Colección de Cuentos
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KWASHIORKOR

KWASHIORKOR

EDUARDO SAMMAT

1ra. Edición: 1969

Talleres Gráficos La Colmena S.A. Asunción-Paraguay

2da. Edición: 2003

Bianchi editores. Montevideo Uruguay

Ediçoes Pilar. Brasilia-DF-Brasil.

 

            -¡Por Dios, mi niño se está poniendo rojo! –la madre grita, llora, solloza, impreca, ruego, porque sabe que el hijo se le morirá irremediablemente.

            ¡Kwashiorkor! Nombre en idioma bantú de una enfermedad propia de los pueblos cuyas fronteras enmarca los dominios de la lacería y el hambre.

            Kwashiorkor significa niño rojo; enfermedad maldita, que en la impotencia del pobre adquiere el carácter sombrío de antesala de la muerte, puesto que arrebata el 50 % de los niños en los hogares indigentes.

            Cada año son millones de niños que mueren de muerte roja en el mundo de los marginados sociales; y otros millones los miran morir con absoluta indiferencia. ¿Es así como entienden éstos la caridad y el amor que predicó Jesús?

            ¡Qué les importa que mueran a su derredor los niños de la enfermedad roja, ni de ninguna otra! ¡Qué les importa que mueran! Tienen el alma y el cuerpo traspasado de codicia en vez de amor cristiano, en vez de generosidad, en vez de altruismo!

            -¡Por Dios, mi niño se está poniendo rojo! –grita la madre loca de desesperación; y corre a pedir limosna, de puerta en puerta; corre a mendigar un vaso de leche para salvar a su hijo de la muerte. ¡Pero se lo niegan, y retorna con las manos vacías; lívida ella como la misma muerte, porque sabe que sin leche su hijo morirá irremediablemente…! Es que tienen piedra en lugar de corazón, y no quieren escuchar el clamor de los pobres.

            -¡Por Dios, mi niño se está poniendo rojo! –exclama la madre en su desesperación silente; y ya no sale como una loca a mendigar el vaso de leche con que salvar a su hijo de la muerte, porque sabe que su clamor no conmueve a sus semejantes.

            ¡No le queda a la madre desesperada sino tragarse la amargura de su desesperación, y esperar callada, aunque muerta de dolor, la muerte lenta que le traerá a su niño el kwashiorkor.

            ¡El mundo no ve su drama; el mundo no quiere ver su honda tragedia!

            Hay madres que, en su incontrolado desvarío, estrujan con fuerza y con rabia sus senos, en el vano intento de extraerles algunas gotas de leche. Pero de sus senos no gotean leche, sino sangre líquida que brota de las heridas, porque están magros, y sus glándulas son como fofas almohadillas de cenizas frías. Sus senos, arrugados como carozo de durazno, no producen leche a causa de que el hambre de toda la vida la ha puesto clorótica, y ya no tiene savia, ni humores.

            Porque ha vivido toda su vida en estado carencial, sus senos ahora están vacíos de leche; y por eso su niño se le ha puesto rojo y morirá de Kwashiorkor.

            Y cuán fácil, no obstante, sería el tratamiento de esos niños; y cuán fácil sería arrancárselos a la muerte. Nos lo ha enseñado el doctor Cecily Williams ya en 1935: distribuir leche a quienes lo necesitan, porque se trata de una enfermedad por déficit de proteínas en general, y de leche en particular. Les basta sólo una semana para vivir y recuperar el aspecto de niños saludables.

            ¡Pero, no; los indiferentes prefieren que los niños se carguen de hinchazones deletéreas, que sus cabellos y su piel se tornen secos y rojizos, que adelgacen, que animicen y que mueran!

            ¡El mundo está sordo! ¡Nadie oye el clamor de los niños y las madres pobres!

            -¡No, no quedará impune este crimen! ¡Esta sociedad cambiará, seguro que cambiará; y entonces ya no morirán los niños por carecer del vaso de leche cotidiano!

 

                                                           ***************

 

 

             
 
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