ESTRELLITA BLANCANIEVES
Y LA GRUTA ENCANTADA
EDUARDO SAMMAT
CUENTO PARA
NIÑOS
PRIMERA
EDICIÓN 1953
PRIMER LIBRO
DE CUENTOS (DIDÁCTICO) DEL PARAGUAY
Editorial “El Arte” – Asunción- Paraguay
Derechos
reservados
PRÓLOGO
Este cuento infantil fue escrito para los niños de todo
el mundo; y en particular, para los niños de mi patria. Es por esta razón que
le damos a luz en una fecha tan trascendental como es la del 416 aniversario de
la fundación de Asunción – la ciudad madre de los tiempos coloniales.
He dicho que es un cuento para todos los niños del
mundo porque ansia adquirir suficientes méritos como para erigirse en heredero
legítimo de “Blancanieves y los siete enanitos”, el
mundialmente famoso cuento de los hermanos Grimm.
No pretendo, en modo alguno, que mi “Estrellita Blancanieves y la
Gruta encantada” sea una pieza literaria, ni mucho menos;
pero sí creo que contiene, además de un argumento adaptado a la fantasía infantil,
lecciones de índole moral, capaces de contribuir a modelar la educación de los
niños.
Me he propuesto hacer un cuento que divierta a los
lectorcitos con su lectura, que los eduque y oriente en las normas de los
buenos hábitos; y que, al mismo tiempo, les sirva para los ejercicios de
“lectura libre” en las escuelas primarias. Con esta exclusiva finalidad fueron
incluidos términos difíciles, para obligar a los escolares a recurrir al
diccionario, y cooperar de este modo a la enseñanza del idioma.
Si la suerte me depara ver cumplidos mis propósitos,
habría logrado uno de mis ideales más anhelados. En efecto, qué satisfacción
más grande y completa que la de haber podido contribuir a la formación
espiritual e intelectual de los niños (que son la patria del porvenir) a la vez
que la de haber podido proporcionarles un juguete para entretenimiento.
¡Nunca se valorará tanto el sacrificio de nuestros
maestros de escuela hasta tanto no se viva su propia vida, y no se haga carne
en la conciencia de todo ciudadano esta gran verdad: ¡LA GRANDEZA DE UN PUEBLO
RESIDE EN SU CULTURA!
Sea, pues, este cuento mi más ferviente homenaje al
niño y al maestro.
EL AUTOR
El reino de Blancanieves
Todos los niños
del mundo, aún los más pequeñitos, sabéis de que Blancanieves
casóse con un apuesto príncipe. No os han relatado
nada más de la fascinante vida de Blancanieves; y yo
no sé porqué, pues, bien sabido es que este simpático personaje legendario
llegó a ser reina y madre. Fue la mamacita más amorosa y la reinita más hermosa
del universo; las más abnegada y generosa de cuantas reinas y madres han sido
en la tierra. Fue la reina más querida por todos los niños de antaño. Vosotros,
niños de hogaño, la querréis tanto y tan
cariñosamente como aquéllos cuando hayáis terminado de leer esta breve fábula.
El país donde
reinó Blancanieves era un vergel lujuriante de verdor
y vida. Por doquier esparcidos corrían mansos arroyuelos cristalinos de fresca
y riquísima agua que arrastraban arenas auríferas y piedras preciosas de toda
laya y colores. Nadaban en sus claras aguas pececillos irisados y de brillante
recamado; además, se arrastraban en su lecho o dormían en sus orillas
caracolillos de preciosas conchas.
En las márgenes y laderas crecían árboles
gigantescos para regalar sombra deliciosa; arbustos cargados de frutas
sabrosísimas, y un sinfín de galanos rosales salpicados de flores bellísimas.
El agua
límpida, la sombra fresca y densa, y las frutas maduras, en mágica combinación
con el aroma embriagador de millares de perfumadas flores, hacían un espléndido
conjunto que producía en el alma la sensación de un bálsamo divino. A todo esto
sumábanse los trinos, gorjeos y cantos de los
pajarillos desgranando a la hora del alba y de la aurora notas y arpegios de
una armonía impecable.
