destronarlo y restaurar la dinastía
anterior al poder.
Entre los años 36 y 30 a.C., Herodes rodeó la cima
de la meseta con un gran muro de casamata blanco de 1.399 metros de largo,
6 metros
de alto y 4 metros
de ancho, con 3 puertas y 30 torres de defensa. El muro y las torres fueron
revestidos con yeso blanco. Como su morada real erigió el Palacio Occidental,
que era un enorme y maravilloso edificio con una sala para el trono, con
habitaciones de recepción y de vivienda con lujosos baños, con pisos de
mosaicos de colores y con suntuosos cuartos. Alrededor del palacio y en otros
lugares de la meseta había pórticos de columnatas, claustros, corredores,
cisternas, arboledas, jardines, y almacenes con suficientes armas y provisiones
como para abastecer a diez mil hombres durante muchos años…”
“…el 15 de abril del año 73 d.C., cuando los romanos
finalmente entraron en la fortaleza que habían sitiado durante tanto tiempo,
sólo encontraron vivos a dos mujeres y cinco niños que se habían ocultado, y a
una multitud de 960 cadáveres. Un horrible silencio reemplazaba el clamor que
habían esperado.
Cuando la Décima
Legión levantó campamento y marchó de regreso a Jerusalén,
una reducida guardia permaneció en la fortaleza durante varios años, después de
lo cual la desolada Masada quedó cada vez más en las ruinas durante los
siguientes 19 siglos”.
*