La vida en el
reino de Blancanieves sabía a mieles; era sencilla,
apacible, vigorosa, llena de encantos y dulcificada por el amor de sus
moradores, que llenaba todos los ámbitos; y por sobre todas las cosas, dulcificada
por el cariño infinito que prodigaba la magnífica reinita Blancanieves
a todos sus súbditos, sin distinciones de ninguna especie. Es por tal
circunstancia que Blancanieves fue la reina más
adorada: la amaban con vehemencia de enamorados todos, todos… los niños, las
mujeres, los hombres, los animalillos y las flores. Los pícaros pajarillos, las
desconfiadas palomas, las tímidas gacelas, los traviesos cervatillos, los
simpáticos conejillos, el sapo feo y la lerda tortuga vivían a su lado cual una
corte regia muy peculiar.
Todas las
mañanas al despuntar la alborada trinaban los zorzales, jilgueros y canarios
ofreciendo a su angelical reinita una sinfonía suave y placentera al abrir sus
tiernos ojos. Los conejillos, las gacelas y las palomitas estaban siempre
atentos para satisfacer la más fútil necesidad de Blancanieves.
Y Blancanieves retribuía tan exquisitas
atenciones con su despertar siempre
alegre, con su humor siempre sano, con su afecto infinito y con el matiz
incomparable de su voz. Hablara o cantara, su prodigiosa garganta embelezaba y
mecía a la vez, cual una canción de cuna. Hasta los fieros animales sentíanse domeñados por las virtudes de Su Majestad Blancanieves. Allá no daba el
tigre sus terribles dentelladas, ni el león sus fuertes zarpasos,
ni era tan sanguinaria la hiena, ni tan feroz la pantera…
Blancanieves fue una reina
de verdad porque amó a todos con sinceridad; y porque fue amada de todos con
verdadera pasión. Su reino, bien puede decirse fue el único rincón de la Tierra donde la dicha había
llegado a todos los hogares. Blancanieves era la
felicidad misma, y por eso esparcía el amor a manos llenas. Su alma bondadosa
estaba abierta para todos como la rosa de los vientos.
Un solo ser,
necio y mezquino por cualquier arista que se lo mirara, no se sentía feliz en
el reino de Blancanieves; era el alma torcida de su
madrastra, tratrocada en horrendo personaje, que iba
en pos de una venganza vil nacida al calor asfixiante y pútrido del egoísmo. No
podía soportar que Blancanieves fuese más bella; y
por eso ansiaba matarla. Guiada por este criminal propósito transformóse
en la bruja más fea y odiosa que ha creado el antro fantasmagórico; un engendro
que representaba el summum de la abyección,
en cuyo seno desbordaba la maldad y destilaba cieno.
No pudiendo la
desgraciada lograr su cruel deseo en vida, hizo su arte satánico hacer
sobrevivir su alma despreciable, para atormentar de alguna forma la
existencia amorosa y feliz de Blancanieves.
En los días
tempestuosos, en arreciando la tormenta, surgía de los fondos anfractuosos el
alma de la hechicera; la que, desafiando truenos y centellas cruzaba montes,
cerros y campaña para allegarse hasta el suntuoso palacio de Blancanieves, y merodearlo en toda su larga arquitectura
buscando algún agujero por donde introducir sus larguisimas
uñas, su afilada nariz y su envenenado pensamiento.
No obstante esa
obstinación y porfía , la bruja nunca pudo causar el menor daño a Blancanieves, por que estaba protegida siempre por cuantos
la rodeaban y en particular, por el joven monarca, su esposo y mas que nada ,
su protección reposaba firmemente en la inmaculada pureza de sus virtudes. En
efecto, habéis de saber, lectorcillos queridos, de que el Mal siempre ha sido domado por el Bien; y en esta leyenda el
alma de la Bruja
personifica el Mal, y Blancanieves encarna el Bien.
Así, pues, acontecía frecuentemente de que la bruja, abrumada por el tormento
de su propia, vileza flaqueaba en el instante preciso en que
hubiera podido satisfacer su vergüenza; y, anonadada, volvía a su oscura caverna, despavorida. Ya se
presentará una oportunidad mejor mascullaba la perversa; y, abatida, caía en el
sopor en que la envolvían los hedores y
pestilencia que manaban de sí misma.